Hablan los hechos

Santo Domingo: una ciudad ambientalmente agresiva

La ciudad de Santo Domingo se hace cada día más agresiva. Una situación que se define en función de quienes la habitamos y usufructuamos. De ahí los componentes que la hacen hostil: contaminación por residuos sólidos (basuras) en nuestras calles, la cantidad de partículas por millón (PPM) que producen las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), y hasta la contaminación visual que observamos.

Pero un componente que llama poderosamente la atención es el constante golpeo que produce la violencia acústica a nuestros oídos.

La variedad de ruidos que se producían en la esquina donde convergen las calles Abraham Lincoln y Jacinto Mañón, como lo percibimos hace unos días es una muestra de la agresividad de nuestra ciudad con sus constantes emisiones de altos decibeles.

Se denomina contaminación acústica o sonora al continuo exceso de sonidos que alteran un ambiente normal, sea urbano o rural, y sobrepasan las capacidades para las cuales está adaptado el oído humano; hablamos de un ruido excesivo que afecta la salud física y mental de los seres humanos y los animales.

Según estudios científicos, el órgano auditivo está capacitado para recibir, en un nivel de confort, unos 55(dB), unidad de medida de los decibeles usada en acústica, y 70(dB) en un nivel máximo. Fuera de estos parámetros y dependiendo de la prolongación de la exposición, el ser humano podría sufrir daños ocasionales o permanentes, a su salud física o mental.

La socioacústica es el efecto auditivo provocado por el ruido excesivo, que en las personas se manifiesta con una especie de silbido, el cual es la señal de alarma natural de nuestro cuerpo. Este efecto suele ser pasajero, pero si nos sometemos a exposiciones prolongadas, podríamos terminar padeciendo de sordera permanente, desequilibrios mentales y traumas en diferentes sistemas de cuerpo.

Según un estudio realizado en el año 2005 por la Unión Europea, 80 millones de personas estaban expuestas diariamente a niveles de ruido superior a los 65 (dB) y otros 170 millones a niveles de entre 55 y 65 (dB); lo que nos dice que una gran parte de los seres humanos estamos en peligro de sufrir lesiones producidas por un ambiente bullicioso.

Algunas naciones ven la contaminación acústica o sonora como una gran problemática y han desarrollado acciones como: legislar para disminuir el ruido, ordenar sus territorios para que no se mezclen los proyectos urbanísticos con los ruidosos y hasta sistemas de aislamiento para zonas cercanas a las autopistas, que suelen producirlo en altos niveles.

En el caso de la República Dominicana, muy especialmente el gran Santo Domingo, la contaminación sonora es preocupante al extremo, ya que sus residentes, sobre todo los de ciertas zonas, son golpeados constantemente por diferentes tipos de ruidos, muchos de los cuales se producen sin ninguna necesidad, generalmente por falta de educación.

Una separación de los diferentes sonidos que nos impactan, permiten una cierta clasificación de las fuentes ruidosas: las bocinas de vehículos, motocicletas sin silenciador en el tubo de escape, alarmas de vehículos y de locales comerciales, música a alto volumen y otras fuentes que convierten los espacios públicos y hasta los privados, en zonas no aptas para seres humanos.

Estudios sobre contaminación sonora hechos hace algún tiempo por el Ministerio de Medioambiente y Recursos Naturales en diferentes puntos de la ciudad de Santo Domingo, arrojaron resultados definitivamente preocupantes, pues algunas zonas, como los alrededores del Hospital Materno Infantil San Lorenzo de Los Minas, puntos de la Avenida 27 de Febrero y de Herrera, los niveles del bullicio duplicaban los parámetros aceptados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

A partir del conocimiento de esas mediciones, el gobierno inició actividades que involucraban a varias instituciones públicas en lo que se llamó la Comisión Nacional Anti ruido, para combatir todas las acciones humanas que produjeran altos niveles de contaminación sonora, que resultaron en el cierre, temporal o definitivo, de colmadones, sanciones a propietarios de vehículos y equipos de combustión interna sin silenciador, incautación de los disco light (camiones con altoparlantes para tocar música, usados mayormente en la promoción política) y sanciones drásticas para los que violentaban la ley de medioambiente 64-00.

En un momento dado, la desesperación de los ciudadanos fue tal, que se formaron comisiones barriales y municipales para reclamar la intervención oficial, como ocurrió en el municipio de Jarabacoa, donde se llevó a cabo una reunión de los diferentes sectores representativos y las autoridades del Ministerio de Medioambiente, con el fin de que se tomaran medidas capaces de enfrentar la problemática.

La educación individual y el respeto al derecho de los demás son fundamentales para producir un cambio de actitud que reduzca la producción de ruidos que afectan nuestra salud y transforman en belicoso nuestro entorno.

Tocar la bocina de su vehículo, aun sabiendo que no logrará agilizar el tránsito, escuchar música a niveles estridentes, conducir vehículos sin silenciadores, en fin, mantener en constante operación toda una fábrica de ruidos innecesarios, termina afectándonos a todos y haciendo de nuestra ciudad una congregación ambientalmente violenta que entre todos debemos pacificar.

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