En este artículo, les seguiré reflexionando acerca del difícil proceso de relaciones dominico- haitianas, pero en esta ocasión puntualizaremos sobre las alianzas en que han participado dominicanos y a haitianos para tomar acciones estratégica de importancia histórica irrefutables, tanto para Haití como para la República Dominicana.
La primera de esta alianza se presenta en la estrategia desarrollada por el patricio Juan Pablo Duarte, cuando decide aliarse al movimiento haitiano en contra de Jean Pierre Boyer. Ese movimiento conspirativo haitiano se conoce en la historia haitiana como “La Reforma” y buscaba desalojar del poder a quienes tenían más de tres lustros gobernando esa nación.
La segunda alianza que se manifiesta -con Duarte en el exilio- en la determinación del gobernador haitiano de la parte este de la isla -General Henri Etienne Desgrottes- quien deja en actuación casi libre a los Trinitarios, aprovechando esa actitud trabajaron bajo el silencio de la discreción, completando el proyecto de separación la madrugada del día 27 de febrero de 1844.
Una tercera acción de alianza entre la nación dominicana y la haitiana, la protagonizaron Gregorio Luperón y Fabre Geffrard, como una forma de colaboración en contra de España, porque la anexión que se realizara por voluntad del General Pedro Santana tenia inquietos a algunos de los lideres haitianos, quienes apoyaron a los restauradores en sus objetivos de soberanía nacional.
La cuarta y última alianza se pone de manifiesto en la reforma constitucional de Haití del año 1867, en donde se elimina el término “isla” y se coloca el término “República de Haití” como un gesto que acuerda la paz y la amistad en forma perenne. Esta fecha debiera ser una efeméride patria en nuestra naciion, porque el día en que se promulga esta constitución, se cristaliza el objetivo de Juan Pablo Duarte de una vez y para siempre.
No olvidemos las efemérides que corresponden a la entrada por Haití de Francisco Del Rosario Sánchez y por supuesto, las palabras ante el pelotón de fusilamiento.
Por otro lado, puede afirmarse que los Trinitarios no tenían nada en contra del pueblo haitiano, salvo la legitima aspiración de fundar una nación, chocando con los propósitos de la cúspide del poder, que buscaba solucionar con nuestro territorio el problema que había creado Boyer con la promesa de repartir tierras a los militares haitianos que pertenecían al desaparecido régimen de Henri I.
Otro aspecto importante se encuentra en el hecho de que los Trinitarios no tenían asomo de racismo, debido a que la mayoría de la población de habla española era mestiza o negra, con unos pocos blancos. Anteriormente hablamos de la población hispanohablante de la isla, la que ascendía a unos 63 mil habitantes y entre ellos 56 mil aproximadamente eran negros y mulatos.
En la composición trial de nuestros principales padres fundadores se encuentra un mulato que compartía con Juan Pablo Duarte una amistad y compañerismo a toda prueba. En ese mismo orden, los Trinitarios encabezados por Duarte pusieron sus ideas en la primera constitución de la nación que gestaron y en ella no existe ningún vestigio de racismo ni de segregación. En cambio no puede decirse lo mismo de la Carta Magna de Haití.
El proceso social que hemos vivido con la hermana nación haitiana no ha sido fácil al transcurrir de los años, porque lo que ha estado en juego en esta lucha de dos pueblo por sobrevivir, va más allá de las necesidades materiales, porque el proceso colinda con el honor.
No es un asunto vulgar de medios existenciales, es una cuestión en donde se viven sentimientos arraigados en unas costumbres distintas, en unas creencias distintas, pero sobre todo en la verdad de unos hechos y la tergiversación de éstos, a través de la manipulación de unas elites que nada tienen que ver con el bien común de las naciones en conflicto, sino con sus propios intereses.
La nación dominicana defendió y defiende su idioma, su honor familiar, su legítima libertad, su modo de vida, sus creencias, la seguridad de los suyos. Pero sobre todas estas legitimidades libérrimas, pide respeto a sus antepasados y lo hará en todas las circunstancias y en todo momento de la historia. De eso estoy seguro, porque nuestra nación está construyendo solemnemente sobre sus costumbres y su folklore, una historia que acabará forjando su carácter nacional de tal manera, que nada podrá con la eternidad de su existencia.
En este artículo, les seguiré reflexionando acerca del difícil proceso de relaciones dominico- haitianas, pero en esta ocasión puntualizaremos sobre las alianzas en que han participado dominicanos y a haitianos para tomar acciones estratégica de importancia histórica irrefutables, tanto para Haití como para la República Dominicana.
La primera de esta alianza se presenta en la estrategia desarrollada por el patricio Juan Pablo Duarte, cuando decide aliarse al movimiento haitiano en contra de Jean Pierre Boyer. Ese movimiento conspirativo haitiano se conoce en la historia haitiana como “La Reforma” y buscaba desalojar del poder a quienes tenían más de tres lustros gobernando esa nación.
La segunda alianza que se manifiesta -con Duarte en el exilio- en la determinación del gobernador haitiano de la parte este de la isla -General Henri Etienne Desgrottes- quien deja en actuación casi libre a los Trinitarios, aprovechando esa actitud trabajaron bajo el silencio de la discreción, completando el proyecto de separación la madrugada del día 27 de febrero de 1844.
Una tercera acción de alianza entre la nación dominicana y la haitiana, la protagonizaron Gregorio Luperón y Fabre Geffrard, como una forma de colaboración en contra de España, porque la anexión que se realizara por voluntad del General Pedro Santana tenia inquietos a algunos de los lideres haitianos, quienes apoyaron a los restauradores en sus objetivos de soberanía nacional.
La cuarta y última alianza se pone de manifiesto en la reforma constitucional de Haití del año 1867, en donde se elimina el término “isla” y se coloca el término “República de Haití” como un gesto que acuerda la paz y la amistad en forma perenne. Esta fecha debiera ser una efeméride patria en nuestra naciion, porque el día en que se promulga esta constitución, se cristaliza el objetivo de Juan Pablo Duarte de una vez y para siempre.
No olvidemos las efemérides que corresponden a la entrada por Haití de Francisco Del Rosario Sánchez y por supuesto, las palabras ante el pelotón de fusilamiento.
Por otro lado, puede afirmarse que los Trinitarios no tenían nada en contra del pueblo haitiano, salvo la legitima aspiración de fundar una nación, chocando con los propósitos de la cúspide del poder, que buscaba solucionar con nuestro territorio el problema que había creado Boyer con la promesa de repartir tierras a los militares haitianos que pertenecían al desaparecido régimen de Henri I.
Otro aspecto importante se encuentra en el hecho de que los Trinitarios no tenían asomo de racismo, debido a que la mayoría de la población de habla española era mestiza o negra, con unos pocos blancos. Anteriormente hablamos de la población hispanohablante de la isla, la que ascendía a unos 63 mil habitantes y entre ellos 56 mil aproximadamente eran negros y mulatos.
En la composición trial de nuestros principales padres fundadores se encuentra un mulato que compartía con Juan Pablo Duarte una amistad y compañerismo a toda prueba. En ese mismo orden, los Trinitarios encabezados por Duarte pusieron sus ideas en la primera constitución de la nación que gestaron y en ella no existe ningún vestigio de racismo ni de segregación. En cambio no puede decirse lo mismo de la Carta Magna de Haití.
El proceso social que hemos vivido con la hermana nación haitiana no ha sido fácil al transcurrir de los años, porque lo que ha estado en juego en esta lucha de dos pueblo por sobrevivir, va más allá de las necesidades materiales, porque el proceso colinda con el honor.
No es un asunto vulgar de medios existenciales, es una cuestión en donde se viven sentimientos arraigados en unas costumbres distintas, en unas creencias distintas, pero sobre todo en la verdad de unos hechos y la tergiversación de éstos, a través de la manipulación de unas elites que nada tienen que ver con el bien común de las naciones en conflicto, sino con sus propios intereses.
La nación dominicana defendió y defiende su idioma, su honor familiar, su legítima libertad, su modo de vida, sus creencias, la seguridad de los suyos. Pero sobre todas estas legitimidades libérrimas, pide respeto a sus antepasados y lo hará en todas las circunstancias y en todo momento de la historia. De eso estoy seguro, porque nuestra nación está construyendo solemnemente sobre sus costumbres y su folklore, una historia que acabará forjando su carácter nacional de tal manera, que nada podrá con la eternidad de su existencia.