Los comicios este domingo en Brasil “no es cualquier elección; es la gran elección, la más importante hasta ahora en el siglo XXI en América del Sur, aunque adjetivarla así parezca temerario”, comenta hoy el académico argentino Gustavo Veiga.
“Argumentos clásicos e históricos lo demuestran: Es el país más grande de la región, tiene el 49 por ciento de toda su población, la economía más robusta y es el centro financiero más activo del subcontinente”, señala Veiga quien también es reconocido periodista y viajó a Brasil para cubrir el acontecimiento político.
La envergadura de los comicios –añade- es mayor por lo que se pone en juego, incluso por encima de otros como los de 2018 y 2022 en los que Jair Bolsonaro ganó con Lula proscripto y el líder del Partido de los Trabajadores se tomó revancha después.
“No se lo perdonaron. La extrema derecha quiso derrocarlo a los siete días de asumir la presidencia con un golpe de Estado y la toma del Planalto”, recuerda el comentarista en su nota que compartió desde Sao Paulo.
Veiga alerta que “hoy la asimetría que provoca la injerencia notable de Estados Unidos en la votación de la que pueden participar 158,7 millones de electores modifica el escenario político de manera sustantiva”.
Washington –explica- pretende completar el mapa de estados afines con el “botín” mayor. Se lanzó a disciplinar el hemisferio occidental con la prepotencia de su aparato tecnológico y militar –como pasó en Venezuela el 3 de enero último -, en una disputa donde su área de influencia se la discuten China y los BRICS. Sobre la votación en sí, el profesor en las universidades de Buenos Aires y La Plata considera que todo indica que marcha hacia una segunda vuelta el 25 de octubre, “el gobierno de Donald Trump hizo y está dispuesto a hacer todo lo posible para entorpecer la reelección de Lula”, advierte.
La gran importancia radica en que esta elección define la continuidad de un modelo dentro del sistema capitalista, con puja distributiva y trabajadores con expectativas de ciertas mejoras.
También, que Brasil se mantenga fuera del mapa del hambre de la FAO como ya pasó dos veces con Lula y disputando su soberanía financiera en defensa del sistema Pix de transferencias gratuitas.
El otro modelo que encarna el hijo del expresidente condenado por golpista, es de alineación absoluta con el gobierno de Trump. Básicamente, consiste en que Brasil le compre todo a Estados Unidos, aunque China le venda sus productos de calidad más baratos.
O que le adquiera –añade- material militar a la potencia del norte y renuncie a la usina de oro que significa Embraer, la empresa aeroespacial local y tercera del mundo detrás de Boeing y Airbus.
Los recursos que ambiciona controlar Washington integran una lista extensa: tierras raras, litio, petróleo – como si no bastara con el ya conseguido en Venezuela-, cobre, otros minerales críticos, los recursos de la biodiversidad mayor del planeta, sus alimentos, la energía, las riquezas de su gran frente marítimo y la infraestructura tecnológica y digital.
“Son demasiados valores estratégicos para tentar al monstruo del Norte y su proyecto hegemónico continental”, advierte el académico.
Sobre los comicios –describe- Lula y Bolsonaro son los únicos dos candidatos a presidente que según todas las encuestas se mantienen competitivos – entre trece habilitados en la elección – y pasarían al segundo turno.
Además, los brasileños elegirán los nuevos gobernadores en 26 estados y el distrito federal de Brasilia más dos tercios de los senadores y la totalidad de los diputados federales donde el PT no tiene mayoría propia en ambas cámaras.pld