Opinión

Las cuentas nacionales y el desarrollo reciente

Según una máxima famosa de Mark Twain, “hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las mentiras a medias y las estadísticas”. Con esto quiso significar, lo que otro ocurrente pensador sentenció: “la estadística es la primera ciencia inexacta”. Sin embargo, el mundo moderno y contemporáneo, la economía de mercado y el capitalismo, no podrían vivir sin compilar montañas de estadísticas para comprender o intentar comprender el frenético proceso de cambios y problemas de la sociedad moderna. Medimos desde el peso de nosotros mismos, las partículas contaminantes en el aire, el promedio de bateo de un jugador de pelota, hasta las grandes estadísticas agregadas de la economía nacional o mundial, en lo que hemos venido en llamar el Sistema de Cuentas Nacionales (SCN).

El SCN no es el mismo en todos los países. Hay metodologías de precios fijos, que es el que se utiliza en nuestro país, tomando un año como base de referencia, y metodologías de precios variables, que actualiza cada año la base, sin necesidad de dejar fijo el año de referencia. Eurostat, el servicio de estadísticas de la Unión Europea, que compila las estadísticas de cada uno de los 28 países de la UE y calcula el conjunto de las estadísticas como un todo, considera lo siguiente:

“En el sistema de cuentas nacionales, todos los flujos y stocks se expresan en valor, lo que permite la agregación de diversos bienes y servicios producidos en la economía. No obstante, un importante problema del análisis económico es medir el crecimiento económico en términos de volumen entre períodos distintos.

Las mediciones de volumen hacen posible el análisis del crecimiento real a lo largo del tiempo: «¿Cuánto ha crecido el PIB este año en comparación con años anteriores?». Para poder hacer esto, las variaciones del valor de los agregados económicos deben dividirse en variaciones causadas por precios y variaciones causadas por variaciones de volumen.

El sistema de cuentas nacionales proporciona un marco para la medición integrada de precio y volumen de las transacciones de bienes y servicios, los impuestos y las subvenciones a los productos, los márgenes comerciales, el consumo de capital fijo, la remuneración de asalariados, los inventarios y los activos fijos producidos.

Debe señalarse que muchos flujos o stocks presentados en el SCN no tienen dimensiones de precio y cantidad. Cuando sea este el caso, los flujos o stocks se refieren a un número de transacciones relativas a la distribución y a la intermediación financiera, así como a saldos contables como el valor añadido (el valor añadido no representa ningún flujo observable de bienes y servicios que pueda asignarse directamente a un componente de precio y de cantidad)”.

En el caso de nuestro país, el SCN lo lleva desde su establecimiento el Banco Central, lo cual es una deformación que en algún momento debe ser corregida. ¿Por qué? Porque la medición de las Cuentas Nacionales en cierto sentido son el criterio de medición de éxito o no de las políticas monetarias del Banco Central. En ese caso, casi todos los países tienen Institutos Nacionales de Estadísticas, como órganos independientes de la autoridad monetaria o de la autoridad fiscal, que miden producto, inflación, y todos los elementos intervinientes en las cuentas nacionales. De hecho, la Ley que creó el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo manda a transformar la Oficina Nacional de Estadísticas, en un Instituto Nacional de Estadísticas, como órgano independiente del Estado, con autonomía administrativa y financiera, que centralice todo el sistema de estadísticas económicas o sociales de la nación. No ha sucedido todavía así lo que presente una gran dificultad en la objetividad total del SCN.

En el nuevo SCN presentado por el Banco Central que toma como base el año 2007, el PIB corriente acumulado pasó de RD$13 billones 491,185.7 millones a RD$13 billones 972,895.4 para una diferencia de, es decir RD$ 481,709 millones más. El SCN llevado por el Banco Central, primero a través de su antiguo Departamento de Estudios Económicos, y en la actualidad a través de su Departamentos de Cuentas Nacionales, ha tenido cuatro años base: 1962, 1970, 1991, y 2007. El resultado más importante de esa medición de las Cuentas Nacionales resulta en los resultados de medición del Producto Interno Bruto (PIB).

El PIB es un indicador que mide cuanto se produce dentro un país tanto en bienes como en servicios, en un período de tiempo determinado, por lo general un año calendario. Cuando el PIB aumenta, generalmente se toma como el principal indicador del crecimiento y desarrollo económico, aunque no el único. En el PIB hay sectores que tienen una ponderación determinada según el año base que se tome. Por ejemplo, en el año base 1962 ó 1970, los llamados “sectores tradicionales” tenían el mayor peso relativo, es decir la producción de azúcar, de café, de cacao y de tabaco. Esto ha ido cambiando con el tiempo, y la realidad de la economía es mucho más dinámica que su reflejo en la Cuentas Nacionales y las estadísticas económicas.

Tan solo para citar dos casos: ¿Se mide el sector informal y aporte al PIB en el SCN? ¿La economía movida por actividades ilegales, como el tráfico de drogas ilícitas o el lavado de activos provenientes de evasión fiscal, como se refleja en el PIB anual del país?

Según Eurostat, “un aspecto importante en la medición de volumen es la elección del año base. El SCN favorece el uso de un año base móvil. En la práctica, esto quiere decir que el año base será t-1. Las ventajas son las siguientes:

  • Un sistema de ponderación actualizado proporciona mejores estimaciones de las tasas de crecimiento;
  • Se simplifica la introducción de nuevos bienes y la eliminación de otros;
  • Se evita el molesto cambio de base de las series temporales.

El año base es el año para el cual se recopilan los datos de precios al nivel más detallado posible y sirve como valor de referencia para ponderar distintas cantidades y obtener un único índice de volumen. El cambio del año base afecta a la tasa de crecimiento real. En consecuencia, el período de base de los precios es el período cuyos precios se utilizan como denominadores para calcular precios relativos. El período base de las cantidades es el período cuyas cantidades se utilizan como denominadores para calcular cantidades relativas.

El año de referencia es simplemente cualquier año seleccionado para poder comparar una serie de valores con distintos años base. Para decirlo sencillamente, el período en una serie temporal de índices se considera igual a 100. El cambio del año de referencia no debería alterar las tasas de crecimiento.

La elección del año base y del año de referencia son, en principio, dos cuestiones inconexas. Para el cálculo de medidas de precio y volumen, el único problema relevante es la elección de año base.

Es necesario volver a referenciar o encadenar cada vez que se calculan datos con el año anterior como año base y los datos deben expresarse en relación con un año de referencia fijo. Este sistema que siempre utiliza el año anterior como año base se conoce como sistema de “índices en cadena”. No obstante, para el cálculo de la variación de precio y de volumen interanual, no es necesario el encadenamiento.

Recientemente, el Perú hizo una actualización de su año base para el SCN. En el caso peruano, es un Instituto Nacional de Estadísticas (INEI) que hace los cálculos del SCN y no el Banco Central, cambió el año base de 1994 a 2007. Por tanto, hubo que hacer ajustes en los cálculos del PIB y sus resultados. ¿Cuáles fueron esos ajustes? Con el nuevo año base, la minería e hidrocarburos pasó a representar del 7.7% del PIB en 1994 a 14.4% en 2007 siendo una mayor proporción del PIB; la construcción de 5.6% pasó a 5.1%. Naturalmente, al cambiar el año base, se alteran las cifras de crecimiento económico. En el caso de nuestro país, esas alternaciones se produjeron. La agropecuaria pasó de 12.4% de peso en el PIB en 1991 a 6.5% en 2007. La minería de 1% pasó a 2% entre 1991 y 2007. Sin embargo, un análisis a vista de pájaro es evidente que la minería no representa en el PIB dominicano un 2% sino una cifra cuatro o cinco veces superior. La industria local pasó de 21.8% a 12.3%; la construcción 4.7% en 1991 a 19.4% en 2007; los servicios, que incluyen turismo, bares, restaurantes, transportes, almacenamiento, servicios financieros, pasaron de un 48% en 1991 a un 56.8% en 2007.

Sin embargo en el caso del Perú arriba citado, muy similar al dominicano, entre 2009 que se hace un nuevo cálculo de la variación del PIB, los resultados fueron los siguientes: 2009 1.0% de crecimiento en lugar 0.9%; 2010, 8.5% de crecimiento en lugar de 8.8%; 2011, 6.5% de crecimiento en lugar de 6.9%; 2012 6.0% en lugar de 6.3%; y 2013, 5.3% de crecimiento en lugar 5.0%. En el caso de nuestro país esas diferencias son muy pronunciadas. 3.1% en 2008 en lugar de 5.3% en 2008. 0.9% de crecimiento en lugar de 3.5% en 2009. 7.8% de crecimiento en lugar de 8.3% en 2010. 2.9% de crecimiento en 2011 en lugar 4.5%. 2.7% de crecimiento en 2012 en lugar de 3.9% y finalmente 4.6% de crecimiento en 2013 en lugar 4.1%.

Como sucede en el caso de la minería, que todavía en la base de 2007 está subestimado con relación a su impacto real actual, creemos que algunos años del nuevo cálculo del PIB están a “prima facie” demasiado alejados de lo que fue el movimiento económico. Es claro que la crisis económica y financiera mundial que estalló en 2008 tuvo su impacto en nuestro país a partir del 2009. Sin embargo es muy alejado una cifra de crecimiento del PIB en ese año que originalmente fue dada por el Banco Central en 3.5%, reducirla a 0.9%. ¿Cambiaron tanto las ponderaciones? Esa reducción de la cifra de crecimiento del PIB es 388% más baja, lo que arroja muchos interrogantes.

Definitivamente una de las conclusiones que debemos sacar de estos resultados es que el Banco Central no debe en el futuro seguir gestionando el SCN, y que por el contrario, el mismo debe ser transferido progresivamente a lo que la Ley del Ministerio de Economía indica: a un nuevo Instituto Nacional de Estadísticas, resultado de la unión de los acervos históricos del propio Banco Central y de la Oficina Nacional de Estadísticas.

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