Si partimos de su descripción, pantalla es una superficie sobre la que se proyectan imágenes cinematográficas o fotográficas o, más modernamente, superficie de un aparato de televisión, de una computadora, de un teléfono inteligente o tableta etc., en la que se forma la imagen.
En ese plano es en el que el gobierno proyecta unos supuestos logros bastantes distantes de la realidad, dominada por la incertidumbre diaria, las quejas y las decepciones.
Es lo que lleva a la gente del pueblo a decir que el actual es un gobierno de la televisión, como lo expresara Temístocles Montás, vicepresidente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), al citar lo dicho por un hombre del campo de su natal provincia.
La radio, televisión, plataformas en internet y redes sociales están saturadas de propaganda en que se venden realizaciones inexistentes y propalan falsedades.
Los anuncios, pese a responder a realizaciones modernas y vistosas, jamás pueden ocultar una realidad que se siente, sufre y padece.
Un alto nivel inflacionario, próximo a los dos dígitos, que en años no se veía en República Dominicana, inseguridad ciudadana, reflejada en un aumento de los homicidios, un gobierno que prometió superar en meses ese mal.
Un escándalo tras otro en la administración pública, a lo que se suma la arrogancia de funcionarios y los congresistas del partido en el gobierno.
Los servicios como el sistema de emergencia 9-1-1, la seguridad vial, que tantos aportes ofrecieron, se han desplomado, como también ha sucedido con la salud, porque importantes tasas como la mortalidad materna o infantil van en aumento.
La gente ha dejado de comer o simplemente no tienen con qué comprar los alimentos que necesitan por su alto costo y la escasez de productos.
Pese a los grandes malestares que padece la población, desde el oficialismo se ufanan en vender un publicitado cambio, que ha significado retroceso y frustración. Si es cierto lo del cambio en la marcha del vehículo gubernamental, ha sido hacia atrás, en reversa, como la guagua de la canción.