Opinión

Inferencias políticas de un gran acto

Vivimos una experiencia extraordinaria en la presentación de la Comisión de Formación en Valores del Partido de la Liberación Dominicana y la conferencia «El valor en la política» dada por el obispo emérito Fausto Ramón Mejía, en nuestra Casa Nacional.

Aquello fue apoteósico, pero ahora no hablaremos de la actividad ni de lo acontecido allí. El que participó no lo necesita y el que no pudo asistir puede enterarse de ello en lo difundido por la Secretaría de Comunicaciones, que compartió un reporte muy sustancioso. Nos proponemos una reflexión político-partidaria de esa actividad como dinámica de grupo en nuestro Partido.

Sirva de telón de fondo a nuestras reflexiones la siguiente observación: el PLD no es la simple suma de todos sus integrantes. Es mucho, muchísimo más que eso. Y no se crea que esto se deba solo a la cuantía de sus miembros; no, se debe a la complejidad social de su matrícula. Un club como el de los residentes del sector Naco o el que integran jugadores

De dominó en Villa María, en el Distrito Nacional, podrán presentar complicaciones internas, pero al estar formados por personas de igual o parecida condición social esas complicaciones nunca podrán compararse a las que se dan en un partido como el de la Liberación Dominicana, que es una organización policlasista compuesta mayoritariamente por miembros de las cinco capas de la pequeña burguesía definidas por Juan Bosch.

Con esto en la mira puede comprenderse la afirmación de que el PLD no es la sumatoria mecánica de sus miembros. Es también la relación que se da entre estos y la dinámica interna que en cada momento, en cada coyuntura se genera con esa relación.

Muchos miembros del Partido solo reparan en lo que podemos identificar como lo que se ve, lo que está a la vista. Ven que a la actividad asistió mucha gente, que se desarrolló en orden, que se dijeron buenos discursos, que reinó un ambiente de cofradía, compañerismo. Incluso, algunos podrían hasta pensar en que el Partido dio un palo al decidirse a levantar un salón tan amplio y acogedor como el «Bienvenido Sandoval», por la economía que representa. Sin embargo, como en muchas otras cosas, en esta actividad es más importante lo que se ve con los ojos del entendimiento que lo visto con los ojos de la cara.

¿A qué te refieres, compañero?, nos preguntarán algunos. A lo siguiente.

Las actividades de este tipo generan un conjunto de reacciones sicológicas en los compañeros que son de mucho provecho para el Partido. Por ejemplo, fortalecen el sentido de identidad con la organización y la cohesión entre sus integrantes.

Cuando hablamos de identidad con la organización nos referimos a esa sensación interna, esa que solo puede experimentar cada uno de nosotros de manera personal, que nos hace sentir que somos parte de algo con lo que nos identificamos.

Ese «algo» no es la Casa Nacional del Partido ni las cuatro paredes de nuestro local; tampoco es la bandera ni el lema ni el himno del PLD. Es más grande que eso; es un asunto más trascendente. Se trata de una manera de ser, de una visión compartida, de un pasado común y de una historia que también queremos hacer en común; se trata de un proyecto de país que aunque no nos hayamos puesto a escribirlo sentimos que lo tenemos ahí, que cada uno tiene, si no el mismo, uno muy parecido en la cabeza; se trata de una mística común.

La cohesión es otra cosa. Es más cercana, más concreta. Mientras la identidad de la que hablamos se da entre cada uno de nosotros con respecto a algo, la cohesión se presenta con respecto a alguien, a los demás compañeros y compañeras. Son los sentimientos y los vínculos que se desarrollan entre los miembros del Partido.

En una organización como nuestro Partido la cohesión no es algo dado, que debemos dejar por sentado, definitivo. La cohesión se construye en cada momento, se fortalece, en el mejor de los casos; en el peor se debilita.

Cuando en una actividad como la de ayer nos encontramos con compañeros como Benardino Pichardo y Máximo (no recuerdo su apellido, quien era de Finanzas en la Casa Nacional en los finales de los años 80), de quienes tenía varios años sin saber en qué estaban, la reacción inmediata es de alegría, pero la reacción política, más profunda, es de disposición de restablecer nuestra relación y de fortalecimiento de la concepción de que no estamos solos, de que no somos los únicos empecinados en empujar el proceso hasta donde nos lo permitan nuestras fuerzas o nuestra existencia biológica.

Estos son, compañeros y compañeras, de los saldos positivos de la dinámica de grupo, en la que puede incluirse actividades como la realizada ayer por nuestro partido. De ahí su importancia y el interés de que participen siempre los militantes con vocación de hacer carrera política.

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