Opinión

Las alianzas no se improvisan: se negocian desde la fortaleza

Por: José Darío Cepeda Medina | La posición de Danilo Medina respecto al tema de las alianzas, aun cuando algunos la consideren extemporánea, es perfectamente coherente con la esencia de todo partido político, y más aún cuando se trata del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Todo partido que se respete existe para ser opción de poder, no para renunciar de antemano a esa posibilidad.

El PLD, desde su fundación hace 52 años, no ha dejado de presentar un candidato propio a la Presidencia de la República, y el proceso electoral del 2028 no debería ser la excepción. Abandonar esa tradición sería aceptar, implícitamente, una condición de partido subordinado, algo que no se corresponde ni con su historia ni con su vocación política.

Pero esta discusión no puede verse de manera aislada. El PLD se encuentra inmerso en un proceso de reconstrucción política y organizativa, que implica revisar sus estructuras internas, actualizar su base social, renovar liderazgos y abrirse de manera real a nuevos miembros y nuevas generaciones. Pretender que un partido en pleno proceso de recomposición renuncie de entrada a su identidad electoral sería, en los hechos, abortar su propia recuperación.

Las alianzas, por su propia naturaleza, se construyen sobre el principio de ganar/ganar. No se negocian desde la debilidad ni desde la renuncia previa, sino desde la fortaleza y la identidad política. El escenario del ajedrez político nacional apunta claramente hacia una segunda vuelta, donde ninguna organización política parece tener capacidad real de alcanzar por sí sola el 50+1 de los votos, y todo indica que ese panorama difícilmente variará de manera sustancial de aquí al 2028.

En ese contexto, Danilo Medina no está actuando movido por el resentimiento ni por la improvisación, sino con una lectura estratégica de la realidad política: primero reconstruir, luego crecer; primero consolidar fuerza propia, luego negociar alianzas desde una posición de dignidad, peso político y respeto mutuo.

Mientras tanto, el PLD ha venido desempeñando una labor opositora activa, señalando errores del gobierno, denunciando deficiencias en la gestión pública y colocando en el debate nacional temas sensibles como el alto costo de la vida, el endeudamiento, la inseguridad y la crisis de los servicios básicos. Esa oposición no es solo discursiva, sino parte del proceso de reposicionamiento del partido ante la sociedad.

La oposición, en su conjunto, está llamada a seguir trabajando en esa misma dirección: ejercer una oposición firme, crítica y a la vez constructiva frente a los problemas que afectan a la población, fortaleciendo su vínculo con la ciudadanía y preparándose, con seriedad, para disputar el poder en el próximo ciclo electoral.

Más que una postura personal, lo que expresa Danilo Medina es una lógica elemental de la política: los partidos que aspiran a gobernar no comienzan negociando su desaparición, sino afirmando primero su capacidad de reconstruirse, crecer y volver a ser opción real de poder.

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