Charles Darwin proclamó en el siglo XIX que “no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor se adapta a los cambios.” Desde entonces, ha sido sentencia aplicable, sin excepción, a todos los aspectos de la vida.
Aplica especialmente en la política, donde la capacidad de adaptarse es puesta a prueba cada día, por diversas influencias: el cambio de postura de un partido o figura relevante, la economía, las políticas públicas, los sucesos de relevancia mediática, la geopolítica, la diplomacia; variables que inciden tanto en la política como en el político.
Pero nunca antes en la historia esto había sido más cierto. La globalización, las telecomunicaciones, la tecnología y el ascenso de la clase media, van configurando un panorama político que obliga a la “adaptación constante” y a la revisión de los cánones sociales que configuran la participación de los ciudadanos en el ejercicio de la cosa pública.
La Revolución Industrial es, quizás, el único momento de la historia que se compara con el que vivimos actualmente. Precedida por revoluciones liberales, el proceso de industrialización que vivió el mundo entre los siglos XIX y XX, llevó a una sreconfiguración de la realidad política. En aquel entonces, las instituciones, sin más remedio, se adaptaron, aunque les tomó varias décadas.
En el proceso actual resalta un factor como el más determinante de esa necesidad de adaptación constante, y no es más que el mundo de la información en el que vivimos. Como ha escrito Manuel Castells en sus obras sobre el tema, “todo lo que hacemos, la organización social y personal, es información y comunicación”. Léase bien: TODO.
En ese contexto, los embates económicos y sociales de los últimos 30 años, ligado a la desaparición de las grandes ideologías, el fallo del modelo del neoliberalismo, las constantes crisis económicas y un escenario geopolítico complejo, han ido desestabilizando y deslegitimando las instituciones políticas en todo el mundo.
Y a pesar de que somos los políticos, y nuestras organizaciones, quienes más hemos estudiado y analizado lo que está sucediendo en el mundo, también somos los que con más dificultad nos hemos adaptado.
El riesgo que enfrentamos, por lo menos los políticos, es que la relación Estado-Sociedad no requiera de las instituciones de organización política, ya que la tecnología abre las puertas a la organización política alternativa, más por intereses comunes que por posturas o cercanía.
Es lo que ha llevado al surgimiento de estructuras políticas alternativas y a que asomen líderes nacidos de procesos que muchas veces no entendemos, sin dejar de mencionar la participación en los procesos electorales de aquellos que se llaman ser “no políticos”.
Castells añade que “en la medida en que la política se convierte en puramente instrumental y se juega esencialmente en el mundo mediático, mediante la política del escándalo, la clase política se autodestruye y las instituciones democráticas pierden legitimidad”.
La “adaptación constante”, en el caso de la clase política dominicana, pasa por la revisión de las reglas de juego actuales: la Ley de Partidos, la legislación electoral, el financiamiento y configuración de los partidos. Pero también pasa por la acción de fortalecer el contacto entre los partidos, sus militantes y simpatizantes, fomentando la participación de los ciudadanos en el proceso político, la transparencia y la rendición de cuentas.
Lo que ha sucedido en otras lides es un llamado de atención a una clase política que se toma grandes riesgos cuando posterga las medidas requeridas y antepone las medidas convenientes, sin caer en cuenta que nos enfrentamos a una marea que amenaza con transformar las instituciones políticas como las conocemos.
Estamos en la encrucijada, en el punto de inflexión que puede fortalecer nuestras instituciones, porque lo que si es seguro es que la vida en sociedad de los seres humanos se debe sustentar en las relaciones políticas, relaciones que, por demás, deben adaptarse al nuevo mundo en el cual vivimos.
Hagamos nuestra parte. Seamos parte del cambio que queremos ver, desde nuestros aportes, más allá de las trilladas criticas.