Opinión

Una política salarial arcaica

La política salarial de un país es fundamental para la equidad y el desarrollo. La existencia de salarios decentes y competitivos, que se adecuen a las necesidades esenciales de los ciudadanos, forma parte central de la política de desarrollo. Los salarios, en sentido estricto, es el precio de la fuerza de trabajo, comenzando con la más generalizada, que es la fuerza de trabajo de los obreros y trabajadores urbanos y rurales.

El movimiento sindical y de trabajadores internacional ha tenido logros importantes en el siglo XX. Antes, en el siglo XIX y más atrás no existía ninguna regla, y el capitalismo liberal salvaje, solo tenía la obligación de pagar un salario que se establecía según la abundancia o sobrante de fuerza de trabajo. No existían regulaciones de condiciones de trabajo, de trabajo nocturno, de trabajo infantil, de derechos de la mujer, de horas de trabajo por jornada, en fin, no existía regulación para ningún aspecto de la vida del trabajor. El movimiento obrero en Europa y América del Norte fueron los primeros en luchar por reivindicaciones laborales, entre ellas el salario y la regulación de la jornada de trabajo. Costó muchos años, mucho sudor y mucha sangre, lograr algunas de las normas que rigen la relación capital-trabajo hasta nuestros días.

La primera gran conquista del movimiento sindical obrero se estableció después de la Primera Guerra Mundial, con el establecimiento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la conquista más importante: la jornada máxima de 8 horas de trabajo al día. Fue la famosa lucha por los tres ochos: 8 horas de sueño; 8 horas de trabajo y 8 horas de ocio y descanso. Posteriormente, en el período entre las dos guerras mundiales, el Frente Popular en Francia avanza al establecimiento de las vacaciones pagadas obligatorias y derechos de acceso a la salud. Desde que el proyecto neoliberal se estableció en Gran Bretaña con la Primer Ministra Margaret Thatcher y en Estados Unidos con el Presidente Ronald Reagan se ha producido un retroceso marcado en las conquistas laborales de la clase trabajadora en los países desarrollados. Es tanto el retroceso que ha tenido el ataque neoliberal a los derechos de los trabajadores, que esa conquista original de la jornada de las 8 horas, la han mutilado en países como Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos, y aquí se propone también abrir la puerta en el Código de Trabajo a jornadas de hasta 65 y 72 horas semanales. ¡Un verdadero sin sentido y bestialidad!

Una de las conquistas más importantes de los movimientos sindicales y de trabajadores después de la Segunda Guerra Mundial es el logro de un SALARIO MINIMO INTERPROFESIONAL GARANTIZADO, más comúnmente llamado Salario Mínimo. El concepto mismo del Salario Mínimo se retrotrae al cálculo y la negociación un salario nacional que reponga, en lo más básico, la existencia de los trabajadores, para poder comer, vivir, educar los hijos, cuidar de la salud, y tener un tiempo de ocio necesario. Sin embargo en nuestro país, desde hace muchos años existe una política salarial arcaica: tenemos infinidad de salarios mínimos como si la reproducción de la fuerza de trabajo cambiara según el sector o según el capital de la empresa. Existe un salario mínimo para las empresas consideradas “grandes”; otro salario mínimo para las empresas “medianas” y otro para las “pequeñas”; otro para el sector público y otro para las zonas francas o el sector turismo. En fin, la atomización del salario mínimo, ha casi terminado por liquidarlo. No existen normas laborales para servicios domésticos como son mujeres de servicio, choferes o jardineros, policías, guachimanes, entre otros. En realidad en nuestro país NO EXISTE UN SALARIO MINIMO NACIONAL.

Por ello entendemos que una tarea impostergable de una Agenda de Progreso es la fusión de todos los distintos salarios mínimos, en un solo SALARIO MINIMO INTERPROFESIONAL GARANTIZADO (SMIG). Ese salario mínimo debe ser extensivo a aquellas actividades que hoy están desprotegidas del Código laboral, como los servicios domésticos por ejemplo. Con el establecimiento del SMIG, deben establecerse fuertes sanciones y multas a los empleadores que incumplan con esta norma, y que contraten personal extranjero indocumentado, que es otro factor que incide para tirar a la baja el salario mínimo de los trabajadores de este país. Conjuntamente con el SMIG, una Agenda de Progreso debe establecer la UNIVERSALIZACION de la Seguridad Social, en especial del seguro nacional de salud, que como hemos visto recientemente, la segmentación del acceso a los servicios de salud en un sistema parcelado en uno público de muy baja calidad y provisión y otro privado de más nivel, conduce a verdaderas tragedias. Una enfermedad catastrófica en una familia puede terminar llevando a todos los miembros de la familia a la quiebra, o al enfermo a la muerte prematura.

Contrario a la creencia neoliberal, el establecimiento del SMIG va contribuir al adecentamiento de las condiciones de trabajo y eventualmente a la creación de más empleo, haciendo cumplir las normas de legalidad de la fuerza de trabajo. La razón fundamental de la informalidad masiva del trabajo en este país se debe a los bajos salarios que se pagan y la atomización del salario mínimo en 10 ó 12 salarios mínimos sectoriales. En el presupuesto sometido por el Poder Ejecutivo al Congreso para el 2015 hay una partida bastante elevada para ajustes salariales sectoriales en la administración pública. Como bien lo expresó el Presidente Medina “¿Cómo vive una familia con 10 mil pesos?”. Hay que hacer un cálculo basado en la canasta básica que arroja la Encuesta Nacional de Hogares y los cálculos de inflación para establecer un SMIG nacional que le dé un mínimo de dignidad y decoro al trabajo y a la vida de los trabajadores. Esta es una reforma impostergable, junto a otras que debe acometer el gobierno del PLD, este o el próximo.

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