Opinión

A 43 años de distancia

De Don Juan Bosch aprendí, que cuando buscamos nuevos paradigmas no podemos olvidar los aciertos de los paradigmas anteriores. Él nos enseñó, que sin ellos no tendríamos bases sólidas de sustitución de los modelos del pasado por los nuevos modelos del futuro. Reconocer las valías de los modelos sustituidos, para sobre ellas fortalecer los nuevos modelos, es una actitud positiva para el éxito partidario.

Con él fue que descubrimos, que instruir adecuadamente y trabajar de manera dedicada para lograr que los demás se apropien de las tareas que debemos enfrentar en la búsqueda de lograr nuestras metas, es una labor que tiene mucho que ver con la calidad de la misión particular de cada uno de los integrantes del equipo de trabajo. Todo este amasijo de instrucción, dedicación y misión, abrió ante los jóvenes peledeístas una percepción capaz de colocarnos en los caminos del triunfo o del fracaso, enseñándonos siempre, que las derrotas se convierten en triunfos, cuando persistimos en nuestras metas.

Como perciban las personas al partido, así será el partido ante la opinión generalizada del ámbito de influencia de quienes creen una cosa u otra. Los ciudadanos se forman una imagen de la organización, a través de los que escuchan en el contexto de sus actividades y relaciones.

De don Juan Bosch fue que aprendí, que lo que la gente escucha sobre el partido o sobre mí en los coloquios y en las informaciones que lee o escucha, va formando una concepción por parte de las personas. Estas opiniones e informaciones, conteniendo datos concretos y abstractos, se convierten en informaciones validas, por lo tanto, la información es un arma en la guerra por el establecimiento de percepciones.

En esta parte, la comunicación tiene una importancia capital, porque es ella la que en la mayoría de los casos, con lo que hace percibir a través de los medios, la que logra una construcción de actitudes, favorables o no. Y entonces éstas son comentadas en el mundo social como ciertas e irrefutables verdades. A la gente común le gusta el morbo y por naturaleza, el género humano busca lo negativo de las personas que comparten su espacio. Esto se encuentra en su naturaleza y algunos se atreven a decir, que se encuentra en sus genes.

En este punto quiero lanzar la pregunta: ¿Cómo anda la imagen del Partido de la Liberación Dominicana ante la sociedad? La respuesta a esta pregunta puede trabajar un sin número de aristas, capaces de construir paradigmas nuevos. Pero cuidado, estos neo paradigmas deben ser construidos en consonancia con los actores involucrados en los proceso, deben tomarse las decisiones de forma transparentes y definir bien las responsabilidades y los compromisos de origen y de actualidad.

En la praxis que Don Juan Bosch procesa en el partido, se destaca la previsión, como primer elemento de la acción del dirigente. Su aseveración: “un buen líder debe aprender a oír cantar al Gallo, dentro del cascaron del Huevo” nos indica su profundo conocimiento sobre la práctica del mando. Don Juan entendía a profundidad el papel de la visión, demostrando con sus pasos históricos que ella sirve para saber hacia dónde vamos como institución y como persona. Cuanto agradezco al líder histórico sus enseñanzas holísticas sobre el quehacer en los procesos situaciones de la convivencia humana.

Don Juan demostró en el proceso de construcción y desarrollo del PLD, que sabía muy bien que la instrucción y la dedicación trabajan permanente las rutas -con el comedimiento necesario- de una buena gestión. Nadie antes que él en la nación dominicana, vio a la organización partidaria desde la óptica del desarrollo empresarial, en el sentido de la estructuración de los procesos, sobre equipos de trabajo unificados hacia la consecución de metas.

Todo el partido hacia planes de trabajo y los evaluaba en forma sostenida, llegando a tomar decisiones en base a los resultados, porque en el partido de esa época había consecuencia ante los resultados. Eso se perdió desde unos años antes de su muerte y fue ahí donde pereció la meristocrácia en el PLD, dejando en el pasado los méritos para el ascenso intrapartido y su lugar paso a ocuparlo el nivel económico y la capacidad de maniobra.

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