Hablan los hechos

2014: un año plagado de violencia y crisis humanitarias

Lo dijo el secretario general de la ONU, Ban Ki moon, en el 69º período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, a finales de septiembre pasado, al pasar balance a los principales acontecimientos ocurridos en el mundo hasta ese momento: “Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial nunca ha habido tantos desplazados, refugiados y solicitantes de asilo. Nunca antes se pidió a las Naciones Unidas que ayudaran a tantas personas proporcionándoles asistencia alimentaria de emergencia y otros suministros para salvar sus vidas.”

Se refería el diplomático surcoreano al producto de numerosos conflictos armados que, según sus propias palabras, ensombrecieron el horizonte de esperanza en todo el planeta.

Oriente medio siguió acaparando la atención del mundo, sobre todo en ocasión de la violencia desatada por el Estado Islámico (EI), una organización terrorista de la que pocos habían oído hablar, pero que de repente emergió como la mayor amenaza terrorista conocida hasta ese momento, con una porción de territorio bajo su control del tamaño del Estado de La Florida, con decenas de miles de hombres bien armados y entrenados a su servicio y un sofisticado sistema de financiamiento que le garantiza ingresos multimillonarios. Al Qaeda apenas se menciona.

Aunque Estados Unidos logró conformar una amplia coalición para hacerle frente al EI, nadie ha querido comprometerse en el combate por tierra de los yihadistas radicales, limitándose la estrategia occidental a brindar apoyo a las tropas iraquíes y kurdas en Irak, y a los grupos moderados que combaten al presidente Bashar al Asad en Siria, mediante bombardeos aéreos. El propio Barack Obama admitió desde el principio las limitaciones de esta estrategia, al admitir que la guerra contra el EI “será larga”.

En el 2014 el mundo pudo presenciar también una nueva escalada del conflicto israelo-palestino, luego de que el ejército israelí iniciara en el mes de julio un amplio operativo contra la franja de gaza que abarcó ataques de la aviación militar, la armada y el ejército de tierra. Esta nueva arremetida dejó como saldo cerca de 2000 muertos, decenas de miles de heridos y cuantiosísimos daños materiales. Israel pudo cometer esta nueva masacre sin afrontar ningún tipo de consecuencia.

Durante el año que está por concluir los fantasmas de la Guerra Fría volvieron a rondar al mundo luego de los sucesos ocurridos en Ucrania, donde miles de manifestantes forzaron la salida abrupta del poder de Viktor Yanukóvich, luego de que éste se negara a firmar un acuerdo de alianza con la Unión Europea. Moscú reaccionó reincorporando la península de Crimea al territorio de la Federación Rusa, lo cual se produjo luego de la celebración de un referéndum con amplia participación popular. Esto, a su vez, provocó que Estados Unidos y Europa le impusieran severas sanciones económicas al país euroasiático, mientras en el este ucraniano se libraba la denominada Guerra del Donbass, un territorio que abarca las provincias de Donetsk y Lugansk.

A todo esto se suman los conflictos en el África, como la lucha por el poder político en Sudan del Sur y Libia, la grave situación en Malí y Sahel debido a la insurgencia, el terrorismo y la delincuencia organizada, así como la amenaza que representan los grupos terroristas Al-Shabaab en Somalia y Boko-Haram en Nigeria, y el trauma que sufre la población por la fractura que se produjo en la República Centroafricana. Tales situaciones han cobrado la vida de miles de personas y han expuesto a millones de seres humanos a la amenaza de hambrunas.

Como si todo esto fuera poco, una epidemia de ébola se encargó de poner en evidencia la cruel situación en que se encuentran atrapados millones de seres humanos en el continente africano y la pasmosa indiferencia de las sociedades avanzadas frente a los graves males que afectan a los menos afortunados en el continente negro. Aunque el ébola avanzaba velozmente en varios países del África Occidental, con miles de afectados y cientos de muertos, no fue sino producto de la llegada de la enfermedad a Estados Unidos y España, con la consiguiente alarma creada entre la población de ambos países y a nivel mundial, cuando se produjo la reacción más o menos resuelta de la comunidad internacional.

En América Latina, las organizaciones progresistas actualmente en el poder lograron renovar sus mandatos en las elecciones celebradas en El Salvador, donde fue elegido presidente Salvador Sánchez Cerén, del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional; en Brasil, donde fue reelecta la presidenta Dilma Roussef, del Partido de los Trabajadores; en Bolivia, país que reeligió a Evo Morales, del Movimiento al Socialismo, y en Uruguay, donde fue electo presidente Tabaré Vásquez, del Frente Amplio.

También se celebraron elecciones en Costa Rica, donde se impuso Luis Guillermo Solís, del Partido Acción Ciudadana; en Panamá, donde se coronó triunfador Juan Carlos Varela, del Partido Panameñista, y en Colombia, donde se reeligió el presidente Juan Manuel Santos.

El giro en Colombia hacia posiciones más moderadas con el ascenso al poder de Juan Manuel Santos creó un ambiente propicio para el inicio de un diálogo con la guerrilla, que al decir de muchos académicos constituye el esfuerzo más serio a favor de la paz en toda la historia del conflicto, lo que a su vez ha contribuido a distender y mejorar sustancialmente las relaciones de este país con sus vecinos.

La reelección de Dilma Russeef en Brasil, por su parte, constituyó un nuevo revés para los sectores neoliberales que buscaban su retorno y que con el asalto al poder en Brasil procuraban una especie de “efecto dominó”. La novedad en el proceso brasileño fue la irrupción con fuerza en el escenario político de Marina Silva, quien sustituyó como candidata del Partido Socialista a Eduardo Campos, fallecido en un accidente de aviación en el mes de agosto. Sin embargo, el oxigeno no le alcanzó a Silva para mantenerse entre los dos punteros, quedando descartada para la segunda vuelta, que ganó Russef al socialdemócrata Aécio Neves. Se quedaron cortos los que vaticinaron la ruina del PT como consecuencia de la derrota de Brasil en el mundial de futbol, un espectáculo con cuya organización Brasil brilló por todo lo alto.

En el 2014 Latinoamérica dio pasos significativos con miras a reafirmar su soberanía y autodeterminación mediante el impulso de la cooperación y la integración intrarregional. A este propósito ha servido, además, la ampliación y consolidación de las relaciones con otros países del mundo, sobre todo con China, lo que ayudó al sostenimiento del crecimiento.

La cooperación intrarregional, que se ha expresado en iniciativas como la conformación de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), cuya mediación fue de capital importancia para evitar la desestabilización de Venezuela, ha contribuido a modificar el esquema de relaciones con estados Unidos. La recién anunciada normalización de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba es una clara manifestación de este proceso.

Estados Unidos puso en libertad a los tres cubanos condenados por supuesto espionaje, mientras que Cuba consintió en poner en libertad por razones humanitarias al estadounidense Alan Gross, condenado por la comisión en la isla de varios delitos. Los aspectos más odiosos del embargo contra Cuba se mantienen. Obama instó al Congreso a discutir la posibilidad de una flexibilización de las sanciones impuestas al país caribeño mediante la Ley Helms-Burton.

Más lejos de nosotros, en la región asiática, se vivieron momentos de grandes tensiones a consecuencia de viejas disputas territoriales. Una de ellas es la relativa a la pertenencia de decenas de pequeñas islas del mar de China Meridional, que involucra a China, Japón, Corea del Sur, Filipinas, Malasia y Vietnam. Se trata de islas sobre las que nadie tiene una posesión efectiva.

Los resultados de estudios científicos que revelan la existencia en la plataforma submarina del Mar Meridional de abundante gas y petróleo, ha servido de estímulo a las apetencias de los países de la región.

A esto se añade el marcado interés geopolítico de Estados Unidos por esta región. Por momentos pareció que se gestaba la conformación de una gran alianza para cercar y aislar a China. Simultáneamente, Occidente ejercía fuertes presiones sobre Rusia con la imposición de severas sanciones económicas.

En este particular contexto, China y Rusia llegaron a un acuerdo para “el establecimiento de una asociación integral de cooperación entre los dos países en el sector energético,” que prevé el suministro por parte de Rusia al país asiático de 38 millones de metros cúbicos de gas natural al año a partir del 2018. Conforme a lo que se anunció durante una visita del presidente Vladimir Putin a Beijing, el gigante asiático pagará a Rusia por ese combustible la suma de 400 mil millones de dólares en los próximos 30 años. Ambos países invertirán en el proyecto la suma de 70 mil millones de dólares.

Por otra parte, el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que reunió a los líderes de 21 países en Beijing, sirvió para llevar la distensión a la zona. En el marco de ese encuentro China inició el deshielo de sus relaciones con Japón, congeladas durante dos años, suavizó sus relaciones con Vietnam, anunció la ampliación de sus relaciones con Rusia en el campo del suministro de gas desde Siberia y logró el tono conciliador de Barack Obama, quien anunció la flexibilización de la política de visados para estudiantes chinos y pidió una solución a la situación de tensión en Hong Kong que evite la violencia.

No obstante, en el marco de la cumbre APEC por primera vez se enfrentaron en forma directa las dos grandes propuestas para la región: la Alianza Trans Pacífica (TPP), auspiciada por Estados Unidos y Canadá, y la Zona de Libre Comercio Asia Pacífico (FTAAP, por sus siglas en inglés), promovida por China.

Según el anuncio hecho por el presidente Xi Jinping al término del encuentro, las naciones allí reunidas decidieron “comenzar el proceso para construir una Zona de Libre Comercio Asia Pacífico y hemos adoptado una hoja de ruta para lograrlo”.

La visita a China de Obama para participar en la cumbre APEC fue el primer viaje hecho por el presidente estadounidense al exterior luego de las elecciones de medio término, en las que el Partido Demócrata sufrió una derrota aplastante. El partido rojo logró arrebatarle a los azules el control de ambas cámaras del Congreso y 22 de las 36 gobernaciones en juego.

Todos los analistas coincidieron en señalar que los demócratas tuvieron que cargar en estas elecciones con el pesado fardo de la impopularidad del presidente Obama, cuyo nivel de aceptación se situaba por debajo del 40 por ciento.

El resultado electoral lució un contrasentido tomando en cuenta que en el último trimestre el Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense creció un 4 por ciento, mientras que el desempleo pasó del 10 por ciento en el 2008-2009, a un 6,2 por ciento en la actualidad. El déficit fiscal, por su parte, se ubicó en 91 mil 600 millones de dólares en octubre pasado, lo que representó una espectacular caída del 23,7 por ciento con relación al mismo mes del año pasado. Los especialistas aseguran que la economía norteamericana no está generando suficientes empleos de calidad como para paliar la situación que generó la gran pérdida de puestos de trabajo de este tipo que se produjo a consecuencia de la crisis, razón por la cual muchos norteamericanos no han sentido la mejoría.

Durante este 2014 Estados Unidos vivió momentos de graves tensiones a consecuencia de los hechos de brutalidad policial cometidos contra ciudadanos negros atribuidos a prejuicios raciales. La primera gran oleada de protestas se produjo en Ferguson, Misuri, luego de la muerte a tiros del Michael Brown, de 18 años, a manos del policía blanco Darren Wilson. Las autoridades del Estado tuvieron que emplearse a fondo para contener a los manifestantes, viéndose precisadas, incluso, a autorizar el uso de la Guardia Nacional. Las protestas retornaron luego de que un gran jurado decidiera no presentar acusación contra Wilson.

Protestas pacíficas y violentas se produjeron también luego de que otro gran jurado decidiera no presentar cargos contra el agente policial Daniel Pantaleo, quien asfixió al afroamericano Eric Garner al sujetarlo por el cuello en un intento de reducirle. Garner vendía ilegalmente cigarrillos sueltos en State Island, New York.

Otro caso que provocó conmoción es el de Tamil Rice, un niño de 12 años muerto a tiros por agentes policiales mientras jugaba en un parque de Cleveland, Ohio, con un juguete en forma de pistola. La policía acudió al lugar luego de una llamada telefónica hecha por un vecino alarmado. El hecho ocurrió el 22 de noviembre.

Las manifestaciones de indignación de la comunidad afroamericana hicieron recordar las oleadas de protesta de los años 60.

Entretanto, en Europa, cuya economía apenas registra un leve crecimiento inferior al uno por ciento en lo que va de año, tuvo lugar un auténtico terremoto político al producirse un significativo repunte de los partidos euroescépticos y, sobre todo, los de corte fuertemente xenófobo y radical en las elecciones al Parlamento Europeo, superando, en conjunto, el 20 por ciento de los votos.

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En Francia, los planteamientos de Marine Le Pen fueron los más votados, con el 25 por ciento de los sufragios, convirtiéndose así en la primera fuerza política del país. En el Reino Unido ganó el Partido de la Independencia, del eurocrítico Nigel Farage. En Grecia, la formación dirigida por Nikolaos Micholiajos, Amanecer Dorado, salpicada por numerosos escándalos y acusaciones directas de asesinato, se convirtió, con un 9,3 por ciento de los votos, en la tercera fuerza más votada. En Alemania, los euroescépticos de Alternativa por Alemania, una organización con apenas un año de fundada, logaron entrar al Parlamento Europeo, con el 7% de los votos. Incluso, el ultraderechista Partido Nacional Demócrata (NPD), vinculado en el pasado a ataques xenófobos, logró un asiento en el legislativo europeo.

En Dinamarca también arrasó la extrema derecha de mano del ultranacionalista y xenófobo Partido Popular Danés, que logró más de una cuarta parte de los votos, once puntos más que en el 2009. La ultraderecha también avanzó en Austria y Hungría.

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La excepción fue España, donde la organización de izquierda “Podemos”, surgida de entre las redes de ciudadanos “indignados” que protagonizaron numerosas protestas en distintas ciudades de España por la crisis económica, logró la cuarta posición con el 7,98 por ciento de los votos.

Podemos logró romper la tradicional hegemonía en la política española de los partidos Popular y Socialista Obrero Español. Una encuesta del diario el país llegó a ubicar a esta organización en la primera posición, con un 27,7 por ciento de los votos, frente a un 20,7 por ciento del Partido Popular y un 26,2 por ciento del PSOE.

En fin, el electorado europeo envió un claro mensaje de alerta y castigo.

En el 2014 el mundo occidental respiró con alivio ante el resultado del referéndum celebrado en Escocia, en donde el 53,3 por ciento de la población votó en contra de la separación del Reino Unido, frente a un 44,7 que se mostró favorable.

Los partidos Conservador, Laborista y Liberal Demócrata decidieron emplearse a fondo, pasando de la “estrategia del miedo” (así bautizaron los independentistas las advertencias constantes de estos partidos de que los bancos y las principales compañías británicas abandonarían Escocia, que quedaría fuera de la Unión Europea y tendría que sustituir la libra esterlina si ganaba el “Sí”) a asumir un firme compromiso a favor de la ampliación del autogobierno escocés en caso de que ganara el “No”. La estrategia funcionó, pues las encuestas dieron puntero al “Sí” faltando pocos días para las votaciones.

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En España, paralelamente, el proceso soberanista Catalán cobró nuevos impulsos con la celebración de manifestaciones de miles de ciudadanos partidarios de la separación de España. El Tribunal Constitucional de este país suspendió por unanimidad la ley catalana de consultas y acogió posteriormente la impugnación del gobierno de Mariano Rajoy contra la consulta alternativa impulsada por el gobierno de Artur Mas.

Amplia repercusión tuvo la decisión adoptada por el grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), en su cumbre de Brasil, de crear un fondo de estabilización monetaria denominado Acuerdo de Reservas de Contingencia (Contingent Reserve Arrangement o CRA) y un banco de desarrollo, denominado Banco BRICS.

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Se trató de una decisión trascendental susceptible de modificar la estructura financiera internacional creada en Bretton Woods, Estados Unidos, en 1944. Los dos nuevos mecanismos multilaterales funcionarán como alternativas al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, que desde el momento de su creación hasta la fecha han estado bajo el control de Estados Unidos y Europa occidental.

El CRA, contará con el respaldo de un fondo de 100 mil millones de dólares que se creará con aportes de China por 41 mil millones de dólares; Brasil, India y Rusia, por 18 mil millones cada uno, y Sudáfrica por 5 mil millones de dólares.

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El CRA se concibió como un mecanismo de protección de la estabilidad económica, brindando apoyo a los países con presiones de liquidez a corto plazo.

Finalmente, desde mediados de año ha sido noticia la tendencia hacia la baja en los precios internacionales del petróleo. Los miembros de la OPEP no alcanzaron un acuerdo para reducir la producción de petróleo en su reunión celebrada en Viena, Austria. Los países del Golfo Pérsico, con Arabia Saudita a la cabeza, se impusieron frente a naciones como Venezuela e Irán, que abogaban por un recorte en la producción para elevar los precios.

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Previo al encuentro, el hoy presidente saliente de la organización que agrupa a los países responsables del suministro de la tercera parte del petróleo que se consume en el mundo, Abdalla Salem El-Badri, reconoció que la caída que han estado experimentando los precios del crudo desde junio pasado es el resultado de una estrategia para dejar fuera del mercado el shale oil o petróleo de esquistos, producido por Estados Unidos con la ayuda de la tecnología del fracking, principal responsable de la actual sobre-oferta en el mercado.

Pero al mismo tiempo se denunció la existencia de una conspiración para debilitar las economías de Rusia, Venezuela e Irán, propiciando el desplome de los precios del denominado oro negro, su principal rubro de exportación.

Raul Castro

2014, como puede apreciarse, fue un año difícil, con noticias tan tristes como la partida del inmenso Gabriel García Márquez, el autor de Cien Años de Soledad. Pero también se registraron avances importantes, como el primer paso hacia la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Desde luego, la caracterización del año que está por terminar en términos noticiosos a nivel mundial es tarea fundamental del lector. Esperamos que el presente resumen, hecho sin apego a un orden cronológico, resulte útil para ese propósito.

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