Opinión

Claves para mejorar la calidad educativa

La calidad educativa no es un sueño lejano ni una meta reservada para el largo plazo. Si bien las grandes reformas estructurales suelen acaparar titulares y debates, la verdadera transformación puede comenzar hoy mismo, con acciones puntuales, viables y de bajo costo que generen un impacto inmediato y duradero. La experiencia dominicana y la mejor evidencia internacional confirman que existen medidas concretas capaces de cerrar brechas, dignificar la docencia y garantizar mejores aprendizajes para nuestros niños y jóvenes.

Primero, asistencia escolar como base de todo aprendizaje. No hay calidad sin presencia. El primer acto educativo es la asistencia, diaria y puntual, tanto de alumnos como de docentes. Sin embargo, la inasistencia persiste como un obstáculo silencioso. Estudios como los de Esther Duflo demuestran que simples mecanismos de control como tomar fotografías del aula al inicio y al final de la jornada, pueden transformar el compromiso y la presencia. Hoy contamos con tecnologías accesibles que, sin grandes inversiones, podrían asegurar que nadie falte a su cita con el aprendizaje.

Segundo, docentes idóneos, asignados por mérito y especialidad. Una educación de calidad empieza por el aula, y el aula la define el maestro. Resulta inaceptable que aún existan docentes impartiendo materias fuera de su campo de formación o que hayan llegado al puesto por vías ajenas al mérito. Es hora de que todos los docentes se asignen por concurso y que cada profesor enseñe lo que mejor conoce y domina. Nada es más justo, ni más eficaz.

Tercero, fin a la informalidad en los sustitutos. La sustitución informal en muchos centros es un lastre para la seriedad del sistema. No se puede tolerar que quien no cumple reciba la facultad de elegir a su reemplazo. La educación requiere reglas claras y aplicación rigurosa, donde las ausencias injustificadas deben conllevar reemplazos formales y transparentes, respetando siempre los procedimientos establecidos.

Cuarto, Centros de Innovación Educativa. La experiencia de los Centros Educativos de Innovación, como los que ha impulsado EDUCA, ofrecen resultados tangibles. Allí, la comunidad, las familias y los propios estudiantes se involucran activamente en el proceso de aprendizaje, demostrando que el cambio es posible cuando todos participan. Urge consolidar y multiplicar estos espacios, especialmente programas como Familias Comprometidas, que acercan a los padres a la vida escolar.

Quinto, Instituto Cervantes. La próxima llegada del Instituto Cervantes a República Dominicana no es solo un motivo de orgullo; es una oportunidad histórica para elevar el nivel del idioma entre docentes y estudiantes. Mejorar la competencia lingüística no solo es vital para el desarrollo académico, sino que facilita la inserción en una economía global donde el conocimiento y la comunicación son moneda fuerte.

Sexto, microcertificaciones técnicas para conectar escuela y empleo. Articular la secundaria con la formación técnico-laboral es hoy una urgencia. Un acuerdo con el INFOTEP podría permitir que los bachilleres egresen con microcertificaciones técnicas, facilitando su acceso al mundo laboral. Esta medida resulta estratégica para rescatar a más de 500 mil jóvenes que ni estudian ni trabajan (“Ninis”), e incluso puede vincularse con programas de disciplina y empleabilidad junto al Ministerio de Defensa y la Policía Nacional.

Séptimo, infraestructura escolar. La mejora de los planteles no puede esperar. Hay que desplegar, mediante alianzas público-privadas, un plan de reparación, adecuación y construcción de aulas en zonas críticas como La Altagracia, Gran Santo Domingo y Santiago. Solo así podremos responder al crecimiento demográfico y garantizar entornos dignos y seguros para el aprendizaje.

Octavo, repensar la Jornada Extendida. La Jornada Escolar Extendida ha elevado considerablemente los costos del sistema sin que los resultados acompañen en la misma medida, sobre todo en áreas clave como matemáticas. Es tiempo de abrir este modelo a la participación de la comunidad, el sector privado y las organizaciones sociales, dándole un nuevo sentido, enfocado en el impacto real y medible sobre los aprendizajes.

Finalmente, la educación es, por lejos, la inversión más inteligente de cualquier sociedad. Pero invertir no basta, cada peso debe traducirse en resultados tangibles. Las propuestas aquí expuestas son factibles, urgentes y transformadoras. Mejorar la calidad educativa es responsabilidad de todos y un desafío que debemos asumir, juntos, ahora.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas