Por: Sergio Sarita Valdez | Durante las elecciones internas para escoger al candidato presidencial del Partido de la Liberación Dominicana en 2019, en las que resultó escogido Gonzalo Castillo, su contrincante, el expresidente doctor Leonel Fernández Reyna, denunció un fraude mediante el cual se había instalado un “algoritmo en el software de la Junta Central Electoral para alterar la transmisión de los votos y despojarlo de la victoria”.
Siete años más tarde, desde Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, aspirante a la presidencia por el Partido de los Trabajadores, denunciaba que el gigante mediático Meta, propietario de Instagram, Facebook y WhatsApp, había interferido en el proceso electoral brasileño para que resultara favorecido en una primera vuelta su contrincante, Flávio Bolsonaro. Para la segunda vuelta del certamen en Brasil, Lula dio luz verde para que el diputado del estado de Minas Gerais, André Janones, creara el canal de WhatsApp “Ejército de Lula”, con 10.8 millones de seguidores, los cuales se encargaron de revertir la derrota inicial, convirtiéndola en una sorpresiva y contundente victoria con más de cuatro millones de votos por encima del triunfador inicial. Durante el discurso triunfal, Lula abrazó al diputado, al cual denominó “Nuestro general” en reconocimiento a la titánica labor rendida.
El uso de la inteligencia artificial, a través de las redes sociales, había conseguido una serie de victorias favorables a Washington de modo consecutivo en los últimos comicios presidenciales latinoamericanos. Recordemos los escrutinios en Colombia, Perú, Costa Rica, Ecuador, Honduras, Bolivia, Chile y Panamá. La cadena de triunfos electorales de gobiernos derechistas en Iberoamérica arranca con Javier Milei en Argentina el 19 de noviembre de 2023. El sufragio universal como método para escoger a gobernantes estatales ha tenido desde mediados del siglo pasado como vehículo propagandístico mayormente los mítines, la prensa, la radio y la televisión. El nuevo milenio evidencia como medio popular y efectivo el uso de la plataforma de Internet y, más recientemente, los mensajes cortos por vídeos transmitidos a través de las redes sociales.
Se recurre al uso de la inteligencia artificial para la creación de voz e imágenes con mensajes fabricados para influenciar individualmente a los distintos grupos sociales, previamente seleccionados con base en las preferencias de cada usuario. Las campañas proselitistas a través de las redes son rápidas, efectivas y de consecuencias adictivas para los usuarios. Don dinero hace los aportes a los magnates dueños de las redes, quienes, a modo de semáforos, dan luz verde o ponen luz roja al flujo de la información, según lo convenido. La inteligencia artificial no solamente crea imágenes y voz, sino que fabrica escenarios ficticios imposibles de ser distinguidos de eventos reales. Psicólogos y psiquiatras tienen asegurados muchos clientes entre los millones de usuarios de las redes sociales. Son muchas las personas que aseguran opinar motu proprio cuando en realidad han sido programadas para razonar acorde con los propósitos diseñados por el algoritmo. Lula da Silva tomó nota del veneno algorítmico y creó un formidable antídoto que rompió el maleficio latinoamericano.