Hablan los hechos

Las intervenciones Militares: Riesgos y consecuencias económicas

La historia universal nos recuerda que por siglos el mundo ha estado afectado por grandes acontecimientos bélicos y conflictos militares que han trastornado la vida de los ciudadanos. Se trata de conflictos socio-político que se producen entre dos o más grupos humanos, fruto de que cada cual interpreta el control del poder sobre la base de retenerlo, o un cambio de relaciones de poder, situación que genera discrepancias por disputas económicas, ideológicas y territoriales, y así ha quedado registrado mediante guerras.

Los conflictos bélicos-militares han tenido como resultados la aniquilación de miles de personas, destrucción bienes materiales, devastación de las infraestructuras, acarrean inflación, inhiben la formación de capital y asignan antojadizamente los recursos disponibles.

Los conflictos bélicos-militares han tenido como resultados la aniquilación de miles de personas, destrucción bienes materiales, devastación de las infraestructuras, acarrean inflación, inhiben la formación de capital y asignan antojadizamente los recursos disponibles. Estos conflictos de guerra se convierten en un negocio para los fabricantes y mercaderes de armas que se enriquecen y amasan fortunas a costa de empobrecer a la mayoría de la población productiva de un país.

En las últimas cuatro décadas, los conflictos bélicos han tenido en lo inmediato efectos perturbadores en los mercados internacionales expresado en el incontrolable incremento de los precios del petróleo y el gas, en virtud de que las mayores ocurrencias de estos acontecimientos se han dado en el Medio Oriente, donde se genera aproximadamente el 40% de la producción mundial de hidrocarburos. Por igual, las evidencias empíricas demuestran que también puede suscitarse un derrumbe de las bolsas de valores, retrocesos en la recuperación de la economía, tal como se ha producido en EE.UU y en la Eurozona.

En las últimas cuatro décadas, los conflictos bélicos han tenido en lo inmediato efectos perturbadores en los mercados internacionales expresado en el incontrolable incremento de los precios del petróleo y el gas, en virtud de que las mayores ocurrencias de estos acontecimientos se han dado en el Medio Oriente, donde se genera aproximadamente el 40% de la producción mundial de hidrocarburos.

Los conflictos bélicos y las intervenciones militares han generado grandes incertidumbres que han provocado desequilibrios y altibajos difíciles de prever en el mercado de los recursos energéticos y en la economía global durante el periodo 1915-2015. Este largo periodo de 100 años esta manchado de sangre y fuego, fruto de las dos guerras mundiales, el periodo de la guerra fría y la frecuencia de intervenciones militares que van desde Haití, 1915, República Dominicana, 1916 y 1965, Granada, 1983, Panamá, 1989, Irak, 1991, Yugoslavia, 1995, Pakistán, Yemen, Somalia, 2002, entre otros, que demuestran que las intervenciones militares son una tragedia para la humanidad y que las consecuencias han sido funestas y nada han resuelto en favor de los países intervenidos.
Es en ese contexto que el ex Presidente de EE.UU, Barack Obama, en su calidad de mandatario, arribó a la conclusión de que “las intervenciones militares acarrean, en muchas ocasiones, consecuencias imprevistas que pueden provocar problemas aún más grandes”. Pero es que en todo el mundo ocurren acontecimientos desagradables cuando de manera deliberada e inhumana se producen intervenciones militares.

Los conflictos bélicos y las intervenciones militares han generado grandes incertidumbres que han provocado desequilibrios y altibajos difíciles de prever en el mercado de los recursos energéticos y en la economía global durante el periodo 1915-2015.

Hay que resaltar que durante los conflictos bélicos y las intervenciones militares del siglo XX, la presencia de muerte provocó entre los soldados una serie de emociones incontroladas como el miedo, el azar o las malas decisiones condujeron al deceso o, en el mejor de los casos, provocaron heridas físicas y mentales. Ha quedado demostrado que los resultados de las intervenciones militares, que fomentaron guerras, durante el siglo XX, generaron millones de muertos, heridos y desaparecidos, que trastocaron las percepciones de los sentidos y las emociones de millones de ciudadanos en los países intervenidos.

Las consecuencias socioeconómicas y culturales de las intervenciones militares han sido desgarradoras para los países que la han sufrido provocando heridas emocionales insuperables, fomento de la crueldad y destrucción cultural. Las economías donde se producen intervenciones militares han pasado décadas para lograr la recuperación, el trauma que se provoca a los trabajadores es de tal magnitud que estos no han logrado reinsertarse a la actividad productiva por los daños psicológicos que se producen.

Ha quedado demostrado que los resultados de las intervenciones militares, que fomentaron guerras, durante el siglo XX, generaron millones de muertos, heridos y desaparecidos, que trastocaron las percepciones de los sentidos y las emociones de millones de ciudadanos en los países intervenidos.

La verdad incómoda de una intervención militar es que se promueven cambios políticos improvisados que destruyen la institucionalidad, haciendo al Estado infuncional y el sector privado se apodera de la desconfianza para tomar las decisiones que influyan sobre la actividad económica. Los daños materiales a la economía son incuantificables, el país intervenido no logra su estabilidad macroeconómica en lo inmediato, se toman años para regresar a la normalidad.

La frustración es el pan de cada día de la ciudadanía que observa como una intervención militar genera la destrucción de la economía y de las personas, quita la esperanza de ver un futuro lleno de ilusiones y proyectos que dan sentido a la vida cotidiana. Como si la dramática situación económica del país intervenido no fuera suficiente, se introducen mecanismos que venden la fantasía de que las cosas se recomponen y normalizan en lo inmediato, pero los daños desmotivan a los sectores productivos y a los agentes económicos, algo que resulta inadmisible en el siglo digital y de la globalización.

Las economías donde se producen intervenciones militares han pasado décadas para lograr la recuperación, el trauma que se provoca a los trabajadores es de tal magnitud que estos no han logrado reinsertarse a la actividad productiva por los daños psicológicos que se producen.

La falsa idea de que una intervención militar va a solucionar las discrepancias y conflictos por el poder ha sido una rusticación que el transcurrir de la historia ha demostrado que esta no es una garantía de una transición democrática. Una retrospectiva de intervenciones militares en el mundo demuestra que, con frecuencia, se ha visto lo contrario, y esta lo único que ha evidenciado es que los vicios de corrupción y debilidad institucional se reproducen ya que de lo único que se trata es de reemplazar a una élite por otra, por tanto, ese cambio no va acompañado de una reforma institucional que fortalezca la convivencia democrática, la economía y el equilibrio de poderes donde han ocurrido.

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