Opinión

Crisis Política e Influenza H1N1

Es el mes de mayo, falta un año para que la población acuda a ejercer el derecho supremo de la democracia, escoger las autoridades que administrarán el Estado en el cuatrienio 2016-2020, en el momento en que el estado de salud de la ciudadania está siendo amenazado por el brote del virus de la influenza. Por esta razón la agenda de los medios de comunicación está dominada por los temas de la política y la salud, lo que hace propicio el momento para reflexionar sobre el vinculo indisoluble entre las políticas públicas y la salud de la población, con la débil esperanza que sea tomado en cuenta en las agendas políticas de los equipos encargados de hacer las ofertas electorales que estarán contenidas en los programas de gobiernos a ser presentados al electorado.

La Promoción de la Salud, con las Políticas Públicas como una de sus estrategias, fue el tema de Primera Conferencia Internacional de Promoción de la Salud. En su declaración final, La Carta de Ottawa, acotó: “La salud se crea y se vive en el marco de la vida cotidiana; en los centros de enseñanza, de trabajo y de recreo. La salud es el resultado de los cuidados que uno se dispensa a sí mismo y a los demás, de la capacidad de tomar decisiones y controlar la vida propia y de asegurar que la sociedad en que uno vive ofrezca a todos sus miembros la posibilidad de gozar de un buen estado de salud”.

El estado de bienestar del ciudadano es el producto de los cuidados que sea capaz de dispensarse en el marco de la cotidianidad que le circunda al relacionarse con los demás. Y será más elevado mientras más favorables sean los factores que permitan dicho cuidados. La conferencia señaló cinco factores indispensables para mantener la salud independientemente del modelo de organización social, los mismos son, a saber: el trabajo, la paz, la educación, la justicia social, y la equidad.

Más del 55% de la población del país pertenece a las capas bajas de la pequeña burguesía, mediana baja, pobre y muy pobre de la misma. Esta desarrolla su existencia en asentamientos humanos ubicados en las periferias de las grandes ciudades; en terrenos irregulares, sin diseño urbanístico previo, por lo tanto sin servicios vitales necesarios, como: agua, electricidad, deposición de excretas o aguas servidas para un adecuado cuidado personal. Con una degradación en progreso del medio ambiente producto de la excesiva presión a la que está sometido por una densidad poblacional de hasta treinta mil habitantes por kilómetro cuadrado, cuando la media nacional es de doscientos ocho habitantes por kilómetro cuadrado.

Las personas criadas en este medio desarrollan un comportamiento social emocionalmente impulsivo, tendente a la violencia, modelado por vivir atento a la oportunidad para defender el espacio vital donde desarrolla la familia; con una renta insuficiente para cubrir necesidades básicas, en el mejor de los casos y restricción para usar los servicios generados por el Estado, como el de la educación y salud, determinantes para el desarrollo humano. Este por ciento de la población interactúa en los centros de educación, de trabajo, en las vías públicas y centros de recreación, en fin en la cotidianidad del hogar con el cuarenta y cinco por ciento restantes de la población.

De ahí la alta vulnerabilidad del estado de salud personal y la prevalencia de un perfil epidemiológico caracterizado por: la muerte de personas por enfermedades transmisibles que debieron ser erradicadas, por violencias o por accidentes de tránsitos, por enfermedades del sistema circulatorio; o la muerte de personas en edades o condición fisiológicas vulnerables como los niños, la mujer o la mujer en estado de embarazo.

La reversión de las causas de este cuadro epidemiológico excede a las capacidades generadas por el saber médico y desborda la posibilidad del sector salud, este es uno de los factores por lo que la gran inversión en la adecuación y construcción de hospitales públicos no se traduce en aumento de la calidad de la atención de los servicios de salud y mucho menos impacta de la tendencia de los indicadores sanitarios. Por lo que se requiere acudir a un conocimiento más integrador de las capacidades humanas y esto solo es posible desde la perspectiva de las Políticas Públicas Saludables (PPS), lo cual no es más que valorar el impacto que las políticas públicas tienen en la salud de la población.

Para variar la tendencia de los indicadores de salud es indispensable afrontar el reto que la Organización Mundial de la Salud (OMS) les hace a los tomadores de decisiones al momento de diseñar las políticas, tener en cuenta la relación indisoluble entre la salud y los entornos social, físico y económico. Poner en el centro la salud de la sociedad cuando se están creando las políticas públicas, implica velar por el movimiento social integral diseñando espacios de concertación donde se tomen en cuenta las acciones, los actores, los grupos y los intercambios como elemento esencial para hacer eficaz los mecanismos de promoción de la salud.

En un trabajo que publicara la OMS señala que, “la expresión Política Pública Saludable se le aplica a toda decisión gubernamental que contribuye a mejorar las condiciones de salud de la población. Como tal tiene un impacto directo en el bienestar de la población, constituyendo así un mecanismo tendiente a resguardar la existencia de factores determinantes de la salud, incluidos el trabajo, la paz, la educación, la justicia social y la equidad”.

Los ejemplos de las naciones que han logrado el salto al desarrollo están ahí, su marca es el rostro del estado de bienestar de sus ciudadanos, la vía es el Paradigma de Promoción de la Salud y la creación de las Políticas Públicas Saludables una de sus estrategias, adoptarlo más que un reto es una responsabilidad impostergable.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas