Por: Samuel Molina | Hoy conmemoramos un hito fundamental en la historia de la emancipación americana. El 25 de marzo de 1895, Guayubin y Montecristi, en la República Dominicana, se convirtieeon en el epicentro de la libertad continental.
Bajo la pluma de José Martí, el pensador, y la espada de Máximo Gómez, el hombre de acción, se firmó el documento que trazaría la ruta crítica para la independencia de Cuba y el fin definitivo del coloniaje español en las Antillas.
Un puente de solidaridad: De Hatuey a Martí.
La firma de este manifiesto no es un hecho aislado, sino la continuación de una milenaria cadena de solidaridad expresada entre los pueblos de República Dominicana y Cuba.
Esta hermandad fue cimentada cuatrocientos años antes por el cacique Hatuey, quien en 1511, apenas casi 20 años después de la llegada de los colonizadores en 1492, protagonizó un gesto heroico de resistencia.
Revelado contra los abusos en el cacicazgo de Higüey, El taíno Hatuey atravesó la isla desde lo que es hoy Higuey, hasta lo que es hoy Haití, para cruzar en balsa hacia las costa de Cuba. Allí, alertó a los nativos indígenas sobre la crueldad de los colonizadores y organizó la primera resistencia feroz en el oriente de Cuba mediante tácticas de guerrilla.
Martí y Gómez, al firmar en tierras dominicanas, retomaron esa misma bandera de dignidad y solidaridad de nuestros primeros pobladores, los aborigenes.
Un testimonio inédito: La redacción del manifiesto fue en Guayubín
Aunque la historia general suele situar los hechos de forma global en Montecristi, investigaciones y testimonios locales precisan detalles fascinantes sobre su origen. Según la obra: «Martí a su paso por Santo Domingo» (1935), de Valentín Tejada, se recoge el valioso testimonio de Juan María Peguero, quien afirmó ser testigo presencial de la génesis del documento.
»Bajo la sombra de un árbol de baitoa en la Piedra Parida, a las afueras de la entonces aldea de Guayubín, José Martí dictó cómo hombre de ideas las palabras contentivas que consagraban el compromiso , los principios básicos y encenderían el espíritu la ‘Guerra Necesaria'».
Peguero detalla que Martí dictó el texto a Arturo Paxot y a los hermanos Dat. Este acto de fe patriótica no ocurrió en soledad; fue custodiado por un grupo de hombres comprometidos con la causa antillana.
Testigos de la Historia
Entre los presentes en aquel momento de redacción y firma, se destacan figuras dominicanas y cubanas que sellaron con su presencia el compromiso binacional:
Dominicanos: José Gonell, Demetrio Rodríguez, Pío Villalona, Fidelio Taveras y Toribio Gómez.
Cubanos: José Álvarez y Ángel Guerra.
De Montecristi a la Gloria
Tras la firma del Manifiesto, el destino estaba trazado. Desde las costas de Montecristi, Martí y Gómez iniciaron su viaje final hacia las playas cubanas. No buscaban solo una victoria militar, sino la fundación de una república «con todos y para el bien de todos», libre de las ataduras de un imperio exhausto.
Hoy, al cumplirse 131 años de aquel 25 de marzo, el Manifiesto de Montecristi sigue vibrando como un recordatorio de que la libertad de un pueblo es la libertad de todos. Aquellos hombres partieron hacia las costas cubanas, y desde allí, entraron definitivamente en las páginas de la gloria universal.