Editorial

La naturaleza se rebela

República Dominicana recibió el impacto del huracán Fiona, que dejó cuantiosos daños en la agricultura, en el sector vivienda del país, entre otros. Se trató del mismo fenómeno que, en la categoría de tormenta, llevó a la vecina Puerto Rico a una situación de emergencia y precariedad.

Pocos días después la fuerza de los vientos y las abundantes lluvias de otro fenómeno atmosférico trastornaron la vida de Cuba. Se trató en esa ocasión del huracán Ian, que luego de causar sus estragos en la vecina isla enfiló hacia Estados Unidos, donde ocasionó grandes daños en La Florida y Carolina.

Lo vivido en Estados Unidos ha sido calamitoso, como lo testimonian imágenes dantescas del mar, mediante el fenómeno denominado marejada ciclónica inversa, anomalía que se alternó con un elevado oleaje que causó destrucción y dolor en la principal potencia mundial y llevó a su presidente a decir que Ian “podría ser el huracán más mortífero en la historia de Florida”.

Este fenómeno tocó tierra de Norteamérica, salió al mar y en una segunda ocasión tocó tierra con vientos huracanados.

Tantos fenómenos hidrometeorológicos, uno detrás de otro, con fuerzas en sus vientos para alcanzar la categoría de huracanes, es lo que lleva a que se confirmen las conclusiones de las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, de Estados Unidos, en la que se indica que los huracanes se están robusteciendo con el tiempo, y no solo en un lugar. El fortalecimiento de los vientos huracanados, que dan origen a las temibles tormentas, está ocurriendo en casi todas las áreas del planeta.

Identificar cambios en estos fenómenos recurrentes en el Atlántico y mar Caribe y determinar los factores causales de los cambios en su comportamiento es un elemento crítico para dar paso a la adaptación y prever su impacto.

Los modelos teóricos y numéricos relacionan consistentemente el aumento de la intensidad de sus vientos con un mundo en calentamiento.

He aquí una de las repercusiones nefastas que afectan al planeta: en la medida en que las temperaturas globales se incrementan, originan el calentamiento que provoca prolongadas sequías, marejadas, torrenciales lluvias, masivas inundaciones, entre otros daños, todo lo cual nos lleva a pensar en que cada uno de nosotros coloque en su agenda personal acciones y fórmulas para evitar catástrofes y el aniquilamiento de floras y faunas, es
es decir la destrucción de vidas.

Noticias Relacionadas