Al finalizar el segundo artículo de la presente serie, dijimos que faltaba mucho por trabajar al respecto del trabajo social, como perfil de un profesional dedicado a múltiples facetas del quehacer de los procesos sociales que discurren a cada instante, marcando el rumbo histórico de la sociedad. Y además en ese colofón dijimos que para optimizar el rumbo de los servicios sociales, debemos analizar las características burocráticas de las organizaciones de bienestar social, para enfatizar en su racionalización; es por ello, que en esta entrega nos referiremos a esa necesaria racionalización del trabajo social. Empezaremos por decir, que ya es tiempo de que se desarrolle un perfil profesional del trabajador social que necesita el desarrollo del Estado en las áreas de asistencia social, para no solo ayudar a la racionalización sino al rescate de aquellos servicios que necesitan un reciclaje o una reingeniería, como es el caso del servicio social que brinda el sistema educativo dominicano.
En sentido global, el sistema de servicio social está demasiado disperso y carece de una visión centralizadora, que oriente la misión de cada uno de los organismos estatales y gubernamentales que desarrollan estos importantes procesos de servicio, orientación, ayuda material o colaboración. La verdad es, que falta mucho por trabajar al respecto, para legitimar acciones e inversiones en este ámbito y potenciar esta parte de los cambios democráticos que transita América Latina, pero que en algunos países se perciben éxitos y en otros no tantos; creo que por falta de ordenamiento institucional y recanalización del trabajo social.
Es tiempo de forzar una tendencia de racionalización que se manifieste en hechos, como por ejemplo, poner en orden los servicios sociales de subsistencia al necesitado, priorizando en la prevención, la orientación, la rehabilitación y la promoción. Para organizar estos servicios claves de cara a un real y efectivo fortalecimiento del sistema, se necesita de la profesionalización del servicio social, dotando al servidor público que se dedique al trabajo social, de las competencias, las herramientas, las habilidades y las destrezas necesarias. Lo anterior ayudaría en el ordenamiento de las ayudas al necesitado, evitando el derroche y la pérdida por falta de pericia o por abundancia de oportunistas, que con viveza se apoderan de lo que le pertenece a otros.
Hay que ejercer un trabajo profesional ordenado y reglamentado, que ponga normas con el objeto de transparentar los procesos y las ejecutorias; porque los procedimientos correspondientes son más que necesarios para optimizar las acciones de servicio social. Y por último, debe elaborarse un plan estratégico para esos fines, porque sin planificación todo iría a la deriva.
Es innegable que el país ha ido evolucionando en materia del trabajo social, al ir sustituyendo antiguas prácticas de asistencia y aplicando ideas nuevas, creativas y efectivas, como por ejemplo, las tarjetas de solidaridad, que subsidian muchos renglones básicos para mejorar la existencia de la gente desposeída. Es tiempo de ordenar el servicio social y sacar partida política perdurable al esfuerzo estatal y gubernamental; creo que para ello hay que trabajar en el elemento control, enfatizar en el elemento clásico de la previsión; para entonces ir hacia la rehabilitación de conductas y acciones, así como elevar el sentido de la promoción eficaz, haciendo una inversión pertinente, sosegada y reflexiva.
Aunque muchos no lo crean, esto es fundamentalmente político, y viene en el paquete que hemos comprado del neoliberalismo. Debe ser nuestro compromiso, tomar las cosas que van al pueblo llano, para refrenar rebeldías recurrentes, nacidas de la abundancia de algunos y la escasez de muchos. Cuando me refiero a la abundancia, quiero enfatizar en las oportunidades, pero también a las actitudes egoístas, ególatras y hasta pedante, que exhiben muchos en el quehacer diario o en el discurrir de sus actividades cotidianas. A veces no entendemos los por qué, porque solo nos importan los qué.
Debemos despertar a la realidad social de hoy, si queremos continuar ejerciendo el poder del Estado, porque la gente necesita orientación y guía, para poder desarrollar en paz el día a día. No olvidemos que la política es esencialmente servicio; por lo que, tenemos que hacer realidad en la percepción de la gente común, la efectividad del seguro de salud, del seguro de riesgos laborales; la eficacia de la seguridad social, la efectividad de la seguridad ciudadana; así como aquello de la “igualdad de oportunidades” ; pero sobre todo, el desarrollo comunitario, que trasciende el crecimiento comunitario, porque ensancha los derechos de la gente, a través del crecimiento humano. Ya finalizando esta tercera entrega, debemos rematar el tema de la racionalización del trabajo social, afirmando que la profesionalización de los servidores operativos del ámbito social, deben caminar hacia la profesionalización de éstos, como agentes técnicos del bienestar social de la comunidad.
La profesionalización le agregará valor a las acciones disgregada del Estado a través de la administración pública, debido a que irá estableciendo una configuración de disciplinas en el orden profesional y técnico. A esto se le sumarán las particularidades de los individuos en el desarrollo de sus actividades, dentro del proceso de cambio que está viviendo la nación en los últimos decenios.