Hablan los hechos

Los flujos migratorios aterran a Europa

En la cumbre extraordinaria del pasado 23 de abril sobre migración, convocada con carácter de urgencia luego del naufragio de una embarcación repleta de emigrantes a poco más de cien kilómetros de las costas de Libia sobre el Mediterráneo, un hecho sin precedente en el que murieron ahogadas casi 800 personas que intentaban llegar clandestinamente a Europa, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión aprobaron un plan de diez puntos que contempla aumentar los recursos para reforzar y ampliar la labor de vigilancia de las fronteras, endurecer la lucha contra las mafias dedicadas al tráfico de personas y acelerar las devoluciones de “irregulares” a sus lugares de procedencia.

En lo que va de año han muerto casi dos mil personas al intentar llegar a Europa cruzando el Mediterráneo, treinta veces más que en igual período del año anterior. Según expertos, el 85% de las muertes de personas en tránsito migratorio ocurren precisamente en el segundo mar interior más grande del mundo después del Caribe.

Se calcula que durante este 2015 unas 31,500 personas han logrado cruzar el Mediterráneo, alcanzando las costas de Italia, Grecia o Malta, las principales puertas de entrada a Europa.

El año pasado lograron esa hazaña 219,000 emigrantes, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que calculó en 3,500 las muertes ocurridas en ese período.

Si se comparan estas cifras con las de 2013, año en el que solo 60,000 personas lograron llegar a Europa por esa vía, y con las del 2012 (22,500), se advertirá un drástico incremento del flujo de migrantes hacia el viejo continente en frágiles embarcaciones.

Actualmente uno de los principales puntos de entrada es la isla italiana de Lampedusa por ser la parte del territorio europeo más próxima al norte de África. Hasta hace poco las Islas Canarias eran el punto de llegada preferido por los inmigrantes procedentes del África subsahariana. España logró desestimular significativamente esos flujos de personas reforzando la vigilancia fronteriza y la cooperación con Marruecos. Muchos de los habitantes de esta pobrísima región africana, sin embargo, han optado por utilizar otras rutas para llegar a Europa.

Aparte del Mediterráneo, los flujos migratorios siguen otras rutas, como por ejemplo desde el territorio de los Balcanes o partiendo desde Turquía para llegar a Bulgaria y desde allí avanzar hacia distintos destinos finales.

¿Cuáles son los principales países emisores y por qué han aumentado los flujos migratorios?

La agencia de la ONU para los refugiados atribuye a las guerras en Siria e Irak la causa principal de las migraciones hacia Europa. Tres millones de sirios han salido huyendo del conflicto hacia los países vecinos. De estos un millón, aproximadamente, han sido acogidos en el Líbano. Mientras, otros seis millones son desplazados de guerra en su propio país.

Otro gran expulsor de migrantes es el Cuerno de África. En su concepto más restrictivo, esta zona la integran Somalia, Etiopía, Eritrea y Yibuti; abarcando también Kenia, Sudán, Sudán del Sur y Uganda, en su concepción más amplia. Se trata de una de las zonas más pobres del mundo, asolada constantemente por las hambrunas y la inestabilidad económica, social y política, con conflictos armados permanentes. Los episodios de graves sequías son también otro gran azote de la región.

El principal punto de partida de los que emigran desde la región del Cuerno de África es Libia, en la parte norte del continente, un país sumido en el caos desde el derrocamiento de Muamar Gadafi hace cuatro años y que también se ha convertido en expulsor de emigrantes.

Gran cantidad de personas continúa huyendo de la pobreza y la violencia de lugares como Afganistán, Pakistán o Chechenia, esta última una república del Cáucaso norte.

La llegada en masas de emigrantes desesperados y la gran tragedia que significa la muerte de miles en el intento, han mostrado la urgente necesidad de una respuesta conjunta de Europa al problema, que muchos esperan se agrave con la llegada del verano, cuando las condiciones climatológicas son más propicias y muchas más personas pudieran aventurarse al mar.

Sin embargo, llegar a un consenso sobre el tema no ha sido fácil. La principal dificultad radica en cómo distribuir entre los miembros de la Unión la carga económica de la lucha contra la inmigración irregular y la enorme cantidad de solicitudes de asilo que de esta se derivan.

Los países que por su posición geográfica son grandes receptores de inmigrantes irregulares, como Italia, han demandado persistentemente una mayor contribución financiera y tecnológica de los demás, entre los que figuran países tan ricos como Alemania, que se defienden invocando su contribución a través de su política de atención a las solicitudes de asilo.

En el 2013 hubo 435,769 solicitudes de asilo, un procedimiento mediante el cual un individuo adquiere el estatus de refugiado o alguna otra forma de protección internacional cuando existe un riesgo para su persona en su país de origen. La cifra representó un aumento del 30% con respecto a 2012. Sin embargo, del total de solicitudes menos de la tercera parte tuvo éxito. Destacan por el total de concesiones Alemania, Francia, Suecia, Reino Unido, Bélgica, Italia y Austria.

En el 2014 las solicitudes de asilo totalizaron 626,065, 43% más que en el 2013. La mayoría de los solicitantes eran sirios, pero de estos apenas el 5% fue acogido.

En muchos países europeos crece actualmente el rechazo de la población a la presencia de inmigrantes, lo que tiene mucho que ver con la crisis económica actual, las altas tasas de desempleo y la amenaza terrorista que se percibe en aumento. Todos estos son factores que complican significativamente la búsqueda de una solución al problema, que está permanentemente en el debate político.

En el año 2014 la Unión Europea sustituyó la misión “Mare Nostrum”, llevada a cabo por Italia, por la denominada misión “Tritón”, a cargo de la Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores de los Estados Miembros de la Unión (Frontex).

La decisión supuso un mayor involucramiento de toda la Unión en el asunto, pero su mandato se limitó al patrullaje en una franja de 30 millas náuticas partiendo de las costas italianas, con un presupuesto de apenas 18 millones de euros al año, que por decisión de la cumbre de líderes europeos del 23 de abril pasado será triplicado.

Los críticos del plan de los 10 puntos aprobados en el marco de esa cumbre alegan que este se centra solo en el interés de sellar la frontera para impedir la entrada de inmigrantes, cuando debería dirigirse principalmente a rescatar embarcaciones en peligro y salvar vidas.

Se argumenta, además, que dicho plan ignora completamente los orígenes de los flujos migratorios y que para nada resuelve la cuestión del reparto equitativo de los refugiados, con lo que pudiera lograrse mayor estímulo a la migración legal. Los que así piensan argumentan que tan solo 5 países de los 28 de la Unión reciben el 75% de los refugiados, y que 9 acogen el 95%.

Frontex

Se critica también la decisión de encomendar a la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, la misión de preparar una misión civil, con un componente militar, encaminada a destruir in situ las embarcaciones empleadas por los traficantes para trasladar a los migrantes. Se alega que esas mismas embarcaciones son las que se utilizan para la pesca en países con problemas alimentarios y altas tasas de desempleo.

Sin embargo, es innegable que Europa hace conciencia del grave reto que tiene ante sí. La cuestión, sin duda, ha pesado mucho en el enfoque de Alemania y Francia sobre la situación actual en Ucrania y el peligro de que la misma derive allí en una guerra total en las actuales circunstancias. La iniciativa de estos dos países, como dijimos en un artículo anterior, para lograr una salida negociada a ese conflicto es una muestra de esta preocupación.

Europa tendrá que revisar su política de vecindad, no cabe duda. Y en este contexto medir el aporte que pueda hacer cada uno de los miembros de la Unión a la solución de un problema que si bien no afecta a todos por igual, no deja de ser de interés común. Solo así se evitarán nuevas tragedias en el Mediterráneo que el mundo jamás verá con indiferencia.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas