Me acerco a las cinco décadas ejerciendo la locución y la comunicación en sentido general, pues gran parte de ese tiempo lo he dedicado a la redacción periodística, a las relaciones públicas y a la publicidad y nunca como ahora he sentido tanta preocupación por la forma “moderna de comunicación” en nuestro país.
Ahora la comunicación, utilizando la radio y la televisión, ha cambiado su misión de formación en valores por la vulgaridad y el irrespeto al ciudadano.
Los insultos, la destrucción de honras, las obscenidades dominan el vocabulario de muchos de los conductores de programas en los se incluyen los ahora llamados influencers.
El cuidado en el uso del idioma era el común denominador en los comunicadores, inclusive de los animadores musicales, quienes seguían un guión del espectáculo, respetando siempre la audiencia.
Las incorrecciones idiomáticas, las expresiones subidas de tono, son más que habituales en ese nuevo ejercicio de la comunicación, que ha arrastrado a muchos, con formación, a esta práctica deleznable.
Como ya no existen las sanciones, los propietarios de medios, inquilinos o empleados ofenden, difaman, se burlan, sin consecuencias algunas.
El arte del buen hablar, como se ha definido la locución, ya no existe, ahora lo predominante son los improperios, agravios, insultos y vulgaridades.
Ese inadecuado uso de los medios se agrava con la práctica del chantaje o servir a intereses espurios, sin que importe lo que piensen los demás, o lo que afecte a las comunidades o a la propia familia del difamador.
Un pueblo que siempre fue humilde, que respeta a los mayores, las creencias religiosas, cuyos jóvenes militaban en clubes culturales y deportivos, ahora es presa de los llamados canales sociales y el mal comunicador, que entiende tiene licencias para dañar u ofender.
En el Instituto Dominicano de Telecomunicaciones, con facultad legal para ello, se tiene que poner en su agenda aspectos regulatorios para evitar seguir navegando en este mar de inmundicias verbales.
De seguir así nos encaminamos a un escenario dominado por perversos y las perversidades. Se hace necesario adoptar correctivos.