Daniel Cruz
Como en muchas otras grandes decisiones, el Partido de la Liberación Dominicana está dividido respecto a la aplicación de lo acordado en el IX Congreso Ordinario sobre la organización de los Comités Intermedios en función de los recintos electorales. En este caso hablar de Comité Intermedio implica hablar de Comités de Base.
Una parte de los compañeros plantea que la decisión debe simplemente ejecutarse, para lo cual basta un «teclazo» que agrupe a todos los compañeros y las compañeras registrados en el padrón partidario por el recinto electoral en que votan. Así de simple ven el asunto. Es innecesario entrar en detalles como el de convocar a todos los miembros que cayeron en el mismo intermedio por el recinto en que votan para que escojan su dirección.
La otra parte de los dirigentes del Partido se identifica con que la decisión congresual se ejecute sin desconocer del todo la estructura partidaria existente. En consecuencia, estos son partidarios de lo que se denomina un híbrido: la convivencia durante un tiempo –que nadie sabe qué tan largo será– de la estructura actual y la formación de Comités Intermedios en función del recinto electoral que le corresponde. Esa es la situación.
Nosotros vemos inaplicable de golpe y porrazo la decisión del IX Congreso. Y lo vemos así por varias razones de las que hablaremos de la más sólida.
Si el PLD de hoy fuera un partido de cuadros no habría inconvenientes en resolver el asunto con un teclazo. Pero no es así, somos un partido de masas y esa situación nos obliga a tomar en cuenta en casos como este la sicología de esas masas. La situacion actual del país y los partidos no la define la política, lo ideológico; la definen la economía y lo social.
Así las cosas, estamos ante la situación siguiente: la generalidad de los peledeístas son movidos por aspiraciones económicas y sociales, y no por motivos políticos. Esa situación nos pone ante la realidad de que muchos compañeros y compañeras querrán permanecer en su organismo, organizado por el padre, el tío, el hijo o un amigo con el que tiene relaciones primarias sólidas y no pasar a un Comité Intermedio nuevo en el que conoce muy poco a sus integrantes. Puestos ante esa actuación los compañeros se dirán «si llegamos al poder en el 2024 me jodí» porque en el nuevo organismo les será difícil hallar quién les encamine en la consecución de un empleo o cualquier otro servicio del Estado.
Compañeros y compañeras, no nos engañemos: la falta de formación política y el reflujo ideológico que vive el mundo desde 1989 ha motivado un vacío que ha sido llenado por la identificación personal entre compañeros, por compromisos particulares, en fin, por la primacía de relaciones primarias entre los peledeístas.
Y es que como veremos en la próxima entrega, de la mano de Juan Bosch, los partidos de masas de países como el nuestro tienen en la aplicación de decisiones como esta límites en sus actuaciones condicionados por su conformacion orgánica.