Editorial

Un sueño poderoso porque es justo

El discurso del presidente Danilo Medina ante la Asamblea Nacional este 27 de febrero, día de la Independencia Nacional, constituye la más dura y contundente proclama contra el atraso económico y social que se haya pronunciado por ejecutivo alguno.

Se inscribe, desde ya, como un discurso histórico.

Porque se trata del día en que la mayor autoridad del Estado dijo en el más alto de los púlpitos nacionales que la República Dominicana cambia para dejar atrás el subdesarrollo, “y lo hace para siempre”.

Que el pesimismo dominicano, que nos ha acompañado desde el surgimiento de la República en 1844, está siendo vencido porque “ha llegado la hora de los optimismos”.

Fue este pesimismo el que casi nos convence de que los pobres no tenían forma de superar su calamitoso y desesperanzado estado, y que la mayoría del pueblo iba a seguir siendo pobre toda la vida.

“Hemos recuperado la confianza en nosotros”, dijo el ejecutivo, porque estamos viviendo la “revolución que les prometí”, pacífica y ordenada y sin los aspavientos ideológicos que alejan a la iniciativa privada para participar en forma activa a fin de alcanzar, todos juntos, esta enorme proeza.

Por primera vez en toda nuestra historia, el año pasado la clase media arribó al porcentaje de 28.9, superando la pobreza general en más de un punto porcentual, como lo certifican organismos tan autorizados como el Banco Mundial y el PNUD de Naciones Unidas.

Los programas Progresando con Solidaridad y todas sus ventanillas de subsidio directo, la tanda extendida, las estancias infantiles, la extensión a todos los pobres de solemnidad del seguro de salud subsidiado y los programas de financiamiento que apoyan a las pequeñas y micro empresas, el transporte subsidiado del Metro y de la Omsa, entre otras ayudas asistenciales del presupuesto público, repercuten en un ahorro de 190 mil pesos anuales (16 mil pesos mensuales) a cada familia pobre de nuestra nación.

Eso es lo que explica por qué aran en el mar todos los que anuncian cada día un estallido social, motivados porque todavía pervive un degradado salario en la base productiva y en la estructura de servicios del Estado.

Es verdad que todavía no satisfacen al gobernante los puestos cada vez más ameritados que alcanza el país para vencer la desigualdad social en medio de un sostenido y estable crecimiento económico y social, pero cada vez más se mejoran las condiciones para abrir y hacer negocios y se emprenden políticas públicas que estimulan la inversión para superar la creación de empleos, al ritmo de 100 mil por año.

Y es un concepto sabido, aún por los más incrédulos y mal intencionados, que los cuatro grandes motores de nuestro desarrollo económico: agropecuaria con agroindustria, manufactura con zonas francas, minería metálica y no metálica, y turismo con servicios se encuentran activos y generando riquezas, aún en un entorno regional y mundial en recesión.

Y para yugular, definitivamente, el mayor obstáculo histórico para superar el subdesarrollo, el de la crisis eléctrica, el presidente Medina ha anunciado para abril próximo el Pacto Eléctrico, jalonado por la central térmica Punta Catalina, garantía de que representará en sí mismo la voluntad del Estado, que es la de la mayoría del pueblo.

Se trata de un sueño poderoso, este de dejar atrás el subdesarrollo, pero es su justeza lo que lo hace posible, como bien dijera el profesor Juan Bosch.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas