Daris Javier Cuevas
Las dictaduras que predominaron en la Rep. Dominicana, incluyendo la intervención de 1916, se convirtieron en la semilla que estimularon un prolongado anquilosamiento de las transformaciones de la economía y la institucionalidad del país, cuya mayor magnificencia quedó evidenciado en las fuertes restricciones que se imponía al comercio exterior, aunque al finalizar la segunda guerra mundial se superaron dichas restricciones, lo que en los hechos se tradujo en un cambio en la política comercial. Ahora bien, esta apertura contribuyó a dinamizar los intercambios comerciales, lo que se inscribió en una sustancial y creciente centralización de riquezas en torno a la persona del dictador Trujillo, que se convirtió en el principal creador de la generalidad de las industrias de importancia que se articularon en lo adelante.
Es en tal sentido que se puede apreciar que el gobierno dominicano fue utilizado por el dictador Trujillo como instrumento de sus aspiraciones económicas, sobre la base de doblegar el poder político a su voluntad, lo que puede interpretarse como la gran estocada mortal a las aspiraciones democráticas de la sociedad dominicana, despojada por muchos años. Es tal situación que explica que a medida que pasaba el tiempo se iba dinamizando más el proceso de industrialización, lo que en plena crisis económica y política cuando agonizaba el régimen, en 1959, se realizasen las mayores inversiones en maquinarias industriales en la historia dominicana por un monto de RD$29.2 Millones, pero razones multifactoriales impulsaron fuertes contradicciones estructurales, desde 1958, de tal manera que generaron un proceso de crisis general que llevó a la caída final de la dictadura con el ajusticiamiento del tirano.
El desplome de la dictadura trujillista trajo como beneficio inmediato a la sociedad, la apertura de la democracia y de su economía, cuando el 20 de diciembre de 1962 quedaba asentado en la historia dominicana como el día en que la ciudadanía aprendió el camino que conduce a las urnas como instrumento para legitimar la democracia mediante la libre decisión de elegir a un presidente para conducir los destinos de la nación, por un período determinado, y con ello superar la última y más prolongada dictadura que tuvieron que soportar los dominicanos. Calificada como la más sangrienta, implacable, aterradora y frustrante, que por más de 30 años permaneció en el poder, lo cual dejó como lección que los dominicanos jamás retornaron a un sistema de gobierno tan despreciado e indeseable, que deshonró los principios elementales de los valores y la decencia humana.
Con el ascenso del profesor Juan Bosch al gobierno, en 1963, surgieron muchos proyectos privados y públicos, que colocaron a la economía dominicana en un perfil alentador y auspicioso de fuerte transformación en sus estructuras, el cual les revelaba a los dominicanos que la apertura hacia la democracia estaba indisolublemente acompañada de perspectivas alentadoras de oportunidades que la dictadura había secuestrado por décadas, es así como con el ajusticiamiento de Trujillo, la economía experimentó un salto cualitativo y cuantitativo impresionante. En primer lugar porque las iniciativas empresariales de los dominicanos comenzaron a desarrollarse de manera indetenible, expresado en el surgimiento de empresas industriales, la aparición del primer banco dominicano, de capital privado y las asociaciones de ahorros y préstamos; en segundo lugar, también se apertura la libertad asociativa y difusión de pensamiento sin restricciones, en las que ambas eran una expresión de la base que sentaba la naciente democracia.
Como se puede observar, las conquistas democráticas de la sociedad dominicana están precedidas de hechos heroicos, atropellos y derramamientos de sangre reprochables e irrepetibles. Son esas conquistas inquebrantables, las que han posibilitados que la economía no haya parado de crecer, que goce de garantía jurídica en las inversiones y donde el capital extranjero alcance una trayectoria de la inversión de hasta US$2,293.4, al 2015, fruto de una velocidad indetenible en su crecimiento en los últimos 10 años, significando esto que los inversionistas ya no son obstaculizados por la incertidumbre que generaban los procesos electorales, lo cual es respaldado por la presencia de 5,600,000 de personas que escogen al país como paraíso del descanso turístico.
Es el ambiente macroeconómico y jurídico predominante, unido a la credibilidad de los órganos reguladores, JCE y TSE, que han permitido que por mandato constitucional se convoque de manera libre a 6,683,767 dominicanos acudir a las urnas para elegir sus autoridades, donde los de adentro y los de fuera no tienen ningún derecho a interrumpir la democracia, por lo que eternamente debemos tener presente las sabias palabras del padre fundador de la República, Juan Pablo Duarte, cuando subrayó de que: “Nunca me fue tan necesario como hoy tener salud, corazón y juicio; hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la patria”. Realidad esta que toma más sentido cuando se observa una sociedad llena de aspirantes que se cambian de partido cuando no son complacidos en sus ambiciones políticas personales y otros que construyen proyectos electorales sin posibilidades de éxitos, situación que coloca a la economía y a la democracia en riesgos, y eso es lo que está en juego, en el presente proceso que ya las mediciones sensatas han medido la aceptación de salida de los diferentes candidatos.