Una ciudadanía indignada e impactada por el aumento sistemático en los precios del galón de los diferentes tipos de gasolina y gasoil, así como por el denominado «paquetazo fiscal», ha sido estremecida por los reportajes que describen la crítica situación que enfrentan miles de pacientes con enfermedades catastróficas en la República Dominicana.
Sin proponérselo, diferentes medios de comunicación del país coincidieron en hacer público este drama conmovedor, el cual resulta aún más impactante al escuchar el relato directo de los propios afectados.
Cientos de ciudadanos en condiciones de vulnerabilidad de salud figuran en lista de espera para ingresar al programa, mientras que quienes ya pertenecen a este deben esperar largos meses para recibir unos fármacos que, durante la gestión del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), llegaban sin retraso alguno.
Pacientes con diagnósticos críticos, como cáncer con metástasis, sufren el avance irreversible de su condición mientras aguardan autorizaciones oficiales para recibir una medicina que les puede prolongar la vida o, en el peor de los casos, permitirles un final con dignidad.
Las enfermedades catastróficas destruyen a las personas, demuelen la cohesión familiar y acaban con la economía del hogar. Así lo denuncian, con impotencia, los dolientes de los afectados.
En recientes declaraciones, el expresidente Danilo Medina calificó de «criminal» el abandono del Programa de Medicamentos de Alto Costo, una iniciativa considerada fundamental para la protección de las familias más vulnerables del país.
Los reportajes aludidos reviven un drama ya denunciado en ocasiones anteriores ante el cual las autoridades han reaccionado con la lamentable afirmación de que, aunque el programa enfrenta retos por la demanda, la inversión actual se ha incrementado significativamente.
Resulta inaceptable que se haya descuidado un programa tan esperanzador para los pacientes y sus familiares, precisamente en momentos en que el gobierno ha manejado enormes recursos y predominan, lamentablemente, el despilfarro y el gasto superfluo.