Humberto Almonte
Que “toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”, afirmaba Calderón de la Barca. Y ya puestos a seguirle la corriente, no existe nada más cercano al sueño que el cine con su propensión a esa hipnosis narrativa que nos hace escaparnos de la realidad para vivir las historias de los personajes fílmicos y sus aventuras de ficción.
Erigir una institución para formar talentos es un reto formidable y es aún mayor si es dentro del arte, pues inciertos pueden ser los frutos y dudoso el éxito de esta empresa, sujeta a los vaivenes de la creatividad y la sensibilidad de los alumnos. La apuesta es tan arriesgada como la ruleta, en cada vuelta se juega la suerte.
En algo tan caro como el cine, una escuela implica enormes gastos, tanto en personal como equipamiento técnico, y ni se diga del mantenimiento de la infraestructura arquitectónica, stock para los equipos, alimentación, servicios médicos, etc. etc., una institución de enseñanza fílmica debe funcionar como un pequeño estado, con sus leyes, servicios, tren burocrático y demás.
El corpus institucional de este estado cinematográfico descansa de manera operativa en el cuerpo profesoral bajo cuya instrucción estarán los alumnos, valiosas gemas en espera de ser pulidas para irradiar su brillantez en las pantallas alrededor del mundo en forma de obras que conversen de tú a tú con el espectador, objetivo final de todos los cineastas.
Una escuela de cine es un laboratorio en donde se experimenta con las materias primas de este arte; los sueños, la creatividad, la comunicación hecha discurso, no importa si es celuloide o digital, con tal con que estén llenas de honestidad y reflejen el espíritu humano, las aspiraciones de los pueblos y del creador mismo, con eso basta.
El 15 de diciembre de 1986 dio a la luz en el continente de Bolívar y Martí la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba, EICTV, con la presencia de invitados nacionales e internacionales. La escuela de los tres mundos por abarcar: América Latina, África y Asia, y si me apuran un poco, diría que de todo el mundo, pues su diversidad tiende a incluir a todos.
En la tribuna rodeando al Comandante Fidel Castro, Presidente del Consejo de Estado y de Ministros de Cuba, impulsor vital de esta institución, estaban los autores intelectuales de ella, Gabriel García Márquez, Presidente de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, Fernando Birri, icono del nuevo cine latinoamericano y primer director de la escuela, el realizador cubano Julio García Espinosa y otros cineastas del nuevo cine latinoamericano.
Los estudiantes dominicanos que se encontraban en ese primer grupo eran Juan Basanta, Tanya Valette, Jaime Gómez, Radel Villalona y quien escribe. Todos los alumnos, incluyéndonos a nosotros, estábamos deslumbrados por la presencia de tantos personajes del firmamento cultural y político de nuestra América.
Silvio Rodríguez le regaló con todos los derechos a la escuela, una canción: Blancanieves. Canción que nos habla de la niñez, de los matinées y de la cinefilia: “Fue entonces cuando hubo domingo para un matinée infantil. Era marzo, era abril, era el calor y era una luz de asombro ilustrando el amor…el amor.
Aún recuerdo que nos mudamos a la escuela antes de la inauguración y por lo tanto las clases todavía no habían comenzado, y esto nos impacientaba. Una noche, sentados en el piso frente al comedor acristalado, rodeados de sombras y de sueños, expusimos el hecho a nuestro director: “Ustedes tienen razón, pero hay que combinar la paciencia con la impaciencia, paciencia para crear e impaciencia para lo mismo”, fue su respuesta.
Birri, el cineasta-poeta, conceptúa el cine como pocos suelen hacerlo e intercambiar ideas, conversar o leer sus escritos de cine es adentrarse en el universo de un realismo mágico bien entendido, no como evasión de la realidad, más bien para entenderla, vivirla y sentirla, y eso fue lo que nos transmitió como discurso fílmico: “Prefiero un sentido imperfecto a una perfección sin sentido”.
Una escuela anti-escolástica dedicada a la formación de cineteleastas con una visión crítica de las realidades de nuestros pueblos y dotada de una ideología estética que no olvida poner el acento en la gente, en los pueblos. Documentar las historias, los sueños, los sentimientos de la sociedad es su deber ineludible.
El eje central sobre el cual se desenvuelve la realización en la EICTV es la polivalencia en donde el alumno maneje de mayor o menor grado las diferentes áreas del cine, algo pensado para nuestra realidad, pues permite el desarrollo de proyectos de bajo presupuesto, con equipos de rodaje reducidos. Otra ventaja es que entiende mucho mejor las otras áreas y eso facilita la comunicación de los conceptos, por lo tanto beneficia la fluidez de la filmación.
Al estar integrado por profesionales en ejercicio, el cuerpo profesoral está actualizado en las metodologías y en las prácticas, evitando las teorías pasadas de moda que lastran las nuevas formas de hacer, con visiones obsoletas que funcionaron en una época, pero caídas en desuso en la actualidad.
La otra parte importante son los talleres que sirven como actualización a los profesionales de la industria, oxigenando las estéticas y organizando los conocimientos adquiridos. El alto nivel de los talleristas permite que en tiempos relativamente cortos, lancemos al mercado a un viejo integrante con nuevas ideas.
La convivencia de trabajadores, funcionarios, profesores y alumnos garantiza una atmosfera de colaboración entre estos colectivos, y la prueba es que los nombres de Estrella Diego, Lola Calviño, Jorge Dalton, El Doctor Máximo, Ovidio el fotógrafo, Raúl Capote y otros más, son recordados y respetados. Muchos de ellos sirvieron de actores, actrices y extras en los rodajes. Los estudiantes de hoy día siguen haciendo lo mismo, según hemos investigado.
Estar en la EICTV te da la oportunidad de ponerte en contacto con los más distinguidos creadores que asisten a dictar charlas magistrales, a discutir sus obras con la membresía de la escuela, en un intercambio ecléctico y. diverso. No sería difícil encontrarte allí con Fito Páez, Benicio del Toro o Wole Soyinka, escritor nigeriano y Premio Nobel, para solo nombrar algunos.
La imprescindible importancia de Gabriel García Márquez para la escuela está clara, su compromiso para con ella fue total y sus talleres, charlas y conversaciones en cualquier rincón, dan fe de una entrega total a este proyecto. El Gabo convocaba personajes y energías que fueron vitales para el inicio y desarrollo de ella.
El actual director de la EICTV es nuestro profesor Jerónimo Labrada, un profesional de larga data en la industria cubana del cine y que fue recientemente homenajeado con un Doctorado Honoris Causa por la más antigua universidad de este continente, la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Tenemos que destacar que la primera mujer directora de la escuela lo fue nuestra compañera Tanya Valette, en un doble honor, como mujer y como dominicana.
¿Qué tienen en común películas como Solas de Benito Zambrano, Pelo Malo de Mariana Rondón, La Gunguna de Ernesto Alemany, Tú y Yo de Natalia Cabral y Oriol Estrada o Dólares de Arena de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas? Pues que fueron dirigidas o producidas por talentos egresados de la EICTV.
La Escuela Internacional de Cine, renombrada de todos los mundos en su 30 aniversario, sigue demostrando el título adjudicado en el Festival de Cannes como “la mejor escuela de cine del mundo” por su empeño en la formación de cineastas con definida visión ética, estética y técnica del cine.