Daniel Cruz
¿Cómo el Partido de la Liberación Dominicana llegó a ser la principal fuerza política del país? ¿Diciendo a los cuatro vientos que éramos los mejores? ¿Proclamando que éramos los herederos legítimos de Juan Pablo Duarte y demás trinitarios?
No. Simplemente demostrando al pueblo, a las masas, que representábamos y defendíamos sus intereses.
Ahí están los discursos y las grandes manifestaciones que avalan la aseveración precedente; ahí están las intervenciones de Juan Bosch sobre la conversión del oro en joya, para sacarle más beneficios a este metal precioso; ahí están sus denuncias sobre el peligro que corría la industria azucarera nacional con la fabricación de azúcar mediante sirope de maíz en Estados Unidos; ahí está la defensa de los productores de tabaco y de cebollas del Cibao, por ejemplo; los de plátanos en la Cruz de Manzanillo; también están ahí las grandes jornadas y la organización de huelgas generales en procura de importantes conquistas de los obreros como aumentos salariales; las movilizaciones en defensa de los trabajadores de Sitracode y de los telefonicos de la antigua Codetel; en fin, el pueblo le puso atención al PLD porque este supo defender sus intereses del día a día, no porque tuviera un mesías presidencial que le resolvería los problemas después de X elecciones.
La gente no vive por período o épocas del año; la gente vive en cada instante, en cada millonésima de segundo, en cada día, y hay que prestarle atención y darle solución a sus problemas de manera permanente. Eso fue lo que hizo el PLD y precisamente eso fue lo que lo sembró en el corazón de los dominicanos.
Para los pueblos lo que realmente cuenta es aquello en lo que se siente expresado, lo que considera defiende sus intereses. No son las palabras ni la figura de ningún predestinado lo que lo convence. A los pueblos los convencen los hechos, las acciones en su beneficio.
Como dijo alguien en la línea de pensamiento precedente, el Partido no puede vivir del capital político acumulado anteriormente; debe multiplicarlo, fortaleciendo su prestigio en la lucha de cada sector que integra al pueblo por sus intereses particulares.
Hemos reflexionado en estas cosas ahora que llegamos al final de un año que ha sido duro, muy duro para este pobre pueblo por la incapacidad de quienes gobiernan en la actualidad, y vemos cómo nos hemos mantenido alejados de las luchas de los médicos; alejados de las quejas de productores que reclaman mayor atención, y, hasta cierto punto, impasibles ante la inflación que limita el poder adquisitivo de la gente… Hemos reflexionado en esas cosas y la conclusión que se nos impone es la de que debemos mantener empuñadas aquellas honrosas banderas.