La desinformación como fenómeno político,
social y comunicacional consiste en la
creación, manipulación o difusión deliberada
de información falsa o engañosa con el
propósito de influir en las percepciones,
decisiones y comportamiento de las
personas, contribuyendo a alterar la
percepción de la realidad y afectar el
funcionamiento de la democracia y de la
sociedad.
En los últimos años su expansión se ha
acelerado con las redes sociales y las plataformas digitales, donde los
contenidos falsos pueden difundirse en minutos y alcanzar a millones
de personas, este fenómeno tiene una especial importancia en
América Latina, porque afecta la formación de la opinión pública de la
región, de modo que las personas no puedan distinguir entre verdad
y falsedad.
La manipulación de los hechos, la difusión de rumores, las noticias
falsas, los contenidos sacados de contextos y los materiales
generados mediante inteligencia artificial, son frecuentemente
utilizados para desacreditar personas, dirigentes políticos,
instituciones públicas y privadas, partidos políticos, gobiernos y
procesos electorales, lo que busca general confusión y desconfianza
en las personas.
El efecto de la práctica maliciosa de la desinformación en los procesos
electorales que busca influir en el comportamiento de los ciudadanos
es altamente preocupante y una gran amenaza para la democracia,
ya que puede influir en los votantes, afectar la imagen de los
candidatos, cuestionar la legitimidad de los resultados, debilitar la
transparencia y dañar la confianza en las autoridades electorales.
En el marco de la consolidación de las tecnologías digitales, las redes
sociales y los servicios de mensajería instantánea se han convertido
en importantes mecanismos de participación política, por los
beneficios de estas plataformas para incrementar el grado de
conocimiento público, no obstante, se observa un notable auge de la
difusión de contenidos falsos o inexactos que lastran la confianza en
las instituciones.
En la vida pública de una nación y en el mundo actual, la verdad en
pocas ocaciones circula sola, casi siempre esta rodeada de medias
verdades y en muchas ocaciones es sustituida por falsedades , con el
fin de imponerse como si se tratara de hechos reales, lo que
contribuye a la confusión de las sociedades y debilita la capacidad de
los ciudadanos para comprender su realidad.
Sobre estos conceptos Juan Bosch decía que, en la vida de los
pueblos la verdad suele caminar con dificultad, pero la mentira
avanza con rapidez, porque se apoya en el interés de quienes desean
ocultar la realidad. La verdad exige estudio, reflexión y honestidad; la
mentira en cambio solo necesita repetirse muchas veces para intentar
convertirse en apariencia de verdad.
Vivimos rodeados de noticias falsas y verdades a medias que se
presentan como información verdadera, con el propósito de aumentar
su capacidad de persuasión y desorientar a la población. Esta realidad
nos obliga a reflexionar críticamente sobre la información que
recibimos, verificar sus fuentes y protegernos de la mentira,
otorgando credibilidad y autoridad únicamente a aquellas fuentes que
difunden hechos comprobables, reales y sustentados en evidencias.
La mentira ha estado históricamente vinculada al ejercicio de la
política y continúa siendo una de las prácticas que más deterioran la
confianza de la ciudadanía y el sistema democrático. En las
democracias representativas, determinados dirigentes de la
ultraderecha recurren a la manipulación del discurso, la omisión de
información, la tergiversación de los hechos y el ocultamiento de la
verdad para influir en la percepción pública y proteger sus intereses
políticos.
En el debate político actual, la desinformación cuando es utilizada con
fines políticos permanentes es un grave atentado a una democracia
justa caracterizada por ciudadanos bien informados, capaces de
contrastar las fuentes y distinguir entre hechos, opiniones y
contenidos manipulados, que solo sirven para desviar la atención de
los problemas sociales, desacreditar a sus adversarios y dificultar la
capacidad de la ciudadanía para cuestionar y transformar las
estructuras existentes.
La historia demuestra que, con frecuencia, los sectores que
concentran el poder han intentado apropiarse de la verdad y
presentarse como los únicos poseedores del conocimiento. Desde esa
posición, buscan deslegitimar, silenciar o desacreditar cualquier sector
que cuestione sus intereses. De esta manera, convierten la mentira y
la calumnia en instrumentos de poder, utilizando la desinformación de
forma sistemática para manipular la realidad, fomentar el odio y
dividir a la sociedad.
Combatir la desinformación, es también una forma de defender la
democracia, la libertad de pensamiento y el derecho de la ciudadanía
a decidir sobre su propio destino con base en hechos verificables y no
en engaños o manipulaciones, lo que significa defender, la libertad de
expresión y el derecho de la ciudadanía a recibir información veraz,
plural y comprobable.