Los acontecimientos de 1963, como ya vimos, fueron el resultado de la unión de un conjunto de fuerzas internas encabezadas ideológicamente por el clero católico, políticamente por las fuerzas mas conservadoras de la sociedad y económicamente por los grandes tenedores de la tierra y la oligarquía pueblerina, que veía peligrar los privilegios acumulados durante la dictadura.
Pero además, estos grupos recibieron el apoyo de parte del gobierno de los Estados Unidos, que en su guerra territorial con la URSS, quería impedir de cualquier manera que se estableciera un régimen, al cual se le acusaba de ser filo-comunista y con tendencia hacia la izquierda, en la República Dominicana.
Sin embargo, en esos años muy lejos estaba Juan Bosch de plantear un gobierno de ideología izquierdista. Si examinamos bien sus ideas políticas para la época, este era un convencido de que el sistema democrático liberal era el camino que debía seguir la República Dominicana a la salida de la dictadura de Trujillo.
Solo habría que leer detenidamente su libro ¨Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana¨, que comenzó a escribir en su exilio en 1964 en Puerto Rico, donde acusa a sectores específicos de la sociedad, muy especialmente a los corrompidos jefes militares de la época y a la clase oligárquica (médicos, abogados, empresarios) de no entender las obligaciónes y deberes de un Presidente en el sistema democrático representativo, y describe la alianza que hicieron los sectores mas atrasados de la sociedad dominicana para frustrar la experiencia democrática que el encabezó durante siete meses.
Al golpe de estado de 1963, le siguió un periodo de inestabilidad política caracterizado por la presencia de los representantes civiles de los militares golpistas, ya que estos últimos se negaron a detentar la cabeza del poder.
Mas que un gobierno de corte conservador, es decir, capaz de aplicar políticas que promovieran cambios graduales hacia la mejoría y bienestar de una población mayoritariamente pobre e indigente, el triunvirato en su composición era el representante de una oligarquía que, cumpliendo con su definición como sector de clase, se sentía superior al resto de la población y gobernaba de espaldas a su realidad.
Es decir, no solo sufría en su origen del pecado de la ilegitimidad electoral, sino que también sufría de una desconexión con la realidad social, política y económica de la mayoría de los dominicanos.
A las continuas crisis internas dentro del gobierno colegiado establecido desde el golpe de 1963, se le sumó la división de las Fuerzas Armadas, la corrupción descarada de los jefes de los cuerpos militares y la Policía Nacional, la insatisfacción de la población y un estado de ingobernabilidad y falta de autoridad que desembocó en el levantamiento de un sector militar en abril de 1965.
Es interesante rescatar el dato de que los militares rebeldes de abril se plantearon la puesta en vigencia de la Constitución de 1963, que como vimos era el documento ideológico mas importante que se había producido desde el ala liberal de la sociedad dominicana durante todo el siglo XX.
Es decir, en medio de la maraña ideológica en que se debatía el mundo en la década de los 60, en la República Dominicana un sector importante de las fuerzas armadas se levantaba en armas para exigir el derecho de construir una democracia de corte liberal representativa.
Lo que se denomina la ¨revolución de abril¨ entonces, ideológicamente lo mas que puede ser calificada es como el reclamo de construir un sistema democrático que pusiera en vigencia las instituciones que caracterizan el sistema democrático es decir, en su origen no se planteó un proceso revolucionario de sustitución de estructuras políticas, que era el significado real de lo que sería una revolución por medios violentos, el reclamo de las armas terminaba con la puesta en vigencia de un documento que fue derogado por medio de la fuerza.
Entonces la división de las fuerzas armadas, el golpe de estado contra el ¨Triunvirato¨, el enfrentamiento armado en la ciudad de Santo Domingo, la invasión de los Marines norteamericanos a solo cuatro días del inicio de las hostilidades, la reducción del espacio rebelde a unas cuadras sin escapatoria y todo lo que siguió con las conversaciones para exigir la rendición y salida de su líderes militares, no fue mas que la sucesión de hechos que llevó de nuevo a los sectores conservadores del país al poder de la mano de Joaquín Balaguer en 1966.
Las elecciones de ese año fueron condicionadas por la presencia en el país de las tropas interventoras de la Organización de Estados Americanos, el impacto de la lucha armada y los mas de tres mil muertos que causó y la necesidad de recobrar en muchos aspectos la gobernabilidad perdida desde el golpe de estado de 1963.
Ahora, la presencia de Balaguer como candidato, que llegó al país en medio del conflicto armado desde su exilio en la ciudad de Nueva York, provocó la alianza entre los sectores militares conservadores, la oligarquía que había provocado su salida del poder en 1962 y la parte mas atrasada desde el punto de vista político de la sociedad dominicana.
Para los norteamericanos, que en esa época tenían como primer mandatario a Lyndon Johnson, uno de sus presidentes mas torpes de la historia, era de vital importancia establecer un plan estratégico que impidiera el establecimiento de lo que consideraban podía ser una nueva Cuba en el Caribe.
Los doce años de gobierno que siguieron a la guerra de abril, plantearon objetivos estratégicos políticos y económicos que impedirían cualquier intento de revolución de tipo socialista en nuestro territorio.
Balaguer fue el instrumento político personal que sentó las bases para el inicio del proceso hacia la democracia liberal en nuestro país, como alternativa a las posiciones revolucionarias socialistas que, inspiradas por los procesos revolucionarios que se desarrollaban en el sudeste de Asia y otros países del mundo, creían en un cambio radical de las arcaicas estructuras sociales que se habían eternizado durante la dictadura.
Es decir, durante estos doce años, se enfrentaron a sangre y fuego dos posiciones políticas irreconciliables, por una parte el gobierno de Balaguer, apoyado por los Estados Unidos, en su afán de establecer las bases económicas para evitar que la insatisfacción de la población provocara otro enfrentamiento armado de gran magnitud, y por por otro lado, la izquierda fraccionada y atomizada que, en medio de discusiones teóricas interminables, planteaba una revolución violenta tal como lo estipulaba el Manifiesto Comunista de 1848.
Por esto el autoritarismo político es la nota mas destacada de este periodo, aunque se produjo un notable avance económico, sostenido especialmente por los altos precios del azúcar en el mercado internacional y la cuota preferencial que otorgaba al país los Estados Unidos, como forma de sostener económicamente al gobierno.
El gobierno de los doce años desde su inicio impuso un rígido control de los salarios a nivel público, en lo que se llamó un periodo de austeridad que se prolongó durante varios años. Esto se tradujo en un gran ahorro interno que sirvió para construir obras de infraestructura, pero al mismo tiempo disminuyó el atractivo de los mejores cerebros del país para su ingreso al servicio público.
A esto se le agregó una dura represión contra los sindicatos organizados y la supresión de la mayoría de los derechos que habían sido otorgados a los trabajadores en la Constitución de 1963, por lo que se dieron varios pasos hacia atrás en cuanto a la libertad sindical y los beneficios de los obreros que debía garantizar el estado.
La represión política de los disidentes, especialmente la izquierda, fue la regla y no la excepción en estos años. La organización del combate en las calles contra la izquierda fue responsabilidad de los asesores militares de los Estados Unidos en el país y el reforzamiento y entrenamiento ideológico correspondió a la llamada Escuela de Las Américas, ubicada en Panamá, a donde fueron enviados la mayoría de los mandos militares.
Además el poder político se concentró en el Presidente de la República, convirtiéndose el Poder Judicial y el Poder Legislativo en ¨sellos gomígrafos¨ de quien encabezaba la cosa pública.
Durante esos años los procesos electorales fueron realizados en condiciones muy precarias y en medio de la fuerte represión militar, incluso con la participación de los mandos militares en la actividad política a favor de los candidatos del gobierno.
Es decir, políticamente los doce años podrían calificarse como el regreso a la época represiva de la dictadura de Trujillo, por esto algunos historiadores llaman a este periodo de nuestra historia como ¨neo-trujillista¨, ya que existían cientos de presos políticos y miles de personas se encontraban fuera del país con impedimento de entrada o por peligro de su vida si regresaba al suelo patrio.
Sin embargo, al tiempo que políticamente parecía que volvíamos atrás, desde el punto de vista económico el gobierno de Balaguer sentaba las bases de los grupos que darían sostén posteriormente al proceso democrático representativo que hoy día tenemos.
Durante los doce años de mantuvo la formalidad que caracteriza a un estado democrático, nunca se clausuró el Congreso Nacional ni los órganos que constituyen el Poder Judicial y, ni en las peores situaciones el Presidente decidió gobernar al margen de las instituciones previstas en la Constitución.
Además se mantuvo un espacio para la oposición política menos ridiculizada, la que en definitiva iba sustituir al régimen por la vía electoral en 1978, es decir, a pesar de la represión política la existencia de gobierno versus oposición, que es típica del sistema democrático se mantuvo en este periodo.
Este espacio de apertura política, a pesar de que las elecciones de 1974 se efectuaron bajo una fuerte represión, fue lo que permitió al Partido Revolucionario Dominicano adoptar definitivamente la vida electoral como forma de acceder al poder y establecer vínculos con los llamados ¨liberales de Washington¨ y los partidos de tendencia social demócrata en Europa Y América Latina, que le abriría las puertas al gobierno en 1978.
Estratégicamente tanto Balaguer como los Estados Unidos se concentraron en destruir desde el punto de vista político a los elementos mas radicales y al mismo tiempo en comenzar a construir las clases sociales que darían sostén a un sistema democrático estable.
Para esto se establecieron incentivos para la creación de una clase empresarial que no existía en el país, ya que se hacía muy difícil el desarrollo particular en un régimen que abarcaba toda la actividad económica, como el de Trujillo.
La idea inserta en la Constitución de 1963, de establecer el modelo de zona franca y turismo como ejes del desarrollo nacional, fue asumido en esos años a través de fuertes incentivos a la inversión e incluso se promovió la política de sustitución de importaciones que era implementada por los organismos internacionales en todo el continente.
La expansion de la industria, la manufactura y los servicios provocó una fuerte expansión de las clases medias, los profesionales de diversas áreas y un mayor ingreso en los trabajadores del sector privado, lo que a su vez disminuyó el incentivo de participar en soluciones políticas de tendencia radical.
La suma de estas y otras medidas, que incluyen los incentivos financieros otorgados por Estados Unidos comprando azúcar a precios preferenciales superiores a los del mercado internacional y una fuerte inversión en las obras públicas de infraestructura, dibujaron un país diferente con miras a las elecciones de 1978.
Después de doce años de gobierno consecutivo, el entorno internacional y nacional se volcó en contra de la continuación de Balaguer cuando se presentó la oportunidad de sustitución en el proceso electoral de 1978.
Los mismos factores de progreso se puede decir que conspiraron para derribar el régimen; el empresariado comenzaba a verse a si mismo como un factor de desarrollo y enriquecimiento al margen de las acciones del gobierno y los nuevos actores de ese sector tenia muy en claro la necesidad de mantener la estabilidad política como forma de garantizar sus empresas.
La clase media, ya con muchas de sus necesidades cubiertas, se lanzó a las calles a apoyar los partidos de oposición porque su meta había cambiado, ahora exigía libertades públicas y derechos ciudadanos que habían sido conculcados durante el régimen de los doce años.
Además, surgía una nueva clase militar, que no había tenido participación importante durante el régimen trujillísta, y después de que Balaguer había subordinado el poder militar a su voluntad, esos militares consideraban que ya no era necesaria su participación directa en los asuntos que competían exclusivamente a los civiles.
Es decir, el régimen había construído desde dentro los actores políticos y económicos que iban a desalojarlo del poder por la vía electoral.
A pesar del intento de los viejos militares trujillistas de oponerse por medio de las armas al resultado en las urnas en 1978, las cosas habían cambiado en el mundo desde 1966.
Los Estados Unidos habían electo a Jimmy Carter, un Pastor Bautista de Georgia, como su Presidente, pero mas que eso, era parte del grupo liberal al que se había acercado el PRD, por lo que la alianza de 1966 a favor de Balaguer, se revirtió esta vez a favor de Antonio Guzmán, el candidato opositor.
Dentro del PRD se había evitado dar la imagen de radicalismo, escogiendo a Guzmán, un empresario de Santiago vinculado a los negocios de importación y posteriormente a la producción agrícola, es decir, un empresario con perfil consercador.
Balaguer ya venía sufriendo un evidente deterioro de su salud, muy especialmente su capacidad visual, por lo que era una persona disminuida y en medio de la crisis se quedó con una mínima capacidad de maniobra.
Consumada la victoria electoral del PRD y Guzmán, se daría inicio a un nuevo ciclo de la historia política dominicana, conceptualmente un gobierno de ideología conservadora, Balaguer, era sustituido por un presidente liberal, Antonio Guzmán.
Si esto fue o no un salto cualitativo en la política dominicana, lo analizaremos la proxima semana.