Hablan los hechos

La política llega al fútbol con expedientes judiciales y campañas mediáticas

El pasado 29 de mayo se reunió en Zúrich, Suiza, el Congreso de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) con la encomienda de escoger al presidente de la organización rectora del deporte rey en todo el mundo para el período 2015-2019. Competían por la posición el príncipe jordano Ali Bin Al Hussein y el suizo Joseph Blatter, quien ha estado al frente de la FIFA desde el año 1998.

El evento acaparó la atención del mundo al celebrarse apenas dos días después de que estallara un gran escándalo de corrupción que motivó la detención de 14 directivos de la organización, entre ellos los vicepresidentes Eugenio Figueredo (Uruguay) y Jeffrey Webb (Islas Caimán).

Las autoridades judiciales norteamericanas a cargo del caso hablaron de prácticas corruptas “desenfrenadas, sistémicas y arraigadas”. Pero el caso devino rápidamente en una gran confrontación política con el futbol como epicentro.

El mismo día en que estalló la crisis los senadores republicano y demócrata John McCain y Robert Menéndez enviaron una carta al Congreso de la FIFA pidiéndole no reelegir a Blatter en el puesto, porque, según ellos, el próximo presidente de esa organización “debe tener la responsabilidad de garantizar un lugar seguro y exitoso de la Copa del Mundo de 2018”, cuya sede se le concedió a Rusia en el 2010. Los legisladores norteamericanos recordaron en su misiva que Rusia está siendo sometida a sanciones por el conflicto en Ucrania.

El primer ministro británico David Cameron, por su parte, dijo que Blatter debía dejar la organización, una posición a la que se sumó de inmediato Michel Platini, presidente de la Unión de Asociaciones de Fútbol Europeas (UEFA), así como los presidentes de las federaciones de países como Estados Unidos, Canadá o Australia.

Planteadas así las cosas, lógicamente, Rusia no tardó en entrar en escena. El presidente de ese país, Vladimir Putin, consideró “raro” que la investigación sobre la FIFA comenzara a petición de de las autoridades estadounidenses por delitos que no afectan a sus ciudadanos y que no tuvieron lugar en Estados Unidos, a quien acusó de presionar para que el mundial 2018 no se celebre en territorio ruso.

Para el presidente Putin la actuación judicial se debe a que el titular de la FIFA “resistió las presiones” que intentaban convencerlo de no conceder la sede del Mundial de 2018 a Rusia, lo que consideró como “una violación muy burda de las reglas de funcionamiento de las organizaciones internacionales”. Añadió que incluso si alguien ha hecho algo mal Rusia nada tiene que ver con ello.

A estos planteamientos del mandatario ruso siguió una declaración de la embajada norteamericana en Moscú, dada a conocer a través de su vocero, William Stevens, en la que se asegura que “la acusación formulada contra las personas que durante 24 años violaron las leyes de Estados Unidos relacionadas con la corrupción y el lavado de dinero…no es de ninguna manera un cuestionamiento al derecho de Rusia a organizar la Copa del Mundo en el 2018”.

A propósito de esta declaración, medios de prensa rusos trajeron a colación las afirmaciones de Lennart Johansson, expresidente de la UEFA, sugiriendo que Inglaterra tiene más mérito que Rusia para organizar el evento deportivo mundial en el 2018, la carta de McCain y Menéndez al Congreso de la FIFA y lo dicho por el premier británico.

El diario Pravda, por ejemplo, se pregunta en su edición del sábado 30 de mayo: ¿Por qué si funcionarios de la FIFA estuvieron violando las leyes norteamericanas “durante 24 años” las autoridades estadounidenses decidieron destapar el caso justo en la víspera de la elección del presidente de la organización?

El rotativo moscovita cita las declaraciones del jefe del gobierno británico, quien dijo a través de su vocero oficial que “él (Cameron) estaba convencido de que han surgido, para decirlo en lenguaje diplomático, muy, muy serios fundamentos para el cambio de liderazgo” (en la FIFA), un pronunciamiento que considera como injerencia política grosera en los asuntos del deporte, al tiempo de recordar que hasta el momento no existe acusación alguna contra Blatter ni tampoco una sentencia de un tribunal sobre las imputaciones que se han formulado.

En relación a las críticas que se le hacen al dirigente suizo por sus veinte años al frente de la organización que gobierna el fútbol a nivel mundial, el diario recuerda que Ali Bin Al Hussein, quien aspira a reemplazarlo con el apoyo de la UEFA, se desempeña como presidente de la Federación de Fútbol de Jordania desde 1999, fecha en que fue elegido con apenas 23 años.

Blatter se defiende

La corrupción en el fútbol es una realidad que nadie niega, ni siquiera el propio Blatter, contra quien no pesa acusación alguna, ni siquiera una leve sospecha legítima. Su gestión al frente de la FIFA está colmada de éxitos tangibles: el fútbol ha avanzado, consolidándose el Mundial como el espectáculo deportivo más relevante del planeta. Su influencia ha crecido en aquellos países un tanto indiferentes a este deporte, mientras su rentabilidad como negocio está fuera de toda duda. Las finanzas de la FIFA están en un magnífico momento.

Pero después de lo ocurrido, admite Blatter, es necesario recuperar la confianza y para ello se considera el hombre ideal. Sometido a una implacable campaña por parte de los medios, el dirigente suizo se defiende diciendo que “los delitos cometidos se circunscriben a América del Norte y del Sur. Nos vemos afectados porque las personas detenidas ocupaban cargos en la organización, pero la FIFA no tiene un papel directo”.

En efecto, lo hasta ahora denunciado tiene que ver con actos de corrupción supuestamente cometidos por directivos de federaciones pertenecientes a la FIFA en franco abuso de sus posiciones como tales, no en su calidad de funcionarios del organismo mundial.

Por ejemplo, uno de los detenidos en la sede central de la FIFA en Zúrich es el brasileño José María Marín. El Departamento de Justicia de Estados Unidos descubrió que Marín recibía un soborno de 630 mil dólares todos los años de parte de la empresa Traffic para conseguir contratos de transmisión de partidos de la Copa de Brasil. Para favorecer a la empresa propiedad del multimillonario brasileño José Hawilla, quien confesó los hechos, Marín se valía de su condición de presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, que es la competente para adjudicar esos contratos y no la FIFA. Pero como Marín ocupaba un alto cargo en la FIFA y su detención se produjo en la sede central de esta organización, existe la tendencia a creer que hay una relación entre la misma y los delitos cometidos por el dirigente brasileño.

Similares son los casos de los demás directivos detenidos conjuntamente con Marín por la policía suiza. No quiere decir que la FIFA no tenga responsabilidad alguna, pero la misma se exagera porque la finalidad era impedir la reelección de Blatter. Los grandes medios se prestaron para la realización de esta campaña.

En lo que tiene que ver con el proceso para escoger la sede de la Copa del Mundo de 2018 las autoridades suizas han anunciado que realizan una investigación. No hay acusación ni se ha presentado prueba alguna que apunte a que hubo dolo en su adjudicación. Pero, como ya vimos, no se ha perdido tiempo para intentar arrebatarle a Rusia lo que, hasta prueba en contrario, obtuvo en buena lid, en competencia con países como el Reino Unido de Gran Bretaña, España, Portugal, Estados Unidos y otros.

Blatter se reelige

El dirigente suizo, economista de profesión, jugó al fútbol solo en categorías de aficionado. Como dirigente, sin embargo, ha demostrado tener sobradas cualidades. Con goleada de alto vuelo dejó anonadados a los directivos de la UEFA en el Congreso reunido el pasado viernes, que apostaban al príncipe jordano para dirigir la FIFA.

Para ser elegido presidente de la organización internacional se necesita obtener las dos terceras partes de los votos, es decir, una mayoría cualificada. En la primera ronda de votaciones Blatter obtuvo 133 votos a favor, frente a 73 de Alí Ben Hussein. Le faltaron apenas 4 votos para ganar en primera vuelta. Sin embargo, el dirigente jordano, al ver que no tenía posibilidad alguna, optó por retirarse.

El peso de la UEFA en la FIFA es importante, no cabe duda. Pero su influencia no fue suficiente para doblegar al dirigente suizo en las votaciones. Las federaciones asiáticas, africanas y de Suramérica le dieron la victoria.

Hoy como en la época de la Guerra Fría, el deporte se politiza. Aunque aún no está claro cómo terminará la cosa, pues ha habido amenazas de boicot a la nueva gestión de Blatter, está claro que las grandes potencias occidentales tienen problemas hasta para manipular el fútbol.

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