Por: Pablo del Rosario | El título de estas líneas me permite hacer un símil con el uso de esa máxima jurídica practicada por los especialistas en criminología durante la investigación de un crimen para identificar él, o los responsables del hecho. La motivación es la barbarie que constituye el subsidio eléctrico. Esto así, porque resulta poco menos que indignante, conocer que el Gobierno ha consumido este año en esa aberración, más de 331 millones de pesos cada día, contados hasta el recién finalizado mes de octubre.
El caso no es nuevo, ni la pregunta es ociosa; toda vez que el escenario está perfectamente identificado: déficit que sufren las empresas distribuidoras de electricidad (EDE). Dada la gravedad del impacto negativo de esa realidad en la economía nacional, ¿por qué resulta tan difícil identificar quien o quienes se están beneficiando, y, en razón que, no se aplican los correctivos de lugar?
La negligencia para resolver una distorsión de la magnitud del caso arriba indicado debilita la confianza de la ciudadanía en el Gobierno y sus instituciones. Es urgente normalizar esta situación, porque su efecto agudiza las desigualdades sociales, incrementa el crimen y la delincuencia, lo que hace más difícil y peligrosa cada día la convivencia en nuestro país.
Es hora ya, de que el Gobierno tome el toro por los cuernos, y, le ponga el cascabel al gato. Esperemos.
Hasta luego…