Opinión

Reto esencial en el área educativa

Mejorar la calidad hasta alcanzar un sitial preponderante en América, ese debe ser el reto básico del Sistema Educativo Dominicano para el segundo decenio del siglo XXI. Hay que trabajar en la búsqueda de refuerzos motivacionales capaces de lograr que en cada aula haya un profesor capaz de crear la necesidad de aprender en cada uno de sus alumnos. Para alcanzar esa meta, debe trabajarse al docente en su actitud frente al oficio que desempeña, desarraigar actitudes que lleven al profesor al desánimo y por ende a la inoperancia de su quehacer en el aula.

Desaprender costumbres enraizadas en la conducta del profesor, las que al ser observadas desde el pupitre que ocupa el alumno y desde el hogar, van construyendo desaliento y desesperanza. Podríamos colocar como ejemplo el pesimismo enarbolado por muchos profesores desesperanzados ante sus condiciones materiales de existencia, los que transitan por la sociedad sin esperanzas de mejora material a mediano plazo, reflejando fracaso en sus discursos y exposiciones dentro del contexto de la escuela.

Iniciar la construcción de una cultura organizacional escolar, donde no existan padres menospreciados por el docente ni minimizados por la dirección del centro.

Aunque muchos no lo crean, en los Centros Educativos dominicanos, existen muchas repúblicas dominicanas, y las podemos encontrar en cada una de las corrientes magisteriales del gremio que agrupa a los profesores. Necesitamos reafirmar la idea de que solo existe una República Dominicana y que esta unificada en su Constitución, leyes adjetivas y demás normas establecidas, dentro del régimen burocrático administrativo de la nación.

Al abordar esta realidad, debemos buscar consenso, en aras de conseguir una práctica distinta, dentro del conjunto denominado Sistema Escolar Dominicano, estableciendo responsabilidades desde la principalía de acción del profesor en cada una de sus aulas, pasando por el equipo de gestión, vinculando a los hogares donde viven los alumnos y hasta el Distrito Escolar. En estos dos niveles de acción, deben centrarse las consecuencias ante los comportamientos, debido a que en ellos descansa el trabajo dinámico de mayor compromiso social.

Estos niveles, deben ser escogidos por verdaderos concursos públicos y contradictorios, para que sean ganados por los mejores prospectos. En ese mismo orden, estos servidores públicos, debieran contratarse por un tiempo de prueba y dejarles en forma definitiva, luego de una serie de evaluaciones técnicas.

Este proceso debe ser dirigido por una empresa no gubernamental y contratado para tales fines, bajo el control de las normas que establecen cómo se hacen las contrataciones de servicios públicos.

Sobre esta plataforma, se podrían enfrentar con éxito realidades como las que describimos a continuación: en las pruebas internacionales, los estudiantes dominicanos han obtenido las peores calificaciones de la región, pero en las pruebas nacionales, 3 de cada 10 estudiantes de media no aprueban y sucede en forma reincidente, lo que se convierte en una muestra ineficacia. El hecho de que la gran mayoría de los niños asista a la escuela, pero persistan importantes retos en los niveles inicial, primaria y de bachillerato, que se han ido resolviendo muy lentamente, adicionan preocupaciones tormentosas, debido a su persistencia en el tiempo, sin avizorarse planteamientos para resolverlos a través de una planeación que pueda monitorearse.

Los indicadores de promoción, repetición y deserción han mejorado, es innegable. De igual manera, la escolaridad promedio también aumentó, principalmente por el aumento de la escolaridad de las mujeres. Pero la escolaridad promedio sigue en 9,7 años y la sobre edad sigue siendo un problema.

Existen grandes diferencias en los indicadores educativos entre el 20% más pobre de la población y el 20% más rico, haciendo del Sistema Educativo Dominicano, un reproductor de la desigualdad.

Se evidencian algunos avances hacia la mejora del sistema de evaluación, pero todavía quedan tareas pendientes. La definición de estándares de contenido, de desempeño y de oportunidades de aprendizaje sigue constituyendo un desafío para la educación dominicana.

El aumento de los docentes titulados no se ha traducido en una mejora en los resultados educativos de los alumnos y no se ven medidas desde el Ministerio para evaluar esa realidad. Hay avances en la creación de sistemas de evaluación de los maestros, aunque aún no se utilizan para la aplicación de los incentivos ni para mejorar el proceso de enseñanza, se ha estado haciendo en forma populista sin una perspectiva de mejora. En ese mismo orden, la participación de los docentes en la reforma educativa ha sido limitada, porque para hacer cambios en la planeación, no se han tomado en cuenta en los distintos procesos del Plan Estratégico, tomándose decisiones al margen de las escuelas donde laboran los profesores.

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