Daris Javier Cuevas
Cuando se analiza a profundidad las características de las economías subdesarrolladas, o emergentes, lo primero que se pone de manifiesto son los bajos niveles de ingresos pér-capita, como expresión fehacientes de los bajos salarios, la concentración de riqueza, las dificultades de acceso a la salud, la red hospitalaria en crisis, los deficientes sistemas educativos prevalecientes, el débil capital humano, la deficiencia de cobertura de los servicios públicos, escaso progreso tecnológico, como expresión de una mínima inversión en investigación y desarrollo, altos niveles de desequilibrio entre sectores productivos, altos déficit del ahorro interno, déficit comercial y deuda externa muy elevada.
En adición, está la alta dependencia económica del exterior, enormes desigualdades sociales, expresadas en desagradables niveles de desempleo y desnutrición, una economía agraria con débil integración nacional, así como profundas inestabilidades políticas cuya mayor expresión se identifican con altos coeficientes de corrupción, tanto en el sector público como el privado, frágiles regímenes democráticos, violación de los derechos humanos, entre otros malestares socioeconómicos.
Las explicaciones de las causales de tales características tienen dos ilustraciones fundamentales; en lo económico son estimuladas por los desequilibrios macroeconómicos, elevados niveles de inflación y déficit presupuestario, la existencia de una estructura productiva sesgada, elevada participación del sector primario y bajo nivel de industrialización, escasez de ahorro interno, alta dependencia financiera del exterior como los prestamos, difícil inserción en el comercio exterior y elevados niveles de proteccionismo.
Por otro lado, existe una ilustración en lo social, que se explica por el crecimiento acelerado de la población, manifestada en las elevadas tasas de natalidad y de mortalidad, bajos niveles de educación, el cual se expresa en la escasa formación de capital humano, bajos niveles de salud, identificado por el escaso acceso a servicios médicos, condiciones sanitarias inadecuadas y mal nutrición, por igual, la existencia de las desigualdades al interior de los países, desigualdades en la distribución de la renta, las oportunidades, acceso a recursos y la tecnología.
Para superar tal situación, las tendencias de progreso en el mundo se mide a través de cuatro variables fundamentales como son; el crecimiento económico, esto es la capacidad de una economía para incrementar su producción durante un tiempo prolongado, utilizando como indicadores el PIB, PIB per cápita, el desarrollo humano que es el proceso que permite ampliar las oportunidades de la población, situando a la persona como centro del desarrollo, siendo el indicador principal el índice de desarrollo humano (IDH), la preocupación por la pobreza el cual se analiza desde la perspectiva del ingreso y se considera pobre al que tiene un nivel de ingreso inferior a la línea de pobreza que se ha definido, donde el indicador a considerar es el índice de pobreza humana (IPH) y finalmente está el desarrollo sostenible que se refiere al proceso de desarrollo que permite satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las satisfacción de las generaciones futuras.
La preocupación por la superación de estos flagelos está orientada a evitar que el liderazgo político, económico, empresarial, de opinión pública, comunitario, entre otros, tengan una visión que incidan sobre progreso y el bienestar colectivo cuyos objetivos son mitigar que una nación pueda caer en el abismo ya que tal como lo planteó el profesor Juan Bosch “cuanto más insegura sea la situación económica de las personas, mas se inclinaran a enfrentar los problemas mediante reacciones emocionales incontrolables, y así mismo actuaran en política si adquirió durante los primeros años de su vida el habito de dejarse llevar de las emociones a la hora de tomar decisiones importantes”. (clases sociales en la RD, pag. 54). Este enfoque de Bosch nos permite interpretar que de continuar en la RD la debilidad institucional, la fragilidad de la democracia, la ausencia de un liderazgo racional, la inseguridad ciudadana, el progresivo deterioro del ministerio público, el retorno de la arrabalizacion de las instituciones públicas, perdida de la credibilidad de las cifras oficiales, que, combinado con elevados niveles de pobreza, 42.6%, y desempleo, 15.7%, amenazas potenciales de caer en la inestabilidad macroeconómica, imposición de las decisiones de interés colectivos, presencia significativa de la desigualdad y la exclusión, entre otros, los cuales se están convirtiendo en un detonante que conducen de manera indetenible al borde del abismo, de consecuencias impredecibles, máxime si continúan las practicas de violación a las normas establecidas para cohabitar en la sociedad.