Una de las expresiones más socorridas en el quehacer político dominicano de los últimos tiempos es que los dirigentes, sobre todo quienes gobiernan o aspiran a la primera magistratura del Estado, deben poner sus oídos en el corazón del pueblo, como una actitud esencial para dar respuestas a sus inquietudes y aspiraciones.
El Presidente Danilo Medina es probablemente el político dominicano que más ha insistido en la expresión, por lo que probablemente su discurso de juramentación como candidato presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) respondió a la concepción del trabajo político sintetizado en la escueta oración de marras.
Esta vez el oído clínico del Presidente y candidato parece haber detectado que el único temor que albergan los militantes, simpatizantes y aliados del PLD sobre la posibilidad de un triunfo en las elecciones del 15 de mayo del año entrante es que malquerencias surgidas por diferencias internas recientes erosionen la unidad característica de la organización, imprescindible para la conquista de su reelección.
Tras jurar como candidato ante el presidente del PLD, el ex presidente Leonel Fernández, fue reiterativo en su llamado a la unidad, de manera que en la entidad fundada por Juan Bosch se pueda trabajar “sin odios ni rencores”, proclama que está llamada a ser asumida desde arriba hasta abajo por quienes aspiran a que el partido morado siga en el poder más allá del 2016.
Desde el pasado proceso de Reforma Constitucional que creó las condiciones legales para la repostulación del Presidente Medina, dentro y fuera del PLD se comentaba que el próximo paso a dar por parte del gobernante sería extenderle un ramo de olivo a todos los que asumieron posiciones diferentes, de manera que las lesiones que pudieron surgir en esa coyuntura quedaran como cosas del pasado.
En ese tenor podrían interpretarse las palabras del juramentado candidato peledeísta cuando invita a sus compañeros a acercarse a la gente “con humildad, sin arrogancia, sin prepotencia”, bajo el criterio de que “quien tiene la verdad no tiene que agredir ni tiene que odiar”.
Como político rejugado, Medina no oculta su conciencia de que en la organización morada y entre sus aliados persisten discordias, las cuales merecen enfrentarse para ser solucionadas. Esa convicción se desprende de las palabras en las que hizo alusión al corazón del pueblo, rechazando los odios y las discordias. “Sólo los débiles tienen que odiar y agredir para poder avanzar; el que se ha ganado el corazón de la gente, el corazón del pueblo, no tiene por qué odiar ni agredir”.
Por la acogida entusiasta que despertaron las palabras del presidente candidato se ve que eran esperadas por los más de dos mil delegados presentes en la Asamblea de Delegados congregados en el pabellón de voleibol del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte.
El compromiso de no volver a ser candidato tras el proceso del año venidero le envía un mensaje de esperanza a los demás dirigentes del PLD que aspiran a ocupar la Primera Magistratura del Estado.
Como una demostración de su interés por la unidad interna, en los diez minutos que duró su alocución, Medina reconoció las conquistas de todas las gestiones gubernativas encabezadas por el PLD. “Basta salir a las calles para ver la transformación del país bajo la dirección del PLD”, proclamó que en el 2004, año en que el PLD reconquistó el poder con el ex presidente Fernández de candidato el Producto Interno Bruto era de 18 mil millones de dólares y que en la actualidad asciende a 66 mil millones de dólares.
Otro ingrediente unitario fue su insistencia en que “nunca en la historia de la República Dominicana se había creado más riqueza que durante la conducción del glorioso PLD y de las fuerzas aliadas”, lo que le ha permitido al gobierno reducir la miseria de un 60 por ciento de la población encontrada en el 2004 a un 35 por ciento en la actualidad.
La valoración a las fuerzas aliadas y el llamado a evitar que el país retorne en el 2016 a la situación del 2004 evidencia que el candidato y presidente Medina se propone trillar el sendero de la unidad, esfuerzo en deberán seguirlo muchos de sus funcionarios que hasta el momento no han puesto “manos a la obra” en esa dirección.
No sería mucho pedir si los peledeístas y sus aliados comienzan a ver en lo adelante convertirse en realidad el discurso unitario del candidato y presidente Danilo Medina.