Roberto Claudio
El caos que imperan en numerosos lugares de la ciudad capital, con la ocupación de los espacios públicos y otras áreas citadinas, es consecuencia del desdén con que las autoridades edilicias enfrentan la situación, haciéndose de la vista gorda para evitar cargar con eventuales costos políticos.
Ninguna otra razón parece lógica al observar cómo los vendedores del llamado Mercado Nuevo, en la parte alta de la avenida Duarte, se han desplazado para ubicarse a todo lo largo y todo lo ancho del puente sobre la avenida Máximo Gómez, hasta ocupar la vía y la rotonda del lugar.
La suciedad, el desorden y el caos que imponen allí los vendedores de comestibles provoca un extraordinario taponamiento que en horas pico alcanza varias cuadras en todas direcciones, agravando a su máxima expresión la perturbación a ciudadanos que regresan a sus hogares luego de arduas jornadas de trabajo, o a estudiantes que van o regresan de sus centros de estudios.
Y todo ante la mirada indiferente de la Alcaldía del Distrito Nacional, mientras los agentes de la Autoridad Metropolitana del Transporte, AMET, pasan las de Caín para armonizar a enardecidos conductores que pierden la paciencia. Incluso una persona murió a tiros durante un incidente con los agentes que trabajan en el lugar.
Es un malestar que puede quedar reducido a su mínima expresión, si las autoridades del Ayuntamiento de la capital hacen valer las ordenanzas municipales que obligan a respetar los espacios públicos, como han logrado hacer los alcaldes de otros municipios del Gran Santo Domingo.
La Alcaldía capitaleña está en la obligación de limpiar las vías públicas convertidas en improvisados mercados, con todos los agravantes de suciedad y obstrucción al tránsito que ello genera para malestar de los residentes en numerosos sectores en un radio de dos o tres kilómetros.
“Si Jehová no cuida la casa, de nada sirve que el trabajo del celador”, dice la Biblia. Como de nada sirve el valioso trabajo de los agentes de AMET en el lugar, si las autoridades municipales no se ocupan de cuidar los espacios públicos de los buhoneros y vendedores informales que se instalan en cualquier parte.
Otros lugares arrabalizados
Otros lugares han venido siendo igualmente arrabalizados en la capital ante la mirada indiferente de quienes tienen la responsabilidad de resguardar los espacios públicos, como es el caso de largos tramos de la avenida Duarte, y la calle José Martí, seriamente interrumpida en sus aceras y asfaltado, por las casetas de buhoneros y demás comercios informales, operados hasta por extranjeros indocumentados.
Las autoridades municipales tienen que cumplir con la responsabilidad para la que fueron electas, y evitar la ocupación de los espacios públicos en la capital, y mejor aun, desalojar a quienes los hayan ocupado de manera ilegal. Eso se comprometieron a hacer, y tienen que cumplir como se ha hecho en otras ciudades.
Tal negligencia viene ocasionando graves daños a la clase política gobernante en muchos países, y no crear conciencia de ello es arriesgarse a que un día cualquiera la población sea dirigida por otros que ni son políticos, ni se han preparado para una eficaz administración pública, y que podrían pretender sólo servirse de las arcas del Estado, o ejecutar una pésima gestión en perjuicio de la ciudadanía.
“¿Cómo es posible que se tolere con tanta indiferencia el hecho de que los mercaderes del llamado Mercado Nuevo ocuparan el puente seco sobre la avenida Máximo Gómez, con la consecuente interrupción de las vías en ese lugar, y el alcalde de la capital no le importe el caos que allí se genera en las horas de mayor afluencia del tránsito?”.
Algunos de sus antecesores permitieron que un largo tramo de la avenida Duarte fuera convertida en un basurero, como es el caso de las inmediaciones al emblemático liceo del mismo nombre, al igual que la calle José Martí, para sólo citar dos ejemplos.
A la luz de los hechos, si recordamos lo que era esa vía hace algunos años, podemos asegurar que no está lejos el día en que el Vertedero de Duquesa será pequeño, comparado con los amontonamientos en calles y avenidas de la capital.