Opinión

El bienestar de la gente

Ha sido una preocupación constante de la Economía conceptualizar y medir el bienestar de la gente.

Pero hasta hace poco el bienestar de la gente se conceptualizaba y se medía, fundamentalmente, en términos de variables e indicadores puramente económicos.

En la construcción histórica del bienestar de la gente ciertamente intervienen variables económicas; sin embargo, el bienestar de la gente en los hechos no se construye sólo con variables de ese orden, por consiguiente, intervienen permanentemente variables que tienen que ver con el orden público, la seguridad pública y ciudadana, la salud, la educación, la seguridad social, la seguridad vial, los factores medioambientales, el Estado de derecho, en fin, variables institucionales, legales y judiciales, etc., que aumentan o disminuyen, mejoran o empeoran el bienestar de la gente.

Entonces el conocimiento sobre el bienestar de la gente debe construirse no sólo en base a variables e indicadores de orden económico, tanto a nivel micro como a nivel macro, sino que hay que considerar todas las variables e indicadores en juego en una sociedad.

Puede presentarse, y al efecto se presenta, un problema en el caso de las variables e indicadores no económicos y es el que tiene que ver con la medición.

La verdad del conocimiento, cualquiera que sea, no está en función de la medición, porque muchos de los factores y variables que se mueven o accionan en una sociedad no son medibles o cuantificables. Esto nos indica que la veracidad o la validez del conocimiento no dependen, en sentido general, de la medición o cuantificación.

Ni siquiera en las matemáticas la verdad o no del conocimiento científico formulado en ellas está en función de la medición, toda vez que el conocimiento científico en matemáticas se construye deductivamente mediante juicios analíticos, por tanto, su validez o no, su veracidad o no se demuestra y se prueba en el campo de la Lógica.

En Economía el conocimiento científico no se genera a partir de la construcción de juicios analíticos, sino de juicios sintéticos, y en ellos la veracidad y validez del conocimiento tiene que probarse y demostrarse tanto en el campo de la Lógica como en el campo de la experiencia o de los hechos; pero ello no significa que el conocimiento científico en Economía para ser veraz y válido tiene necesariamente que ser medido o cuantificado.

Claro, en el campo de la Economía hay conocimientos científicos que pueden se probados y demostrados midiéndolos y otros que no pueden ser medidos, pero no por eso dejan de ser científicos.

Tal como decía Jean Baptiste Say, economista clásico francés de los siglos XVIII y XIX, en el discurso preliminar de su libro Tratado de Economía Política que “la manera en que las cosas son y en que las cosas suceden constituye lo que se llama la naturaleza (esencia, digo yo) de las cosas, y la observación exacta de la naturaleza de las cosas es el único fundamento de la verdad”.

La escasez es un concepto per se abstracto, y por ser abstracto no es medible, por consiguiente, la veracidad y validez del conocimiento científico que tengo sobre la escasez en mi condición de economista no está en función de la medición, sino de captar la esencia de los hechos o de las cosas que configuran el problema de la escasez. Las que sí son cuantificables son las cantidades ofrecidas y las cantidades demandadas, y a partir de la relación que se da entre ellas en el mercado puedo establecer conceptualmente que existe en él una situación de escasez o de abundancia relativa.

Vuelvo sobre los otros factores que influyen sobre el bienestar de la gente, aparte de los factores económicos. La preservación del equilibrio medioambiental, la preservación de los recursos naturales y la sanidad del medio ambiente influyen sobre el bienestar de la gente. Sin embargo, no hay forma de cuantificar el efecto de estos factores sobre el bienestar o sobre la calidad de vida de la gente. Se pueden asumir supuestos y hacer simulaciones, pero las mismas simulaciones constituirán mediciones hipotéticas, no mediciones reales.

El bienestar de la gente tiene que ver con el mejoramiento progresivo de sus condiciones de vida, de su calidad de vida. Y en el mejoramiento de esas condiciones de vida intervienen directa e indirectamente todos los factores que actúan en una sociedad o conglomerado: desde los económicos hasta los sociales, políticos, institucionales, legales, demográficos, medioambientales, etc., etc. Dentro de ese etcétera tan alargado y pronunciado están los que corresponden a la subjetividad del ser humano como las emociones, los sentimientos, las ideas y las expectativas. Y es que el ser humano construye y desarrolla su vida entre la subjetividad y la objetividad.

El crecimiento real del producto per cápita y del ingreso per cápita, la disminución de la pobreza y la reducción de la desigualdad en la distribución influyen notoriamente en el mejoramiento de las condiciones de vida de la gente, pero también influyen notablemente el mantenimiento del orden público y la paz, el fortalecimiento de la seguridad pública y de la seguridad ciudadana, el mejoramiento del transporte, la construcción de obras de infraestructuras, grandes y pequeñas, en todo el país, el mejoramiento verdadero de la calidad de la educación, la existencia de un sistema de salud funcional que garantice la prevención y la curación de las enfermedades a nivel individual y a nivel colectivo, que la judicatura sea eficiente y moralmente correcta en la aplicación de la ley, que el Poder Legislativo no sea una caja de resonancia del Poder Ejecutivo y que apruebe leyes necesarias, sabias y oportunas y que sirva de contrapeso y de control y fiscalización del uso de los fondos públicos, en fin, que cada institución asuma su función y que el Estado de derecho funcione eficiente y satisfactoriamente en términos materiales y morales, que los partidos políticos coloquen los intereses nacionales por encima de los intereses individuales y de grupo y que todo lo piensen y lo enfrenten en función del interés de la nación y del pueblo, el equilibrio medioambiental y la preservación de los recursos naturales en el marco de una concepción progresista del desarrollo, etc., etc.,.

La corrupción administrativa, pública y privada, es un mal público que afecta muy negativamente el bienestar de la gente. La comisión de hechos punibles en el desempeño de una función pública -peculado, prevaricación, estafa, asociación de malhechores y falsedad en escritura pública- es una flagrante violación del ley y constituye un tremendo daño o externalidad negativa a la sociedad, la cual se ve privada, sobre todo la gente pobre, de enormes recursos que deberían ser dedicados a financiar políticas y medidas públicas que mejoren sus condiciones de vida y de bienestar.

Pero veamos el caso de la seguridad. El auge de la criminalidad en cualquier sociedad resquebraja y drena de muy mala manera la seguridad pública y ciudadana. La crisis de la seguridad le plantea un desafío al Estado, que es el mismo desafío que representa la criminalidad frente al Estado. Y en muchas sociedades el Estado luce desbordado por la criminalidad y la crisis de seguridad que ésta engendra. Lo cierto es que la criminalidad implica una “redistribución” ilegal e inmoral de las riquezas: en base a la violación total de la ley los delincuentes se enriquecen, y la mayoría de la gente se empobrece. El Estado, como representante del bien común y del interés general, no debe permitir bajo ninguna circunstancia que eso ocurra, y si eso ocurre tiene que haber sanciones drásticas y ejemplarizantes a todos los niveles.

La delincuencia y la criminalidad implican un deterioro progresivo y permanente del bienestar, de la calidad de vida y de la felicidad de la gente.

Ciertamente el estado de bienestar de la gente no se construye sólo a partir de las condiciones objetivas presentes en la sociedad, sino que también cuentan las emociones, los sentimientos y las expectativas positivos en la construcción de ese estado de felicidad: intervienen, pues, factores de orden colectivo y factores de orden individual, necesarios e ineludibles, en la construcción permanente y dinámica del bienestar.

La responsabilidad mayor en la construcción de los factores colectivos que tienen que ver con el bienestar de la gente la tiene el Estado, pero el sector privado tiene que hacer sus aportes, preferiblemente en el marco de una estrategia Estado/sector privado. Pero esto no excluye ni exime ni exonera al individuo de asumir la enorme cuota de responsabilidad que tiene en todo esto, poniendo en movimiento sus iniciativas y sus capacidades y energías mentales y físicas en la edificación de su propio bienestar.

Pero en una economía pobre y atrasada la mayoría de la gente no está en capacidad de construir su bienestar sólo a través del mercado o de los mecanismos de mercado. Dejar la mayoría de la gente a la suerte sólo del mercado equivaldría a mandarlos al infierno o tirárselos a las fieras para que los devoren.

Creo en una sociedad y en una economía que estén al servicio del desarrollo de los seres humanos y donde el Estado asuma plenamente su responsabilidad social.

El PLD, desde una posición de centro-izquierda, puede contribuir significativamente a que la sociedad y la economía que tenemos estén al servicio del desarrollo de los dominicanos.

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