Hablan los hechos

Samper pasa revista a la educación en derechos humanos, la gobernabilidad y la democracia

Durante los días 27 y 28 de marzo se llevó a cabo en Bogotá, Colombia el lanzamiento del Instituto Iberoamericano de Educación en Derechos Humanos, entidad promovida por la Organización de Estados Iberoamericanos y la presidencia de ese país. Ese evento internacional reunió en su panel de expositores a connotadas figuras del mundo hispanoparlante, entre ellas, el presidente colombiano Juan Manuel Santos, así como los ex mandatarios de Bolivia, Carlos Mesa; de Guatemala, Vinicio Cerezo; de República Dominicana, Leonel Fernández y de Colombia, Ernesto Samper.

También el presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Humberto Sierra Porto, el director de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura y director del Instituto de Educación de Derechos Humanos, Ángel Martín Peccis, el secretario general de la OEI, Álvaro Marchesi y el Alcalde de Zaragoza (España) y exministro Juan Alberto Belloch.

Ese marco de debates sobre los derechos humanos, la educación, la desigualdad, la paz, el racismo, la estabilidad democrática, los conflictos sociales, entre otros desafíos regionales, fue el escenario que dio lugar a esta conversación con el presidente número 56 de Colombia (1994-1998), Ernesto Samper Pizano.

AV: Presidente Samper, estos dos días hemos escuchado numerosos discursos referentes a la educación y a los derechos humanos. ¿A su entender, porqué hoy es tan importante educar en derechos humanos?

ES: Mira: El mundo ha avanzado mucho en la consagración normativa de los derechos humanos. Hay tratados, hay leyes, hay normativas que consagran los derechos fundamentales. Hay 32 tratados multilaterales, en los cuales están definidos todos los derechos posibles con los que podríamos proteger a los seres humanos. Pero me parece que hemos avanzado mucho menos en cuanto a una conciencia sobre la obligatoriedad y la necesidad de aplicar y de respetar estos derechos humanos. De manera, que los derechos humanos, por un lado van subiendo ascensor en cuanto a su preservación normativa y, por el otro, su realización va subiendo por escaleras.

Creo, pues, que el desafío en este momento es crear una conciencia en los derechos humanos; y esa conciencia no se logra sino a través de procesos educativos y pedagógicos que lleven a la gente a tener, adentro, la noción de la importancia de respetar al ser humano.

Por eso, este Instituto (se refiere al Instituto de Educación en Derechos Humanos de la Organización de Estados Iberoamericanos) que estamos lanzando hoy en Bogotá, pretende dar un salto cualitativo en la construcción de los derechos humanos y avanzar en su educación y en su difusión y en todo lo que pueda representar crear esa conciencia ciudadana alrededor de la defensa de los derechos humanos.

AV: Ayer, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, expresó que en su gobierno los derechos humanos son una prioridad esencial. De hecho, el gobierno de Santos impulsa una propuesta de política integral en ese sentido. ¿Cree usted que realmente Colombia da pasos firmes en ese aspecto?
ES: Yo creo que en este país el tema de los derechos humanos se confunde con los derechos humanitarios. Estamos en la mitad de un conflicto. Hay gente que está sufriendo. Tenemos siete millones de víctimas. Hay muchos desplazados por la violencia. Gente mutilada por las minas. Niños incorporados a las filas…

De manera, que para nosotros, el tema de los derechos humanos tiene que ver con la humanización del conflicto; con salvar vidas, en términos reales.

De tal manera, que aquí sí hemos avanzado muchísimo en el tema de la humanización del conflicto, en la protección de las personas…
Pero nos estamos preparando para una segunda etapa, que es la etapa del pos-conflicto; es decir, la etapa en la cual tenemos que trabajar un esquema de conciliaciones y de convivencia que es muy importante para un país que lleva muchísimos años prácticamente enredado con el tema del conflicto y la confrontación violenta.

AV: Pasando al plano regional, ¿cómo ve usted el tema de la democracia y la gobernabilidad en América Latina y el Caribe?

ES: Pienso que va bien, con las dificultades que sobre la gobernabilidad se está produciendo en América Latina: es el problema de la desigualdad. La legitimidad de los sistemas democráticos no solamente en el Caribe sino en América Latina está comprometida por los altos niveles de desigualdad. Y ahí es donde yo creo que tenemos que radicar una política de derechos humanos.

AV: ¿Y el panorama de protestas que últimamente se escenifican en países como Brasil, Venezuela, Chile, entre otros, ¿cree usted que pone en riesgo la estabilidad democrática en la región?

ES: No. En la medida en que se formulen en el marco de la ley y el respeto a la vida y de los demás, parece que no hay que tenerle miedo a la oposición y no hay que tomar el camino facilista de criminalizar la protesta social y de alguna manera limitar los derechos ciudadanos de protestar pacíficamente.

AV: En el caso especifico del conflicto actual en Venezuela, que inició con protestas estudiantiles y ha continuado con el arresto de líderes de oposición y el fallecimiento de varias personas, ¿qué salida le ve usted?

ES: Pienso que hay que hacer un diálogo. Realmente, apoyo las gestiones que está haciendo UNASUR (Unión de Naciones del Sur) para hacer un diálogo entre la oposición y el gobierno para que haya una norma de convivencia. No se trata de que la oposición se entregue al gobierno, ni que el gobierno renuncie a su función de mantener y preservar la estabilidad del Estado venezolano. Pero en una democracia que como la venezolana se ha venido reiterando desde hace 15 años a través de elecciones… esto no ha sido resultado de un golpe de fuerza, ni del mantenimiento de una convivencia social a punta de coerciones; de coacción militar, sino que ha sido el resultado de unos procesos de inversión social que se han venido reiterando… En momentos en que se presentan dificultades económicas, no creo que el camino sea ni el de la calle violenta ni el de la represión.

AV: ¿A qué factor atribuye usted que este fenómeno se repita a menudo en países de la región? Me refiero al fenómeno de las protestas sociales, básicamente en una franja de la clase media, clase media baja, estudiantes…

ES: Yo creo que son dos fenómenos: el primero, que aquí se está expresando una clase media latinoamericana. Todos los esfuerzos que hemos hecho por reducir la pobreza, que son efectivos, se han traducido en que hemos des-proletarizado unos sectores de la población que han engrosado una clase media baja. Y ahí es donde yo creo que hay posibilidades de entrar a trabajar, porque ellos, con las facilidades de internet y de la comunicación, se han convertido en movimientos globales. Las reclamaciones de los jóvenes latinoamericanos, como las de los del resto del mundo, no son reclamaciones de carácter ideológico; son reclamaciones sobre su calidad de vida, sobre el empleo, sobre los alimentos… ¡Esas son las reclamaciones que han estado llevándose a cabo!

AV: Hablemos un poco sobre los organismos regionales de integración, ¿cómo juzga usted el papel desempeñado por la OEA (Organización de Estados Americanos) en la última década?

ES: Yo siento que la OEA está prácticamente paralizada en la defensa de los derechos humanos clásicos: la libertad de expresión, la libertad de movilidad. Pero aquí tenemos que ir mucho más profundo, lo que podríamos llamar los derechos transversales, que son los que tienen que ver con la desigualdad, con la asimetría, con la injusticia. Ahí es donde yo creo que tenemos que entrar a un punto distinto.

AV: Con respecto a otros organismos regionales de integración, como CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), UNASUR (Unión de Naciones del Sur), ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), ¿tiene usted algo que abundar sobre el rol de éstos en favor de América Latina?
ES: El destino de América Latina en su política exterior gira entre los tratados de libre comercio y los tratados de integración. Yo creo que ni los unos ni los otros nos están ofreciendo a los latinoamericanos los espacios que necesitamos para volver a ponernos de acuerdo sobre temas importantes. Este tema de los derechos humanos es un referente ético fundamental para volver a encontrar, nosotros los latinoamericanos, temas de fondo que nos convoquen, y no que nos dividan. Por eso, creo que en la medida en que estos foros como Unasur, como el CELAC, se conviertan en foros de discusión política en el buen sentido de la palabra, van a ser mucho más útiles que seguir nosotros haciendo tratados de libre comercio que no dejan nada.

AV: En el caso de CELAC, que es el organismo de integración regional de más reciente creación y que se ha dicho que en un futuro podría sustituir el papel de la OEA, ¿Cómo juzga los casi cuatro años de existencia de ese organismo?

ES: A mí me parece que está abriendo un camino. De alguna manera, CELAC es el foro latinoamericano por excelencia. Allí no están ni Estados Unidos ni Canadá. Si Estados Unidos quisiera jugar un papel importante en las Américas tendría que cambiar totalmente su política exterior. No es la política de la sumisión de las adhesiones de último momento. Tendría que ser una política mucho más basada en la solidaridad, en la integración, en la comprensión de nuestro proceso de desarrollo. Si Estados Unidos hubiera hecho las aproximaciones en materia energética que hizo Venezuela hacia el Caribe, como una prueba de solidaridad efectiva, es decir, de solidaridad con dientes, seguramente tendría un nuevo esquema de relación con esos países. Entonces, lo que tenemos es que trabajar unas formas de integración que respeten las que son en este momento las necesidades de integración latinoamericanas. Tenemos que reducir nuestras asimetrías. Tenemos que proteger nuestra biodiversidad. Tenemos que darles subsidios a nuestros agricultores para que puedan competir internacionalmente. Tenemos que facilitar la migración de nuestra mano de obra… Todas esas son exigencias de una verdadera integración americana, en la cual el papel de los Estados Unidos sería muy bienvenido si fuera no el papel del pulpo, que tiene una cabeza muy grande y muchas patitas, sino que todos estuviéramos al mismo nivel; todos tuviéramos nuestra cabeza y nuestras patitas.

AV: Finalmente, ¿cómo vislumbra usted el futuro de la región en el marco de una economía globalizada y de todas las demandas sociales que ya hemos mencionado?

ES: Debemos trabajar con un regionalismo abierto. América Latina tiene dos grandes desafíos hacia adelante: el desafío de la desigualdad, que tiene que asumir temas como el de una nueva fiscalidad, una nueva política frente a la informalidad, una nueva estrategia educativa para que la educación no sea un reproductor de pobreza… y el desafío de la competitividad. Si nosotros no pensamos en infraestructuras en tecnología, en ahorro, en los elementos que están definiendo hoy día que un país sea competitivo o no frente al exterior, no vamos a poder entrar a los modelos globales.

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