Opinión

Reflexiones sobre el caso Emely Peguero

El mérito de la independencia judicial reside en el ejercicio de la función jurisdiccional. Los jueces y magistrados deberán estar sujetos únicamente a la ley, y por tanto, ajenos y salvaguardados de cualquier influencia externa, social, mediática o de juicios paralelos. Ha sido una costumbre de las autoridades en nuestro país filtrar detalles de una investigación judicial en su primera etapa, ya sea por populismo judicial, protagonismo, o para condicionar de antemano la mentalidad del juzgador para que se vea compelido a condenar por el peso específico de la opinión pública.

Luego de la sentencia condenatoria a Marlín Martínez, el Ministerio Público expresó que apelará el dictamen ya que considera que los jueces no debieron darle la categoría de “encubrimiento”, sino de “complicidad” por su participación en los hechos. Sin embargo, en nuestras leyes no se establece la complicidad luego del hecho cometido, razón que justificó el fallo por sustracción de menores y ocultamiento de cadáver.

Las evidentes expresiones de populismo judicial no se perciben como negativas por la sociedad, en cambio, con ellas corremos el riesgo de una progresiva desvalorización y pérdida de las garantías, pues se tomarían decisiones complacientes a las exigencias sociales. Lo que no podemos negar es que este horrendo hecho ha creado desasosiego e indignación en toda la población dominicana y el exterior.

Las impresiones en las Redes Sociales fueron inmediatas, muchos ciudadanos reaccionaron afectados positiva y negativamente por la cuestionada condena de solo cinco años, expresando sus consideraciones con las etiquetas #EmelyPeguero y #TodosSomosEmely. Uno de ellos fue el Abogado José Gregory Cabrera @gregpolitics, quién en unos 26 twits expresó básicamente lo siguiente: “En el marco jurídico aplicable actualmente existen los elementos necesarios para haber condenado a Marlín Martínez a 20 años… Sin Marlín no habría un Marlon; sin el resuelve” no se hubiesen provocado los hechos; sin los recursos y facilidades puestos a disposición no habría podido él hacer lo que hizo, antes, durante y después”.

Si los jueces que llevaron el caso tienen experiencia o no, eso se podría discutir, en cambio, queda muy claro que en esta tragedia hay un mensaje clave, evidente; debemos reevaluar el rol de la familia en la sociedad, pues estos jóvenes, ambos, fueron víctimas de un sistema en donde predominan las diferencias de clase, el hedonismo, la arrogancia, la desigualdad, la violencia de género y los antivalores. No podemos reformar la sociedad si no hay una disposición al cambio para la mejora colectiva, pero este es un ejercicio que debe ser iniciado desde el hogar.

Si los jueces que llevaron el caso tienen experiencia o no, eso se podría discutir, en cambio, queda muy claro que en esta tragedia hay un mensaje clave, evidente; debemos reevaluar el rol de la familia en la sociedad, pues estos jóvenes, ambos, fueron víctimas de un sistema en donde predominan las diferencias de clase, el hedonismo, la arrogancia, la desigualdad, la violencia de género y los antivalores. No podemos reformar la sociedad si no hay una disposición al cambio para la mejora colectiva, pero este es un ejercicio que debe ser iniciado desde el hogar.

El caso de Emely Peguero, así como el de Andreea Celea, Chaman Chacra y otros tantos que han lastimado nuestra sociedad, deben servirnos de inspiración en la lucha por la vida y el respeto a los derechos consagrados en la Constitución de la República.

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