Opinión

Zapatero, a tu zapato

«He llegado a la conclusión de que la política es muy seria para dejarla en manos de los políticos». Paradójica y graciosa frase con que se despachó en una ocasión Charles de Gaulle, que sólo tiene un pequeño defecto: no expresa la verdad.

La política es una especialidad; es una ciencia social que tiene por objeto el estudio del Poder, su ejercicio, organización, distribución.

Aunque desde hace mucho más de dos mil años los filósofos han venido poniendo atención a esta actividad, su desarrollo como disciplina científica, como conjunto de conocimientos organizados y sustematizados es relativamente reciente. Incluso, es carrera de reciente incorporación en nuestra Universidad Autónoma de Santo Domingo y no se imparte aun en algunos de nuestros centros de altos estudios.

Es probable que por ser disciplina ‘joven’, por lo que es apenas ahora cuando empieza a generar en nuestro medio especialistas, y por el descrédito de algunos políticos ha devenido en una actividad propia de gente «sin oficio» que ven en ella el medio para hacerse de dinero de cualquier modo. Así la ven muchos, aunque nuestro gran Juan Pablo Duarte la consideraba «la ciencia más pura y digna, después de la filosofía, de ocupar las inteligencias nobles».

En realidad, si a una actividad le es aplicable aquello de «zapatero, a tu zapato» es a la política. Esto evitaría que tantos improvisados en el quehacer político se dedicaran a desacreditar tan importante disciplina, por más populares que sean como merengueros, «influencer», comediantes o simplemente empresarios y profesionales que han hecho dinero en su actividad, y a fuerza de aportes económicos en un partido ocupan un espacio en los cabildos, el Congreso o la Administración pública.

Con la política ha acontecido lo mismo que con las demás disciplinas antes de llegar a convertirse en especialidades, como áreas del saber con métodos, objetos y exigencias propios de estudio. Hubo un tiempo en que los barberos hacían el oficio de dentistas, los que vendían medicinas, a los que ahora les llamamos farmacéuticos, daban consultas médicas y disponían de un mortero donde preparaban con más arte que ciencia, machacando hojas y otros elementos, los medicamentos que a su juicio necesitaba el «paciente». El periodismo no fue excepcion, pues nuestros primeros periodistas eran poetas, cuentistas y novelistas. Así fue hasta que esas y las demás disciplinas lograron un elevado nivel de especialización.

La excepción sigue siendo la política. Todos nos sentimos poseedores de la capacidad para desempeñar cualquier cargo político, incluyendo el principal: la presidencia de la república. El atraso es tan grande en nuestro medio que algunos «dirigentes políticos» tienen 20 y más años ejerciendo la función de regidor o diputado sin que se hayan enterado de que desempeñan especialidades políticas. No han comprendido que la municipalidad es una especialidad política al igual que el quehacer legislativo, en los que también se producen especialidades como la de los entendidos en aspectos que van desde el conocimiento profundo de las ordenanzas municipales, los procedimientos parlamentarios hasta la oratoria parlamentaria, de los que es un buen ejemplo en España Emilio Castelar y en nuestro país Rafael Estrella Rojas, mejor conocido como «Papi Estrella», a quien sus compañeros del Congreso llamaban pico de oro por el peso persuasivo y la belleza de sus discursos, pese a que apenas cursó el octavo.

Por su naturaleza social y porque su objeto de estudio, el Poder, tiene su origen en una decisión de la sociedad toda mediante el voto, la política debe ser objeto de atención de todo el mundo; al fin y al cabo las decisiones de los políticos nos afectan también a cada uno de nosotros, pero su ejercicio debe destinarse a los conocedores de su ciencia, a los especialistas. En esto deberíamos ver lo que vemos en el béisbol; todos hablamos de pelota, discutimos, hasta descalificamos a un mánager por una decisión que consideramos desacertada, pero a nadie que no pueda batear una pelota de basquebol si se la pitchan, que no pueda atrapar una de fútbol si se la lanzan o que no pueda llegar corriendo a primera base sin el riesgo de morir de un infarto se le ocurre jugar pelota, se le ocurre que lo metan a lanzarle a Albert Pujols, por más lesionado que este esté.

En política deberíamos proceder de ese modo. Hablamos, discutimos y hasta elegimos al presidente, pero no perdamos de vista que es una disciplina con exigencias propias en la que debemos escoger a especialistas preparados para su desempeño. Y así como cada uno de nosotros cuando tiene un problema de salud no se considera médico y se automedica sino que procura ser visto por el mejor médico, cuando tengamos que elegir a nuestros funcionarios debemos esforzarnos por votar por los mejores.

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