A escala planetaria, los actos terroristas tienen siempre, además de la lamentable e irrecuperable pérdida de tantas vidas humanas, otras consecuencias inmediatas y negativas sobre la economía, difícilmente cuantificables. Pero aunque la experiencia muestra que estas últimas, suelen tener una duración corta, a menos que se repitan dichos ataques, lo que en la realidad provoca una reducción de la riqueza de un país, por su destrozo, de su stock de capital humano: los muertos y heridos, y de capital físico, en particular, las infraestructuras destruidas o dañadas.
Dicha incertidumbre deriva de que es una acción por sorpresa, en la que pierden la vida cientos de personas y otros miles sufren heridas, realizada por un enemigo sin rostro, que no puede distinguirse fácilmente del resto de los ciudadanos. Es que este es difícilmente infiltrable, que funciona con una racionalidad diferente, ya que es producto del fanatismo, que no tiene conciencia ni remordimiento por el mal que hace, que no discrimina en sus objetivos, que no le importa, si es necesario, inmolarse, ya que así entiende que se asegura el paraíso prometido en el más allá y que, además, en este caso, ha podido prepararse con tiempo suficiente.
No hay nada peor para las decisiones económicas que la incertidumbre, los agentes económicos se pueden adaptar al riesgo y, de hecho, los inversores viven de él, pero nadie sabe cómo actuar en un entorno totalmente incierto y, en este caso, difícilmente controlable. Nos encontramos, pues, ante un caso extremo de incertidumbre, ya que no afecta sólo a la economía, sino sobre todo a la misma vida de las personas.
La reacción inmediata de los ciudadanos es pensar que, en lugar de ser un ataque aislado, pueda volver a darse o pueda ser parte de una cadena de atentados. Esto hace que muchos de ellos reaccionen con miedo y, en algunos casos, con pánico y son estas situaciones las que producen un mayor deterioro en la actividad económica, a mayor miedo mayor paralización de la vida económica.
Como prueba reciente de los efectos económicos del terrorismo están los ataques terroristas de París los cuales tuvieron un costo financiero de más de 2.000 millones de euros, debido a la disminución del turismo y del gasto en consumo, equivalente a un 0,1% del PIB de Francia. Por igual, las experiencias ponen de manifiesto que el efecto económico de los ataques terroristas suele ser de corto plazo, aunque la excepción muestra que en el caso del 11-S, el Dow Jones tardó cinco años en recuperar su nivel y el PIB de EE.UU que sufrió su peor contracción en una década, con una caída trimestral del 1,3%.
No obstante, la reaparición del terrorismo global en los últimos años está causando un encarecimiento de los costes de estos actos reprochables. Las cifras mas confiables, reflejan que los ataques terroristas causaron un impacto económico de más de 49,000 millones de euros sólo en 2014, que es la cifra más alta desde que se tienen registros, el año 1997, lo que supone un incremento del 61% respecto al 2013 y diez veces más de lo que se estimó el año 2000, pero es que se calcula que los conflictos del terrorismo han venido causando un retroceso del 2% del crecimiento del PIB en una economía mediana durante al menos dos años.
Hay que resaltar que se tiene la precisión que en 2014 los costes económicos globales del terrorismo alcanzaron los 52.900 millones de dólares, con un impacto económico total de 105,800 millones. La cuantificación de los costes económicos globales totales del terrorismo es complicada ya que los costes directos incluyen la pérdida directa de vidas y los daños a la propiedad producidos por un ataque terrorista, pues a medida que aumenta la actividad terrorista, también se incrementa la inseguridad dentro de las sociedades, y los gobiernos responden a ella gastando en medios para la lucha contra el terrorismo.
Desde el 11 de septiembre del 2001, diversos gobiernos del mundo, entre ellos el de Estados Unidos, han ampliado significativamente su arquitectura de seguridad nacional y las entidades de seguridad nacional son definidas generalmente como organizaciones gubernamentales encargadas del seguimiento, la recopilación y el procesamiento de información con fines de inteligencia y contrainteligencia. Pues para lograr tales objetivos, los costos globales de esta decisión han representado la fría suma de US$ 117,000 millones de dólares en 2014, en lo cual EE. UU acumula el 70% del total del gasto mundial en seguridad nacional ya que durante el periodo 2001-2014 el gasto en agencias de seguridad interna en EE UU ha sido de 1,1 billones de dólares, una media de 73.000 millones al año.
Los últimos acontecimientos terroristas que se han registrado en Francia, Inglaterra, EE.UU, Grecia y España ponen en evidencia que las perspectivas de los gastos directos en la contención del terrorismo serán en general mucho mayores que las pérdidas económicas causadas por este hasta el momento. La literatura económica establece que si bien el crecimiento económico y la producción pueden verse afectados negativamente por actos de terrorismo, no existe una relación uniforme en todos los países, pues la naturaleza variada del terrorismo, la resiliencia de una economía y el nivel de seguridad son todos factores que influyen en determinar lo costoso que puede ser el terrorismo para la economía de un país en todo los órdenes.