Humberto Almonte
Todo ejercicio crítico tiende a tropezar tarde o temprano con los creadores, pues quiérase o no, son realidades contrapuestas que a la vez se complementan en el empedrado camino de las artes.
El paisaje cinematográfico dominicano no esta exento de ello y de tiempo en tiempo se oye voces airadas o molestas de ambos bandos que claman incomprensión en la apreciación del trabajo realizado.
Del lado de los realizadores se tilda de teóricos a los críticos o analistas cuando no le favorece la apreciación argumentando el desconocimiento del esfuerzo y el talento empleado en tal o cual filme.
Y no deja de ser paradójico porque si el juicio le es favorable, el malhadado critico pasar a ser el vocero de las buenas nuevas del reino del cine.
Otro argumento es el apoyo al cine dominicano, como si el hecho de realizarse en el país lo coloca en un estado de excepción para ser criticado.
Entre las generaciones de críticos como Humberto frías, Arturo Rodríguez, Armando Almanzar, Carlos Francisco Elías hasta las más actuales donde encontramos a Orlando Santos, Félix Manuel Lora, Rubén Lamarche, Pachico Tejada y otros mas, han sumado una larguísima tradición de analistas fílmicos, incluyendo a los que ejercían antes y muchos que surgen ahora, que emiten sus opiniones de manera critica y responsable con el rigor de sus conocimiento adquiridos.
Si se produjera una distinción o una discriminación en el tratamiento analítico que se da a los filmes extranjeros sobre los criollos, se pudiera justificar la reacción de determinados creadores nuestros, pero esos casos no se dan a nuestro parecer.
Lo que tenemos que matizar es la distinción entre crónicas, notas de prensa o revistas de estrenos, que no aplican como crítica o análisis, pasando al estadio de noticias sociales o menciones a secas sin entrar en la valoración estética de la película.
En ocasiones se adivinan un sesgo en el análisis de determinado filme, en algún caso por intereses creados o por diferencias personales, lo cual plantea un problema ético que no siempre es resuelto con altura y ahí si estamos de acuerdo en las quejas de las realizadores.
Se equivoca también quien ve la crítica como un fiscal o persecutor severo de las imperfecciones fílmicas, nada más lejos de su misión, la cual consiste en establecer lazos de comunicación entre la obra, el analista y el público, destinatario final imprescindible.
Quien no disfruta del objeto artístico que suele analizar no esta preparado para comunicar al publico su visión del objeto analizado, y en disfrutar no quiero decir una aproximación desprovista de valoraciones, sino acercarse en este caso al filme sin juicios de valor contaminados.
No en todas partes ni en todos los países pueden contar con una generación de críticos mas tarde convertidos a realizadores como paso en la Francia de Cahiers du cinema con Francois Truffaut, Eric Rohmer y otros, de la mano de Andre Bazin.
Contamos en nuestro país, eso si, con una generación de jóvenes cineastas que han bebido en la fuente de la cinefilia mas pura, con formación critica que pueden y de hecho valoran una buena critica basada en el análisis genuino de los hechos fílmicos y no aceptar bajo ninguna causa valoraciones carentes de profundidad.
Coincidimos que los críticos y los realizadores dominicanos están condenados a entenderse, a comunicarse, siendo partes de la misma industria, de la misma comunidad que deben conformar un espacio común, y respetar las opiniones y criticas del otro sector.
Nuestro cine esta en una etapa de producción creciente amparada bajo el paraguas de una ley de cine que recién comienza a caminar, con un volumen de películas, nunca visto en estas tierras quisqueyanas y no todas de igual rigor de realización, por lo que tampoco se puede pedir criticas indulgentes para productos de escasa o ninguna calidad.
Ni toda la parafernalia publicitaria puede salvar estas defectuosas películas del juicio severo de la historia, aun se amparen bajo el enunciado de que “Eso es lo que le gusta al publico”, falacia de muy poca base, que no resiste la mas mínima revisión critica.
Por lo tanto urge, es deseable, que los críticos hagan su labor a conciencia, la cual es analizar desde el rigor intelectual, desde el disfrute y la aproximación sin prejuicios, las películas de los realizadores dominicanos ejerciendo con un profundo sentido ético la función que se espera de ellos.