Opinión

Revolución Sanitaria

Desde el siglo XX, el Sistema Sanitario de la República Dominicana, ha ido a un modelo de repetición con algunas modificaciones que al final resulta ser lo mismo. Esto convierte la salud en la Republica Dominicana en ineficiente, ineficaz e inequitativa, llegando incluso a la deshumanización en muchos casos. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ha tratado de mejorar la salud en la población dominicana, y en cierta medida. ha logrado avances; sin embargo esto no vienen a satisfacer las demandas en cuanto a salud, resultando al final más de lo mismo y de lo histórico.

En nada se ha logrado plasmar el deseo del maestro y líder profesor Juan Bosch de ver su pueblo feliz y seguro con la salud garantizada, haciendo a la población coparticipe de su destino; por eso nos dijo, cito “la salud es una responsabilidad del Estado, la sociedad y el individuo, es decir uno mismo”.

En el primer lustro del siglo XXI debemos aprovechar las lesiones aprendidas para que el próximo gobierno encabezado por nuestra institución política (PLD) inicie la verdadera revolución sanitaria del país, implementando todas las experiencias adquiridas y así evitemos ser más de lo mismo evitando ser el barril sin fondo que somos en la actualidad en este territorio que intenta desarrollarse bajo enormes sacrificios.

La salud, es decir, el sistema sanitario dominicano, debe ir en consonancia con la Ley general de Salud y la Ley de la Seguridad Social, produciendo los cambios que se adecuen a los tiempos modernos.

Se hace urgente que además del Ministerio ser el ente rector de la salud en la República Dominicana, este salga de ser el ente protagónico en materia de la atención a las personas y se convierta en el rector para la prevención de las enfermedades, sin olvidar las enfermedades ya producidas y las enfermedades catastróficas como cáncer, diabetes, esclerosis múltiples, los diferentes síndromes que hasta el momento se han producido. Prevenir es evitar y reducir el gasto que favorece la ineficiencia.

La ciencia, los avances tecnológicos y la inversión económica se convierten en tres patas de la mesa que vendrían a dar respuestas a las necesidades tan sentidas por tantos años, si a estas agregamos la cuarta pata que viene a ser el individuo y las comunidades, tendríamos el cambio que verdaderamente necesitamos; se necesita adicionar mucha información, mucha educación sanitaria y mucha conciencia para que se cristalice el deseo de Don Juan Bosch de ver un pueblo sano, feliz y desarrollado.

Trabajemos por el futuro esperado por el pueblo que cree en que nosotros podemos hacerlo.

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