Se trata del mismo partido que, estando en la oposición, habló hasta el cansancio de una «formulita» para reducir los precios de los carburantes y cuyos representantes denunciaban desde el Congreso lo que denominaban «abusivos precios de los combustibles».
Ese mismo partido, en el Gobierno desde agosto de 2020, acaba de darles una estocada a los consumidores con el anuncio de un alza de entre cinco y nueve pesos al galón de los combustibles de mayor uso en la población.
A diferencia de antes, cuando la protesta provenía de la oposición política, ahora son los propios ciudadanos quienes califican de abusivo el incremento, recordando que cuando el precio del barril de petróleo baja, los precios locales se mantienen; pero cuando sube, el ajuste se le carga de inmediato al pueblo.
Aumentar de golpe entre cinco y nueve pesos al galón de las gasolinas y de los dos tipos de gasoil genera un impacto demoledor en los bolsillos de los ciudadanos, ya golpeados por el alto costo de los alimentos, las medicinas, la energía eléctrica y los servicios en general.
Los efectos de este reajuste, anunciado el pasado viernes, se transferirán de inmediato al transporte, al precio de los alimentos y a la calidad de vida de la población.
Mientras el Gobierno teoriza y se preocupa por aplicar alternativas mediáticas para «minimizar» el impacto de esta alza, la medida genera una presión alcista sobre la canasta básica, un incremento indirecto en los costos de distribución y, lo más preocupante, un deterioro del poder adquisitivo familiar, ya de por sí maltrecho.
Con cada aumento en el costo de los carburantes, la capacidad para cubrir las necesidades básicas se reduce y, con ello, se deteriora el bienestar general.
Nadie ignora que el incremento del precio del barril de petróleo en el mercado internacional impacta en los precios locales. Lo que se critica es la indiferencia del Gobierno ante los factores externos, la prontitud con que anuncia las alzas y la lentitud para aplicar medidas alternativas que eviten un impacto directo sobre la mayoría de los ciudadanos. Y lo peor: la burla que representa destacar supuestos subsidios.
El incremento acumulado en los precios de los combustibles asesta un golpe severo a la población, el cual se agrava con la crítica situación del precio de la comida y las deficiencias de los servicios públicos.