El Viernes de Dolores o Viernes de Pasión, es el viernes anterior al Domingo de Ramos, comprendido dentro de la última semana de la Cuaresma, conocida por la Iglesia como Semana de Pasión. En algunas regiones es considerado como el inicio de la Semana Santa o Semana Mayor, al iniciarse en éste las procesiones.
Los católicos manifiestan su fervor religioso en la celebración de los Dolores de Nuestra Señora incluyendo por ejemplo en la liturgia de la Misa la secuencia del Stabat Mater.
Stabat Mater («Estaba la Madre», en latin) es una secuencia (himno o tropo del Aleluya gregoriano) atribuida al papa IInocencio III y al franciscano Jacapone da Todi. Se la data en el siglo XIII. Comienza con las palabras Stabat Mater dolorosa («estaba la Madre sufriendo»). Como plegaria medita sobre el sufrimiento de María la madre de Jesús, durante la crucifixión de su hijo.
Nuestra Señora de los Dolores es la más universal de las advocaciones de la Virgen, pues no está vinculada a una aparición o a una imagen, sino que arranca del mismo Evangelio, que nos presenta a María al pie de la cruz: Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena (de aquí viene la expresión de «las tres Marías»). Al ver Jesús a su madre, y a su vera al discípulo que más amaba (Juan), dijo dirigiéndose a su madre: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Y después, dirigiéndose al discípulo, dijo: «aquí tienes a tu madre». Y desde entonces el discípulo la tuvo en su casa.» (Juan 19 25-27). En la evolución de las celebraciones y devociones a partir de los sustratos anteriores al cristianismo, no podía faltar la transferencia a la Virgen, de las mitificaciones del dolor. En una religión como la cristiana, en que la presencia del dolor es abrumadora, frente a la figura masculina del dolor, el Cristo crucificado, no podía faltar la figura femenina, la de la Madre Dolorosa.
La liturgia de la celebración de los Dolores de la Virgen, es de origen alemán. La instituyó en Colonia el arzobispo Teodorico de Meurs, en 1423, para reparar las burlas que los herejes husitas hacían a las imágenes de la Virgen Dolorosa. De Colonia se propagó esta conmemoración de los Dolores de María a otras iglesias, y en 1727, el papa Benedicto XIII la extendió a toda la Iglesia. El hecho de que se celebre también Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre, se debe a que desde 1688 los religiosos Servitas celebraban en esa fecha, por concesión de Inocencio XI, la fiesta de los Dolores de la Virgen, fiesta que Pio VII extendió a toda la cristiandad en 1814. Paralelamente a estas celebraciones «canónicas» se desarrollaba en España un culto especial a «la Dolorosa», en torno a los «pasos de Semana Santa» que tienen este motivo, servidos por hermandades y cofradías.
En algunos lugares se le denomina Viernes de Concilio, el cual es tomado como día de ayuno y abstinencia, quedando proscrito el consumo de carnes.
El Concilio Vaticano II consideró, dentro de las diversas modificaciones al calendario litúrgico, suprimir las fiestas consideradas «duplicadas», esto es, que se celebren dos veces en un mismo año; por ello la fiesta primigenia de los Dolores de Nuestra Señora el viernes antes del Domingo de Ramos fue suprimida, siendo reemplazada por la moderna fiesta de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre.
A pesar de ello, la Santa Sede contempla que, en los lugares donde se halle fervorosamente fecunda la devoción a los Dolores de María, este día puede celebrarse sin ningún inconveniente con todas las prerrogativas que le son propias.