El Partido de la Liberación Dominicana ha mantenido durante los últimos 14 años la confianza y el aprecio del pueblo dominicano. Sus gestiones de gobierno le han permitido continuar en el poder superando en primera vuelta a sus opositores en las tres últimas elecciones.
Las exitosas gestiones de gobierno encabezadas por Leonel Fernández y Danilo Medina, han estado acompañadas de un formidable desempeño por parte de su dirigencia, que tuvo su más reciente y resonante logro en la celebración del Octavo Congreso Ordinario Comandante Norge Botello, cuyos mandatos se mantienen en ejecución, exhibiendo ante el país sus dotes de organización disciplinada, laboriosa y unitaria.
Durante los dos últimos años, el PLD ha resistido la más despiadada campaña de descrédito en contra de su liderazgo, en una frenética acción política y mediática con la que se ha procurado diezmar su fortaleza unitaria y desdorar sus realizaciones con la macabra intención de sacarlo del poder en las venideras elecciones.
Al iniciar el 2015, el partido morado de la estrella amarilla avanza en forma firme y segura hacia otra contienda con las luces de una ejemplar gestión administrativa y un liderazgo partidario que se fortalece, haciendo añicos conjuras y despropósitos como los señalados.
Las encuestas hechas y las ya proyectadas a partir de la creciente percepción de triunfo seguro presente en la población, colocan al PLD a las puertas de un proceso interno para la escogencia de sus candidatos, libre de actitudes contrarias a su naturaleza disciplinaria y en ruta franca hacia la conformación de una boleta templada en la vocación de poder, en la destreza política y gerencial y en su invulnerable espíritu de cuerpo.
Ese es, en definitiva, el clima que prima en la organización fundada por Juan Bosch de cara a las elecciones del próximo año. De ahí los terribles temores que se ciernen sobre una oposición desarticulada con un entorno mediático al que se le agotan los argumentos en contra del PLD y al que poco le falta por reconocer que el trayecto hacia un nuevo triunfo electoral peledeísta es un camino sin retorno.