Durante la recién finalizada Semana Santa las autoridades nacionales y gran parte de la sociedad se mantuvo en vilo, más que por el triduo de reflexión, por los resultados trágicos de los días de asueto en diversión y bebentinas, como tradicionalmente se esperan.
Como nunca hubo un despliegue de esfuerzo conjunto y de uso de recursos por preservar la cordura de los vacacionistas. Pero no. Pese a una disminución de las fatalidades en tres vidas salvadas respecto al año anterior, no fueron suficientes los logros al parecer.
Los resultados alcanzados no se miden únicamente en los decesos in situ, existen otros parámetros a evaluar que no pueden perderse de vista luego de pasado el período, analizados con cabeza y mente fría, con el objetivo de implementar nuevas medidas e iniciativas que conlleven a reducir los complejos factores de riesgo en los años venideros.
Sin lugar a dudas, tenemos que reconocer el esfuerzo de integración interinstitucional logrado esta vez. Sin embargo, la transparencia real está en decir cuanto en término monetario significó todo aquello.
Si comparamos con años anteriores, nos damos cuenta si en realidad valió la pena, si se requiere de otra planificación más eficiente y eficaz, o si tenemos que incorporar otros componentes importantes para ser más competitivos.
La imagen siguiente nos abre el camino para nuevas discusiones en ese sentido:
El valor medio de las fatalidades en cinco años de acción oficial es de 27 personas muertas por siniestalidad en las vías nacionales. Una víctima mortal más que el resultado del 2015.
Sin embargo, notamos el crecimiento en las demás variables, como son: la cantidad de eventos trágicos, los lesionados generados y el número de víctimas.
Cuando pensamos que continuarán muriendo después de los sucesos, que deben contarse hasta los 30 días subsiguientes de los mismos, es escalofriantes al comparar los heridos del 2015 ascendentes a 1,027 con los 787 del 2014.
Los organismos internacionales estiman que un gran porcentaje de los lesionados no tendrán la suerte de sobrevivir dicho período.
Por tanto, habrá que sumarles las fatalidades por esta causa hasta los 30 días del hecho, para los cálculos de las tasas de mortalidad correspondientes.
A manera de ejercicio, un 25% de ajuste a los lesionados de los dos últimos años, arrojarían una cifra de muertes por sinestros viales igual a 226 y 284, para el 2013 y el 2014, respectivamente. Que serían finalmente las muertes por siniestros viales durante la denominada Semana Mayor.