Al evaluar lo que ha pasado en término de salud es importante tener en cuenta que existe un objetivo, “Salud Para Todos”; una estrategia, “Atención Primaria de Salud” y una línea de intervención, “Promoción de la Salud”. Además, para lograr dicho objetivo, el sistema de salud debe estar articulado para poder ofertar una canasta básica integral de servicios promocionales, preventivos, asistenciales, de rehabilitación y paliativos para quién lo necesitare.
En los últimos veinte años el país ha dado un extraordinario avance en materia de salud, tanto así que es la primera vez que junto a los demás países del mundo podremos avanzar en el desarrollo de la agenda de salud mundial posterior al año 2015, fecha límite para la evaluación del cumplimiento de los objetivos del milenio.
Dicho avance lo podemos evaluar a partir de los factores que inciden en el estado de salud de la población definidos por la OMS en la Carta de Otawa: en el rango de promoción, aunque fuera de la lógica de la salud como objetivo, hemos garantizado la paz al lograr la consolidación de la democracia, el principal indicador es organización de elecciones libres, sin que se produzcan trastornos sociales o políticos.
También se puede mencionar el avance en la alimentación, piedra angular de la salud, el logro de cumplir con la meta del milenio es un indicador fidedigno. Además, con la estrategia de las Visitas Sorpresas, sello del Presidente, Lic. Danilo Medina, se ha logrado avanzar en la mejora de factores como: la renta, la vivienda, el ecosistema y la conservación de los recursos naturales. El impacto de esta estrategia para lograr una agricultura sostenible ha sido de tal magnitud que ha propiciado la llamada de atención de la comunidad internacional.
Entre los avances en el sector salud propiamente dicho, se pueden mencionar: el haber mantenido la cobertura de inmunización, logrando controlar y en algunos casos erradicar, las enfermedades que diezmaban la población infantil. Además, podemos mencionar la gran inversión en el mantenimiento de la infraestructura hospitalaria, construcción de nuevos hospitales, renovación del parque tecnológico con la inclusión de tecnología de punta para abordar las enfermedades propias del adulto mayor y la implementación del programa protegido para proporcionar medicamentos de alto costo, de esta forma dar respuesta al cambio del perfil epidemiológico propio del envejecimiento de la población.
Hay que reconocer que toda esta inversión, más la realizada para adecuar el sistema a los requerimientos de la reforma no se tradujo en llevar la calidad de los servicios de salud a las expectativas de la población, pues, persisten las misma deficiencias que se evidenciaron en los diagnósticos realizados al final del siglo pasado que sirvieron de soporte para cambiar el marco jurídico que soportaba el modelo de salud, aprobandose las leyes General de Salud y la de Seguridad Social en el año 2001.
En este contexto se producen los acontecimientos del aquel fatídico fin de semana en el hospital Infantil Dr. Robert Reid Cabral. La noticia tiene una respuesta inmediata del presidente, formar una comisión compuesta por los organismos que velan por la seguridad de los ciudadanos y la institución que constantemente, fuera del sector salud, tiene que evaluar la calidad de la atención a las personas.
Luego de evaluar los elementos concurrentes, la comisión concluye que no operaron manos criminales y que en el fallecimiento de los once niños en un fin de semana operaron las mismas causas que evidenciaban el agotamiento de modelo de atención basado en la enfermedad.
Este informe, más el reclamo de la sociedad, fueron la oportunidad aprovechada para impulsar la voluntad política Presidente, Lic. Danilo Medina, para emitir el decreto 379-14, separando las funciones de Rectoría y Prestación de servicios, poniéndole el eslabón que le faltaba a la cadena para que los hospitales se transformen en Empresas Sociales de Estado y que el Ministerio de Salud pueda cumplir su rol de Rector de todo el Sistema Nacional de Salud, con calidad para permear las políticas públicas para que en las mismas este presente el punto de vista de la salud de las personas.
Esta columna no puede dejar de emitir su opinión sobre el tema del aborto por la conexión que tiene en lo inmediato con la oportunidad aprovechada, a través de las consecuencias derivadas de la crisis del Robert Read.
En el tema del aborto todo está dicho y los intereses están atrincherados en sus respectivas opiniones. Cualquier opinión expresada solo sirve para enardecer las pasiones. El sustentante de esta columna, en la sobremesa de la cena familiar, pasó por la experiencia de tratar de responder la inocente pregunta, ¿qué tu opinas del aborto hermano? El inicio de la respuesta coincidió con el inicio la fiesta de los monos. También pasó por la experiencia de observar como un análisis de un órgano del partido, que no ostenta la calidad de vocería, es tomado en la opinión pública como germen de contradicción a lo interno de la organización y peor aún, como elemento de oposición al Presidente de la República.
Esta situación repetida en todo el tejido social, confirma la teoría de la ecología de la acción de Edgar Morín: “cuando un individuo emprende una acción sea cual fuere, esta empieza a escapar a sus intenciones al entrar en un universo de interacciones, finalmente el entorno la toma en uno u otro sentido contrariando la intención inicial”.
El embarazo es un estado fisiológico normal en los seres vivos, mediante el se garantiza la supervivencia de la especie. En las personas las posibilidades de que el proceso pueda abortar de forma natural son enormes, algunas escuelas de obstetricia hablan de cifras de hasta un 50% de las mujeres haber pasado por esta experiencia.
Para garantizar la salud de la madre y la criatura, hasta incluso disminuir las posibilidades de aborto espontaneo, el proceso es seguido por un profesional de la salud, preferiblemente médico obstetra; en la intimidad del consultorio, madre y padre, bajo la orientación del médico deben dar seguimiento al curso del embarazo y tomar las decisiones pertinentes para garantizar la salud de madre e hij@ o tomar las decisiones pertinentes en cuanto a la necesidad de realizar una intervención médica que garantice la salud y/o la vida de ambos o decidir por uno de ellos si el caso pone en riesgo la vida de los dos. Las decisiones tomadas en este contexto no están penalizadas por la Ley Divina, por la Ética Profesional, por la Constitución de la República ni el Código Penal.
La intervención de otro actor, con intereses diferentes a la salud del embarazo contamina la decisión a tomar. Entre los actores podemos, según su interés se pueden mencionar: entre otros actores según su interés: los sectores que usan los programas de salud de la mujer gestante como una oportunidad de ganar dinero, los profesionales de la salud aterrados por la posibilidad de ser criminalizados por el ejercicio de la profesión, los sectores feministas que enarbolan el libre derecho de decisión de la mujer, los sectores políticos que procuran posicionamiento en el electorado, los sectores religiosos que procuran hacer valer la Ley Divina, se pueden mencionar hasta las personas que procuran proyectar su intelectualidad en el gran auditorio social.
Mientras esto ocurre, aproximadamente el 60% de las personas concibe en lugares donde no se dan los factores necesarios para garantizar la salud de las personas señalados en la Carta de Otawa: donde en vez de paz, la densidad poblacional convierte en costumbre la lucha por el espacio vital; la falta de ingresos adecuados se convierte en barrera para obtener una educación que los convierta en ciudadanos libres para la toma de decisiones; desarrollan su vida en un ecosistema insalubre y con evidente degradación de los recursos naturales; con denegación de justicia cuando la requieren y con restricción para asesar a los servicios del Estado en función de sus necesidades.
No puede sorprender que el desarrollo del estado de gestación en estas condiciones convierta la experiencia del embarazo en una aventura extrema de alto riesgo, con alta probabilidad de morir. Por esta razón no se ha podido reducir el vergonzoso indicador de muerte materna exhibido frente a la comunidad internacional.
De lo que se trata es de no simplificar el tema solucionando intereses sectoriales bajo el eufemismo de solidarizarse con los derechos de género, sino verlo en toda su complejidad, como un tema de derecho de la mujer a la garantía de Salud Sexual y Reproductiva desde la óptica de la transversalización del tema en las políticas de Estado para impactar los factores que determinan la salud, delimitados en la carta de Otawa, es la gran oportunidad aperturada con el fortalecimiento de la función de Rectoría del Ministerio de Salud.
En cuanto al aborto, que el Padre ilumine la inteligencia de los congresistas, para que la decisión tomada pueda consensuar las opiniones encontradas respetando la existencia con dignidad de las personas.