Opinión

Incendios forestales: hambre, trastornos mentales y accidentes

Los incendios forestales representan una de las mayores amenazas para nuestra cobertura boscosa, representando anualmente un porcentaje significativo de pérdida de la capa verde que posee el territorio nacional.

Según un informe que recibimos diariamente, y que es generado por un satélite que detecta puntos de calor, perteneciente a la NASA, nuestro territorio ha llegado a reflejar, según la temporada, hasta 20 puntos que irradian calor ( incendios), en un periodo de 24 horas. Los puntos de calor son reflejados en el satélite como incendios forestales en diferentes etapas, y aunque este calor, podría darse el caso, puede provenir de algún tipo de industria muy grande (una refinería de petróleo), por su ubicación sabemos que ese caso no se ha dado en nuestro país.

Por lo antes expuesto, las vivencias que tenemos por haber recorrido, a pie, casi todo el territorio nacional y la experiencia adquirida en nuestro paso por el Ministerio de Medioambiente y Recursos Naturales, es que nos atrevemos a decir que la mayor parte de los incendios que se muestran en el referido informe que a diario recibimos, son incendios forestales.

Dicho esto, tenemos que pasar a analizar las causas que provocan estos siniestros, que terminan llevándose parte de nuestro tesoro natural; entonces es preciso decir que los incendios forestales son un problema multicausal, que está unido a la pobreza, enfermedad mental (trastorno) y accidentes producidos por el hombre o la naturaleza, en menor proporción.

Para que vayamos analizando y entendiendo este problema, debemos diseccionar el mismo en las diferentes causas que lo generan.

El primer y principal factor que provoca agresión a nuestros bosques es el hambre; nuestros campesinos, que son los más pobres de nuestros pobres, no tienen ninguna opción que no sea aprovechar los recursos que nos da la tierra y ese aprovechamiento se hace sembrando la misma o tomando lo que ya existe en ella, o sea los bosques. Esto nos da dos acciones, la agricultura y la tala de árboles, que en ambos casos, cuando no se realizan de forma sostenible, terminan por mermar nuestros recursos.

En el caso de la agricultura, es una tradición de nuestros campesinos quemar las tierras, este es el método más fácil y rápido de preparar los predios, en la época previa a periodos de lluvias, para luego sembrar y aprovechar la bondad de la naturaleza para que irrigue sus cultivos. Es bueno destacar, que este tipo de actividad agrícola es de subsistencia y, que el campesino la realiza en tierras, que por lo regular, son del estado.

Este es un caso de sobrevivencia humana, en el cual el campesino sabe que no tiene más opción que llevar a cabo sus actividades agrícolas o, de lo contrario, morir de hambre.

En los casos más recientes de incendios forestales, el ministerio público anunció que sería drástico con quienes provocaran incendios, y hasta llegaron a apresar y someter a algunos campesinos; esto, creemos, es un simple método de disuasión, más, jamás será una solución al problema, ya que a cualquier ser humano que se le ponga a escoger entre la cárcel o morir de hambre, siempre preferirá arriesgarse a caer en la cárcel.

Los campesinos, para poder sobrevivir, se dedican a cultivar las tierras, como explicamos anteriormente, o recurren a la tala de árboles, con el fin de producir carbón para su posterior comercialización.

Esta parte del problema es mucho más compleja, y sobre esto estaremos presentando un trabajo más adelante, pero para dar una idea de la magnitud de esta calamidad, les decimos que según la FAO, cerca de una tercera parte de la población mundial depende del carbón. En el caso de nuestro país, según el estudio Producción de carbón de leña en la República Dominicana:

Causas, consecuencias y Acciones correctivas, de Frank Harold Richardson Santana, dicen que la producción anual ronda las 66,000 mil toneladas. Esta cifra es extraída de registros oficiales, pero de acuerdo a la FAO, los registros oficiales solo muestran un 30% de la realidad, ya que la mayor parte de la producción se realiza de forma furtiva.

La demanda de carbón no solo se produce en nuestro territorio; donde aún una parte de la población fronteriza, de montañas y zonas muy empobrecidas de ciudades lo consumen, sino que también se suma el enorme requerimiento de este combustible que tiene la República de Haití, ya que la mayor parte de la población haitiana cuece sus alimentos a base de carbón vegetal, y aunque en ese país no existen estadísticas confiables, algunos estudios revelan que un 85% de su población depende de este combustible.

El territorio haitiano sólo cuenta con cerca de un 2% de cobertura boscosa, lo que imposibilita poder producir el carbón que demanda su gente, esto a su vez hace que la demanda sea suplida desde nuestro país, generando un tráfico ilegal que se presume podría rondar los 2 mil millones de pesos.

El atractivo negocio del carbón hace que cada vez más personas, ya no solo movidos por el hambre, sino, también por la ambición, se vean motivados a entrar al mismo, generando cada vez más presión a nuestros bosques.

Hasta aquí hemos definido la principal causa de pérdida de bosques de nuestro país; el hambre, con sus consecuentes acciones de tala de árboles para carbón y quema de predios para la agricultura, es la causante de alrededor del 95% de los incendios forestales y la pérdida de bosques.

Las demás causas que citamos en el encabezado de este trabajo, constituyen alrededor del 5% de los incendios que se producen en nuestro territorio; estos datos son aproximaciones que hacemos en función de la experiencia, ya que en la actualidad no se tiene una metodología que segregue las causas de los incendios forestales y la pérdida de bosques en general.

Los accidentes son la causa de una pequeña parte de los incendios forestales; pudiéndose citar entre los más comunes las descargas eléctricas (rayos), las fogatas descuidadas de campistas o un vidrio o pedazos de botella que son dejados en zonas boscosas, que pueden funcionar como lupas ante el sol, produciendo suficiente calor, como provocar un fuego.

Finalmente queremos destacar la existencia de un trastorno mental llamado piromanía, que produce un incontrolable interés, por parte de quienes lo padecen, por el fuego y las cosas que se asocian al mismo, pero el porcentaje de la población que tiene este trastorno es bajo, por lo que no podríamos atribuir a esta enfermedad el alto número de incendios que tenemos en el país.

Es importante destacar la diferencia que existe entre un pirómano y un incendiario; este último suele provocar incendios, pero a diferencia del pirómano, que lo hace por un trastorno mental, este lo hace con el fin de obtener un lucro o simplemente para hacer una maldad.

Como hemos podido ver, los bosques de países subdesarrollados reciben una gran presión fruto de la condición de pobreza que aqueja a sus pobladores y, en el caso particular de nuestro país, la presión sobre estos recursos naturales es aún más fuerte, ya que penden sobre nosotros la demanda que se genera en nuestro territorio y en Haití.

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