Opinión

Cuando una Candidatura Importa más que la Organización

Por: Carlos Manzano | Hay momentos en la vida de un partido en los que las diferencias dejan de ser simples discrepancias y comienzan a convertirse en heridas que terminan comprometiendo la unidad y el futuro de toda la organización. Y cuando esas heridas son provocadas desde adentro, duelen mucho más.

Aspirar a la candidatura presidencial por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) es un derecho legítimo de cualquier dirigente que reúna las condiciones para hacerlo. Lo que no puede justificarse es que, en nombre de esa aspiración, se termine golpeando la imagen, la unidad y la dignidad de la organización que se pretende representar.

Preocupa, y mucho, observar determinados pronunciamientos y comportamientos en los que parecen no importar la coherencia ni la consistencia de los argumentos.

Hoy se dice una cosa y mañana otra; se cambian las posiciones según las circunstancias y se recurre a insultos, acusaciones y descalificaciones con tal de perjudicar al adversario, cuestionar el proceso o proyectar una imagen negativa del partido.

Pero, lo verdaderamente lamentable es que, en ese afán de confrontación, tampoco se tenga reparo en poner en entredicho la integridad y la honorabilidad de compañeros que ocupan importantes responsabilidades, como el Secretario General, integrantes de la CONAP, y titulares de algunas secretarías y órganos del partido.
¡Cuánto daño hacen esas actuaciones! ¡Qué triste resulta que compañeros con años de militancia, entrega y servicios al partido tengan que soportar públicamente andanadas de cuestionamientos que afectan su dignidad y reputación!
Y resulta todavía más incongruente que quienes hoy recurren a esos métodos pretendan mañana, si alcanzan la candidatura presidencial, convocar a esos mismos compañeros para que los acompañen, respalden y defiendan su proyecto.

¿Cómo se construye unidad después de sembrar cizaña y desconfianza? ¿Cómo se reclama lealtad a quienes hoy se lesiona en su honorabilidad? El liderazgo también se demuestra respetando a quienes piensan diferente.

El PLD ya vivió una experiencia demasiado dolorosa. En 2019, las diferencias entre Danilo Medina y Leonel Fernández terminaron en una ruptura que dejó heridas profundas y consecuencias que todavía pesan sobre nuestra organización.

No se trata de reabrir aquella confrontación ni de buscar culpables. Se trata de no olvidar cuánto nos costó aquella división. ¡No podemos permitirnos repetir esa historia!
Y duele, particularmente, cuando estas conductas provienen de dirigentes de larga trayectoria, que conocen las luchas del partido y que, precisamente por su experiencia, deberían ser ejemplo de prudencia, madurez y responsabilidad política.

La candidatura presidencial es importante, pero el PLD es mucho más importante. Es una construcción colectiva que pertenece a miles de hombres y mujeres que han entregado parte de sus vidas a esta organización. A ellos también les debemos respeto.

Todavía estamos a tiempo de entender que la competencia no tiene que convertirse en destrucción, que la discrepancia no tiene que terminar en enemistad y que ninguna aspiración personal justifica sacrificar la unidad partidaria.

Quien aspira a representar al PLD como candidato presidencial debe comenzar por demostrar que es capaz de respetar a su propia organización, cuidar a sus compañeros y preservar la unidad, incluso en medio de las diferencias.

Porque hay victorias personales que pueden convertirse en derrotas colectivas. Y sería verdaderamente doloroso que, después de todo lo que hemos vivido, terminemos nuevamente debilitando al partido por no saber poner los intereses de la organización por encima de nuestros propios egos.

El PLD merece algo más que aspirantes a una candidatura presidencial. Merece dirigentes con la grandeza, la madurez y la responsabilidad suficientes para entender que ninguna aspiración individual puede estar por encima del partido.

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