Sin lugar a duda, es urgente que nos escuchemos. Digo esto, porque considero que la lluvia de propuestas, sugerencias, consejos, opiniones y críticas, expresadas por: organismos internacionales, economistas de renombre, religiosos y políticos, en torno a la necesidad de moderar el gasto público es permanente.
Se trata de alertas que se sustentan en principios socioeconómicos de aceptación general. Son las siguiente: focalizar los subsidios, priorizar el gasto público, combatir la evasión y elusión fiscal, revisar las exenciones y exoneraciones (que constituyen gastos tributarios), detener el endeudamiento externo e interno, a fin de reducir el pago de intereses, entre otras.
Sin embargo, lo que se advierte que la respuesta a esas alertas, por parte de las autoridades es difusa. Y para colmo, en cierto estamento del Estado, emergen propuestas descabelladas que sugieren pagar deudas antiguas sin que se auditen previamente los contratos y/o soportes de estas.
Es preocupante que, de cara a la situación de riesgo para la humanidad, y nosotros no somos la excepción, debido a los conflictos bélicos Rusia, Ucrania; Estados Unidos, Israel e Irán; se produzcan actuaciones como las señaladas en el párrafo anterior. Es imperativo que las autoridades del país asuman el control de la situación con la firme decisión de implementar las medidas pertinentes, a fin de detener el deterioro que se está produciendo en la calidad de vida de la ciudadanía.
Escuchar no significa ceder principios ni renunciar a las convicciones. Es reconocer que los demás también tienen preocupaciones legítimas, que ninguna visión por si sola abarca la complejidad de un país. Un gobierno que no escucha se desconecta. Una oposición que no es escuchada se frustra.
El desafío de las autoridades no es menor… consiste en construir puentes en medio de la desconfianza. Es decir: abrir espacios reales de dialogo, en los que prevalezca el interés nacional por la salvaguarda y protección de nuestra economía, y, la voluntad firme para hacer cumplir las normativas que emanen de ese evento.
Ante este panorama, insistir en la confrontación política interna no solo resulta improductivo, sino peligroso. La falta de consensos debilita la capacidad del país para responder con agilidad y eficacia a los retos que plantea la situación.
Es hora de que Gobierno y oposición demuestren sus sensatez. Lo que está en juego es el bienestar colectivo de la nación. Actuemos con prudencia y humildad. ¡ESCUCHEMONOS!
Hasta luego…