La tercera parte de la población dominicana vive en la capital. Ganándole cada vez más espacio a la naturaleza, fuente de recursos importantes para la sobrevivencia, humanos que habitan en esta isla continúan asentándose en el Gran Santo Domingo. Y al huella urbana crece.
Muy atractivos proyectos inmobiliarios de iniciativa privada dan respuesta a la demanda de viviendas de una creciente masa de gente que trabaja, estudia y progresa, y también tiene su vehículo para transportarse. Pero, ¿Está este crecimiento regulado, pensado y normado por un proyecto de planificación integral?
Para el arquitecto urbanista Marcos Barinas Uribe, una ciudad con las dimensiones y con las perspectivas de crecimiento que tiene Santo Domingo, si no se hace algo para organizar y planificar ese crecimiento, se parece a un paciente de cáncer, indiferente ante su mal y en consecuencia, destinado a la muerte inminente y dolorosa.
Trabajar en ese sentido, implica un proceso en el que deben estar involucrados gobierno central, poder local y sociedad civil, pensando como quieren ver está ciudad dentro de 50 años. De hecho acciones importantes ya se están comenzando a hacer. Un ejemplo de ello es el Plan Maestro del Alcantarillado Sanitario del Gran Santo Domingo, concebido con el fin de solucionar de manera definitiva el problema de las aguas pluviales y residuales del Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo.
¿Cómo se llena la capital de gente? Barinas explica que para entender de modo racional el tema demográfico y la relación ciudad campo, hay que analizar el territorio de la isla completo. «No importa si se es anti haitiano o pro haitiano, debemos tener en cuenta que gente que viven de aquel lado de la isla seguirá llegando a Santo Domingo».
Lo que diferencia el proceso demográfico de ambas naciones, explica, radica en el porcentaje de población urbana contra la rural, además de la distribución que esta tendrá en sus conglomerados urbanos.
De acuerdo a la ONU, en el 2005 el 67% de la población dominicana era urbana, mientras que solo 44% de los haitianos vivía en ciudades. Según esa misma fuente, para 2040 el 88 % de la población dominicana y 73% de la haitiana habitarán en ciudades. «El crecimiento anual de la población urbana en Haití es de un 4%, mientras en República Dominicana es de un 2%».
Históricamente, las poblaciones de Haití y República Dominicana se han mantenido iguales. Las diferencias de una y otra nunca pasa de un millón. En estos momentos hay casi 11 millones de este lado y lo mismo de aquel lado. «Estamos hablando de 21 o 22 millones de personas habitando la isla actualmente».
De acuerdo a las proyecciones de urbanización mundial realizadas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ambas poblaciones crecerán a la par hasta el 2040. Incluso sus dos centros urbanos más importantes, Santo Domingo y Puerto Príncipe, rondarán poblaciones muy similares en la próxima década.
En ese tiempo, que no es nada, como dice el tango, 21 millones de humanos habitantes en la Hispaniola, vivirá en ciudades. «La tendencia a la cual nos dirige esta data es preocupante. República Dominicana tendrá más ciudades o aglomeraciones urbanas que Haití para distribuir su movilidad campo-ciudad. Puerto Príncipe tenderá a saturarse en corto tiempo pues las proyecciones no indican que otra ciudad o aglomeración urbana llegue a superar los 500 mil habitantes en Haití»
Barinas, quien fungió como director técnico del Consejo Nacional de Asuntos Urbanos (CONAU) y director de Urbanismo en el Instituto Nacional de la Vivienda (INVI), analiza que la región metropolitana de Santo Domingo recibirá la mayor cantidad de nuevos habitantes urbanos debido a su histórica supremacía poblacional en la isla.
Si se visualiza a Santo Domingo como ciudad región, esto es sumando a San Cristóbal y Haina, la población actualmente anda por los 4 millones de habitantes. Para 2040 alcanzará los 7 millones de habitantes según las proyecciones que hace Barinas.
En la década de los 80, Santo Domingo como ciudad región no pasaba de los 2 millones de habitantes y una huella urbana no tan grande. Pero a partir de algunas intervenciones de infraestructuras, la situación comenzó a cambiar. Para 2003, la ciudad había crecido 25% de su tamaño
Uno de los aspectos que influyeron en este crecimiento, fueron medidas que fomentaron el desarrollo de la transportación privada. Los ejes principales fueron al rededor de las remozadas y renovadas Carretera Duarte hacia el Norte, y Autopista Las Américas hacia el Este.
La ciudad creció rápidamente en esas dos direcciones, con numerosos proyectos habitacionales de iniciativa privada. Barinas deplora la deficiencia de regulaciones que hayan trazado el proceso de crecimiento urbano. «Esta ciudad no crece a partir de ordenanzas, si no más bien por ideas y proyectos individuales».
Ahora, la ciudad tiene una oportunidad con la construcción de la Circunvalación desde Haina hasta Boca Chica. Un proyecto muy necesario, dice Barinas, pero que debe ir acompañado de medidas para que no arrastre la consecuencia de aumentar la huella urbana sin control.
A pesar de que la Oficina Nacional de Estadística (ONE) pronostica que el Gran Santo Domingo del futuro seguirá aumentando su densidad en el Distrito Nacional y Santo Domingo Este, Barina analiza que con todas las inversiones que se están haciendo el peso del crecimiento se irá a la periferia.
«Las consecuencias de esto es que la ciudad crecerá más horizontalmente con mucho menos densidad. Eso tendrá un impacto en los recursos naturales, en los recursos hídricos y agrícola. Si no atendemos ese tema podemos generar consecuencias graves para la ciudad de aquí a 20 años, y eso pasas rápido».
Hay una tendencia en creer que la ciudad del futuro es una ciudad vertical. Para Barinas eso es falso. «Es una ilusión creada por la fantasía de las películas. El crecimiento vertical no implica mayor densidad. Y el mejor ejemplo de eso es que los sectores más densos de esta ciudad no son Naco, ni Piantini. Son Capotillo y los sectores de la zona Norte de la ciudad donde las edificaciones no pasan de cuatro niveles».
Cree que posiblemente los crecimientos horizontales de alta densidad sean más eficientes en términos de crecimiento urbano que los verticales. Entiende que el crecimiento vertical trae muchos problemas, si bien no satisface la imagen corporativa de la ciudad. Lamenta que esta ciudad no está preparada para recibir este tipo de crecimiento vertical.
«Fíjate en que se han convertido Naco y Piantini. Visto desde el aire se ve muy bonito, pero caminando te das cuenta que son unos sectores increíblemente desagradables para vivir. Si hubiera existido una planificación correcta del polígono central hubieran entendido que en esa área debió tener más espacio público, las aceras debieron ser más anchas, ningún desarrollador debió construir una torre en un lote donde antes había solo una casa. Se dejó que creciera a partir de lo que el sector inmobiliario quisiera, y ese sector se sirvió con la cuchara grande en desmedro de la vida publica».
Y aunque si existen las normativas que dictan buenas regulaciones para el Poligono Central y para toda la ciudad, a entender de Barinas a estas no se les ha sacado el mejor provecho en el momento de la implementación.
Para la próxima entrega se tratara los temas de transportación, espacios públicos y servicios de infraestructura.